Bueno ya sabréis (o imaginareis) lo disimulo que estoy.
Guitarra, clases de inglés y ONG
¡ Estoy que no paro !
Pero tranquilxs por que sigo escribiendo, mucho menos; muchísimo menos si se me permite. Se podría decir que escribo dosificando los tecleos con cuenta gotas, no tengo tiempo. Esa es la pura verdad
(¿quien diría que ya estoy de vacaciones?)
Pero no os preocupéis que tengo unas decenas de paginas de Word para vosotrxs ^^
Así que empiezo a subiros más capítulos de esa pasta sanguinolenta y asquerosa aderezada con paranoias excitantes que es Madness.
Recordar, agitar antes de usar si queréis que estalle como un refresco de cola
lunes, 9 de julio de 2012
sábado, 7 de abril de 2012
Madness: Cap 1)
Por fin os puedo traer el primer capítulo propiamente dicho de madness, ya os dije que voy a optar por la calidad y la espera más que por la cantidad.
Como siempre espero que os guste y espero criticas
Aún no sé las razones que me llevan a publicar este libro,
pero bueno, es una historia que ha podido pasar en cualquier ciudad. Puede que
incluso en tu ciudad. Obviamente he cambiado los nombres de algunos personajes
y dejado otros intactos para causar confusión entre los “otros” (ya te lo
explicare después).
Como ya te he dicho antes, he cambiado los nombres. Por si
te interesa, nunca doy mi nombre de nacimiento si no es estrictamente
necesario. Y es que los nombres dan poder a la otra persona sobre ti,
mágicamente le da predominio a quien conoce el nombre.
Además quitándonos el rollo espiritual de encima en pleno
siglo XXI es muy fácil hackear y suplantar identidades solo con un nombre y
algo de tecnología. Os sorprendería saber lo indefensos que estamos. Todo desde
el correo, hasta el facebook, pasando por cualquier blog o similar es leído por
los “otros”.
Podría escribirte varias páginas sobre los “otros”, pero
ahora mismo no estoy en una situación favorable. Temo incluso que si hablo en
este momento un poco más sobre ellos, puedas empezar a tomarme como “el pirado
de los otros” o me pongas un mote aún peor como “el otro pirado”.
El tiempo se me echa encima y quiero acabar hoy este
capítulo como mínimo. De modo que
empecemos por el principio de la historia.
Todas las historias tienen un principio, de no ser así no
podrían ser historias per se y serían otra cosa muy distinta. El problema es
que casi nadie (en el fondo se podría quitar el casi) sabe donde empezó algo.
Por lo que me veo obligado a elegir un principio cualquiera para esta historia,
un hecho que en realidad es el final y el principio de otros acontecimientos…
igualmente pasemos a nuestra historia ya.
Me encontraba sentado en un banco que fue blanco cuando
salió de su fábrica. Pero ahora, gracias a la polución y la lluvia, se había
vuelto grisáceo, con lágrimas negras surcando su faz de piedra.
Tanto él, como el resto de personas en la calle y yo
estábamos sumergidos en una nube negra de gases proporcionada por los siervos
de metal y gasolina que llamamos coches. Extrañamente todos los que daban
vueltas por el centro a esas horas, eran negros. No había vehículo que no diera
la impresión de mayor querer ser un coche fúnebre. Todos escupían sus gases
como si de enfermos terminales se trataran, dejando ese asqueroso olor a gas en
la atmosfera que denotan los residuos de la ignición.
En medio de esta nube de oscuridad que ocultaba al mismísimo
astro rey, un rayo de sol intentaba abrirse hueco entre el aire contaminado. Ni
que decir tiene que a consecuencia del oscurecimiento contaminante, a las seis
de la tarde estábamos alumbrados por farolas en lugar del sol.
Yo me encontraba en el banco que antes fue blanco, cuando
eran exactamente las seis y cinco con treinta y tres centilitros de limonada en
una mano y mi portátil en el regazo. Tratando de escribir algo que mereciera la
pena. Aun así parecía que ese día no iba a tener suerte.
A como treinta metros de distancia, en línea recta siguiendo
el ángulo de noventa grados formado por mi portátil y mi pierna derecha. Se
encontraba un tumulto de gente apiñada en frente de un atril, un escenario
formado por un entablado de madera en el que se encontraba una mujer rubia, con
el pelo cortado de forma que parecía un hombre. Vestida con esmoquin gris y
corbata naranja. Con dos pendientes de bolas negras semiocultas entre su pelo
enlacado.
La mujer era Angel Krupp, en poco tiempo había logrado
ascender en las filas del partido de ultraderecha “Unión Naranja” era un claro ejemplo de igualdad si lo
pensamos bien. Las mujeres también pueden ser idiotas.
Como era imposible escribir decidí ir cogiendo fragmentos
sueltos del discurso (lo podía escuchar desde allí gracias a unos “agradables”
altavoces que habían colocado los miembros de la Unión Naranja). Solo escribía
a ratos, y me sorprende que el Word no estallara, de todos modos os pongo algo
para que veáis la tónica del discurso.
Todos los asistentes parecían zombies, uniformados, vestidos con los grises y naranjas de la Unión.
Pendientes como niños sin nada que hacer delante de la televisión. Cuando empecé
a escribir habían acabado de proyectar un par de imágenes del fundador del
partidor:
-
[…] y en estos momentos de la historia, es
necesario un nuevo líder. Alguien que nos guie en la batalla contra los
camaradas chinos y cubanos, contra los desviados y los que nos quitan el
trabajo.
(en este punto el público se emociono y se oyeron vítores)
[…] y esa nueva líder esta aquí y ahora, delante de vosotros compañeros, hablándoos.
(en este punto el público se emociono y se oyeron vítores)
[…] y esa nueva líder esta aquí y ahora, delante de vosotros compañeros, hablándoos.
(Aquí varios miembros del partido que la
apoyaban, se frotaron las manos, se relamieron un labio bigotudo o no
reprimieron una sonrisilla de oreja a oreja)
[…] Yo acuso al gobierno de negligencia
general, al no permitir el uso de armas atómicas. Nuestra gloriosa Armada
Invencible hará huir en desbandada a los sacatripas de nuestros enemigos. ¡¡
Somos el cambio que el país necesita, no solo el país, el mundo entero !!
(si lo de antes eran vítores ahora Krupp
había desatado las más intrínsecas apasiones de su público)
-Otra cuestión…
(breve parón hasta que los asistentes se callaran mientras se repasaba los labios cubiertos de maquillaje)
(breve parón hasta que los asistentes se callaran mientras se repasaba los labios cubiertos de maquillaje)
-… otra cuestión, compañeros, es el
problema negro. (Retrocedió unos pasos y junto las manos delante del abdomen,
entrelazando los dedos, para luego decir):
-Y
que conste que yo me considero amiga de tooodos los negritos, (a partir de este
punto adoptó un tono trágico).
-Cuando
yo tenía catorce años, mi criado negro murió atropellado por el camión de la
lavandería. Y aún recuerdo con dolor como lloro desconsolado durante días y
noches mi corazón de ciudadano.
(En este momento desecho el tono lastimero,
para cambiarlo por uno más agresivo y decir):
-Sin embargo, todos
sabemos que hay otros negro ¡negros malos¡ ¡Y todos sabemos también cual es la
respuesta que se merecen, mientras nos quede en nuestros bidones una sola gota
de maldita gasolina ¡ […]
Después de estas líneas creo que ya os
podéis hacer una idea de lo que es “la Unión Naranja”, un grupo de extrema
derecha que se está haciendo popular en la Ciudad. Solo en la reunión de hoy,
sin contar a los propios miembros, se contaban mil personas presenciales. Luego
faltaría contar el número de personas que los seguía por internet y webcam.
Pese a todo ningún tipo de comunicación escapa a los “otros”.
Siempre que oigo alguno de los lemas de la
Union Naranja, me entra un extraño dolor de estomago, así que te puedes
imaginar fácilmente lo que me pasa a continuación de estar como media hora transcribiendo una de sus cantinelas
habituales.
No podía aguantar más, de modo que guarde
mi portátil en su funda negra. A buen recaudo bajo su cremallera y una pegatina
amarilla y negra contra las centrales nucleares. Me sacudí un poco los
pantalones quitando un polvo imaginario. Y me puse la capucha de mi cazadora de
cuero negra para irme presto a casa.
La ciudad se mostraba extrañamente triste.
Rodeada de un aura melancólica y enfermiza, como si se quejara con su silencio.
No le culpo, debería estar muy enferma por la cantidad de coches que circulan
por sus arterias y calles contaminándolas. La cantidad de residuos que sus
habitantes arrojaban sobre su piel y sus calles.
Otra razón para la depresión y rodear el
propio cuello con una corbata de cuerda es la falta de solidaridad de sus
habitantes, siempre pisoteando a los demás por su camino.
La urbe estaba cansada esa noche, puede que
fuera por eso por lo que no se cuidaba de ocultar sus edificios manchados de
gris y negro de polución. Ni en meter debajo de un coche a los animalillos
muertos bajo la acera.
Incluso las farolas y las luces de los
comercios estaban decaídas y con pocas ganas de iluminar las aceras.
Lógicamente todo esto es obra de los
“otros”, esos seres irritantes que se esconden detrás de cada atrocidad del ser
humano. Dentro de poco te contare algo
más sobre ellos y ellas. Pero paciencia si me expongo demasiado, esa
información no llegara y puede que incluso dejes de leerme por considerarme un
paranoico (cosa que puede que sea cierta).
Era frustrante e incomodo el estado de la
metrópoli, degradada y vejada, contaminada y ensuciada, ennegrecida y ahumada;
abandonada.
Podía incluso oír como se desplegaban las
cámaras de seguridad a mis espaldas. Es curioso como lo que empezó siendo la
mejor arma defensiva de los pequeños comercios se haya convertido en la mayor arma para
acojonar 1 a los manifestantes.
Estas cámaras de desplegaban y despliegan
sigilosamente, casi sin dejar notar sus engranajes. Y se dedican a observar
desde las alturas de los edificios. Grabando todo, desde el beso furtivo de la
pareja hasta a la prostituta haciendo su trabajo en un callejón mal iluminado.
Curiosamente coincidieron estos
pensamientos con mi paseo y decidieron que me acordara de la sucursal del banco
enfrente de la que estaba. Hace una semana un tipo se reventó la cabeza delante
de la puerta del banco.
La cámara grabo el impacto de la bala, todo,
desde el primer instante. Como el video se paso por varias televisiones se pudo
ver el destello plateado de la bala a menos de una uña de la sien. También era
visible el rostro sudoroso y agitado del suicida que la empuñaba, empañado por
el sudor y con el pelo alborotado y mojado por la misma sustancia que recorría
su cara.
Como la grabación era a cachos, esta
primera imagen se eternizo, para justo después ver como el hombre esparcía su mente
(en el sentido más literal) por toda la sala.
Trozos de masa espongiforme se pegaban a
las paredes, abrigos y cuerpos de los diez clientes del banco que estaban allí.
No se salvo nadie de quedar bañado en materia gris, ni la señora con su
carísimo abrigo de visón heredado de su abuela ni el niño pequeño que
acompañaba a su madre.
Todos tenían algo del cerebro de aquel
hombre, enredado en el pelo, adherido a la ropa o incluso dentro de la
camiseta.
El espectáculo era dantesco, con el antiguo
blanco de las paredes actuando ahora de rojo sangre, las personas en el banco
gritando y chillando mientras que se medio escurrían con la sangre pegajosa. Y
en el centro de la sala. Un hombre, inmigrante de 30 años, desplomado y muerto. Creando una fuente de sangre.
El hombre en cuestión era Hammeb pero ya os
contare la historia en otro momento, al igual que os hablare de “los otros”.
Fue sumergido en estos pensamientos cuando
llegue a mi casa y en un acto mecánico, casi reflejo abrí la puerta con cierta
parsimonia para encontrarme con la misma estampa de siempre. La casa
ligeramente desordenada pero con una extraña alegría que se hacía soberana del
lugar.
Por si te lo preguntabas o por si te los
esperabas. Vivo en una casa bastante normal, por razones “privadas” suelo
cambiar de casa a menudo. Y nunca he pagado hipoteca ni alquiler.
Soy un okupa y por si te interesa mi
nombre, no te lo puedo dar por las razones que he citado arriba. Disfruta de un nickname si lo deseas :
010001.
1: Hablando mal y pronto
lunes, 23 de enero de 2012
Madness: Presentación
La luna entraba serenamente por la ventana. Iluminando la
estancia y aportando un blanquecino y bello tono a los objetos. Era precioso como la luz
jugaba con la pecera dispuesta en la mesa central.
Las velas diseminadas por el resto del salón otorgaban un
resplandor cálido que se había conseguido media hora antes apagando las
lámparas del techo. Hacía rato que la cena había terminado.
Una bella balada sonaba y recorría la habitación.
Impregnándola de sentimientos prohibidos, y placer.
En la habitación de al lado se encontraba David, esperando
una cita que había concertado por internet. Aunque hacía ya media hora que
debía haber llegado ahí solo estaban los restos de la cena que había preparado,
sus peces y la pantalla del ordenador que le devolvía el reflejo lastimero y
agotado.
No era la primera vez que le pasaba. Y bien mirado le habían
pasado cosas peores, como la vez que acabo saliendo con ese travesti tailandés,
o cuando la “joven e inteligente” muchacha resulte ser una mujer de ochenta
años analfabeta.
Bueno, lo mejor que podía hacer era poner la tele un rato a
ver si se distraía.
Fue justo entonces cuando tocaron al timbre.
David, emocionado no pudo reprimir una sonrisilla de alegría
y salió corriendo como un perrito en dirección a la manivela de la puerta.
Cuando, abrió se dio cuenta de que el travesti tailandés
había sido incluso mejor que eso. Mitad lobo y mitad humano. Un monstruo entró
en la casa. No tardo ni cinco minutos en dar cuenta de su cena.
En cuanto entro, se desenvolvió en una maraña de giros
carmesí salpicando el felpudo del
recibidor. Y con David aún con vida lo cogió de una pierna, introduciendo sus
garras en la carne del muchacho como quien parte un trozo de tarta. Y lo llevo
a rastras hasta el salón golpeándole la cabeza en un par de esquinas del
pasillo y contra el marco de la puerta. Lo que hizo del recorrido un rojizo
sendero salpicado de sangre y contusiones varias.
Una vez en el salón con el pelaje manchado de sangre. Esbozo
una sonrisa que permitió que un tufillo a descomposición asomara por entre sus
dientes, largos, blancos como el marfil y afilados como una motosierra.
El pobre humano que se encontraba bajo sus pies estaba al
borde de un ataque de pánico. Tanto que creo que si el lupino lo hubiera
soltado en ese momento. Se hubiera puesto a dar vueltas sobre sí mismo, dándose
de golpes contra la pared intentando encontrar la puerta.
El hombrecillo era realmente penoso, una especie de
sustancia mocosa goteaba de su nariz y algo parecido a agua de sus ojos. Aun no
sé cómo no se le pudo quitar el apetito a la bestia furiosa que tenia encima.
Pero parece que la bestia no estaba por dejar escapar un
ápice de clemencia.
No tardo mucho en hundir sus garras sobre el vientre de su
cena. Lo que provoco al instante un par de toses que escupieron sangre y que la
maraña de pelo se viese cubierta de vísceras, sangre y una sustancia marronacea
mal oliente que hace menos de un minuto habían pertenecido a un humano.
Por su parte uno de los ojos se le había escapado de las
garras cuando decidió sacarlo poco a poco del cadáver. Y justo cuando fue a
ejercer el último esfuerzo para separar la sustancia pegajosa que es el nervio
óptico. Se le escapo y acabo en la pecera.
La cara del cadáver estaba desfigurada y se parecía más un
montón de carne picada malamente pegada a unos huesos que se dejaban entrever.
Coloreados por la sangre y en su minoría ocultados por restos de girones
musculares.
Después de terminar su banquete, el hombre lobo volvió a
sonreír, había disfrutado mucho separando la piel del cuerpo y comiéndosela
poco a poco. Para divertirse un poco más rompió la espalda del muerto, de forma
que parecía como si estuviera de rodillas.
Miro a la luna y no pudo reprimir una sonora carcajada
entremezclada con un aullido. Ella seguía tan serena como antes de que él
entrara por la puerta.
Espero que tanto cambio no os maree
Pues nada, dando vueltas como un tonto alrededor del teclado a ver si me llegaba la inspiración.
Han tenido que descolgarse algunas neuronas, por que he enterrado en un ataúd bajo dos metros de tierra a historias de la Ciudad y a Eiloc.
Y en su lugar, he juntado lo que creo que era mejor de ambas y he creado una nueva historia:
* Madness*
Aun no se muy bien como va a ir ni cuales van a ser las historias principales.
Eso si no sera una historia apta para cardiacxs.
Dicho esto, os dejo para que podáis introduciros en el mundo de vuestra Locura particular.
Han tenido que descolgarse algunas neuronas, por que he enterrado en un ataúd bajo dos metros de tierra a historias de la Ciudad y a Eiloc.
Y en su lugar, he juntado lo que creo que era mejor de ambas y he creado una nueva historia:
* Madness*
Aun no se muy bien como va a ir ni cuales van a ser las historias principales.
Eso si no sera una historia apta para cardiacxs.
Dicho esto, os dejo para que podáis introduciros en el mundo de vuestra Locura particular.
martes, 3 de enero de 2012
Eiloc: Cap 2) Presentación de camtahaliönN 4º Parte
Después de
unas agónicas pesadillas que le trajeron un mal descanso y un extraño dolor
general. El futuro Camthaliön se despertó, y se encuentro en una diminuta
cabaña en un bosque, postrado en una cama y con vendajes en todo su cuerpo.
Todo le daba
vueltas y una extraña luz desdibujaba todas la figuras a su alrededor. Como
consecuencia tenía un dolor de cabeza como si una manada de elefantes hubiera
pisoteado su cerebro y como premio se hubieran paseado por su cuerpo para
rematarlo.
Pudo advertir
como una figura negra se giraba para poder verlo. Pero las fuerzas le
flaquearon en ese punto y volvió a ser presa del sueño y la inconsciencia.
A continuación
y como fin a otro “alegre y ecuestre” tour por sus mundos del sueño. Pudo
volver a abrir los ojos y esta vez encontró la cara de un anciano mirándole fijamente
y ofreciéndole una taza de algo humeante.
-
….
–el joven intentó decir algo pero por algún motivo no sentía las cuerdas
vocales ni los labios-
-
Chissst
–dijo el viejo- tranquilo te he ahorrado la molestia de intentar hablar y
acabar gritando de dolor, te he aplicado unos hechizos curativos y he
anestesiado tu aparato fonador durante un tiempo.
El viejo no
debió de percatarse de la cara del muchacho o si lo hizo no decidió hacerle
caso. En estos momentos le estaba dedicando una poderosa mirada de odio y en
cierto punto extrañeza.
Pasaron cinco
aburridos días 1 en los cuales el chico poco a poco fue recuperando la
vitalidad y la energía gracias a los modales del viejo. Eso si estaban famélicos,
los dos el viejo parecía seguir una estúpida dieta a base de pan y agua y
cuando llevas sin cocinar vete tú a saber cuándo. Es normal que pierdas
facultades y cometas deslices alimentados a enfermos2.
1. Creerme si
que fueron aburridos, al chico no paraba de dolerle la cabeza y se pasaba prácticamente
el día y la noche durmiendo. Mientras que el viejales no es que fuera precisamente
el alma de la fiesta…
2. “Pequeños”
deslices como que se te olvide cocinar la carne. No le quites las raspas al
caldo de pescado, o mi favorito. Adereces los pescados con tierra. Bueno, él dirá
que no lo hizo a posta, pero al quinto día se le cayó un pescado a la tierra y
se lo dio con cierta malicia al enfermo… eso sí después le comento el incidente
y el por qué de ese sabor tan peculiar. Afortunadamente seguía con la garganta
anestesiada y no podía moverse excesivamente.
Eiloc: Cap 2) Presentación de Camthaliön Resubida
Nota: Este capitulo aun no esta terminado, es lo que había antes en el blog, aun le quedan unas cuantas partes
<< Nunca me han gustado las fiestas. Puede que sea eso lo que me ha llevado, tras años de estudio y sacrificio. A obtener la túnica dorada que me señala como Archimago. >>
<< Nunca me han gustado las fiestas. Puede que sea eso lo que me ha llevado, tras años de estudio y sacrificio. A obtener la túnica dorada que me señala como Archimago. >>
<< La razón de esta aversión, debe provenir, sin duda
alguna de mi infancia. Cuando no había tiempos para sortilegios o hechizos. Ni
dinero para una educación básica. Cuando podría considerarme afortunado su ese
día no tenía nada para comer; y no me daban una paliza que me dejaría postrado
en la cama cerca de dos semanas mal contadas. >>
Y es que el Archimago de la prestigiosa escuela de Tamuyr;
no disfrutó siempre de los beneficios de la magia y la jet-set. Prueba de ello
es su anterior nombre: “Perro”
Por aquel entonces, el vestía con unos harapos profundamente
raídos. Producto natural y resultante de dos años de vida en las calles
comiendo de la basura, y mendigando alguna moneda para recibir un puñetazo. Su
cara distaba mucho de ser el semblante distendido y amable de estos días.
Embadurnada del hollín de las chimeneas que limpiaba. La faz del chiquillo era
la cara de alguien a quien la desventura, la muerte y la incomprensión,
recamaban desde tiempos inmemorables.
Sus manos eran raquíticas y huesudas; tan demacradas como el
resto del cuerpo. Estas estaban plagadas de arañazos y cortes. Provocados en su
mayoría por el “buceo” (recolecta de comida en los contenedores).
Las piernas eran la otra parte de su joven cuerpo que peor
era tratada. Magulladas, y en mayor parte del tiempo sangrantes. Podría decirse
que hacían juego con las manos. La única diferencia con las partes superiores
era la localización y gravedad de las heridas. Además de que las piernas
estaban ligeramente protegidas por unos vaqueros.
Los encontró el verano pasado 1 colgados de una viga, en un
granero abandonado. Después de cerca de una fatigosa media hora intentando
trepar por un pilar de madera. Decidió lanzar una piedra y ver qué pasaba. ¡Et
voila! El guijarro dio en la hebilla, rebotando (¿pero qué?) y metiéndose en
uno de los seis bolsillos del pantalón. Desequilibrándolos y posándolos en el
suelo con escasa delicadeza.
En el preciso instante en el que los pantalones besaron el
suelo. El chico, (el que el único nombre que había conocido hasta ese instante
era Bastardo) cogió una antigua nota, envejecida, en la que ponía Fiwë
Fenfalas.
No se atrevió a adoptar el nombre. Debía pertenecer a
alguien importante (pensó él), en su ignorancia llego incluso a pensar que
poseía los antiguos pantalones de un noble. Cosa que en los suburbios en los
que dormía, era algo útil y/o peligroso. Lo que le llevo al segundo golpe de
suerte 2 de aquel año. Aprender una profesión.
1: El que según había sido el mejor
verano de toda su existencia
2: Que no fue necesariamente bueno,
ni necesariamente malo.
Fue una mañana. Cuando después de pasar la acostumbrada
noche en la que prácticamente molió todos sus desprotegidos huesos en el frio
empedrado, encontró al que le enseño su primer oficio.
Siguiendo la compleja maraña de rituales y leyes no
escritas; necesarias para sobrevivir a la vida en los barrios bajos. Bajo hasta
el centro ciudad para evitar así el encontrarse con gente más fuerte que él
(razón principal para dejarlo postrado en cama). Pero, aun asi nos os
confundáis. No es que fuera bien trato en el centro, sus andares y ropas
escandalizaban a los nobles (que en lugar de acercarse y ayudarle, dándole una
comida digna, lo miraban con recelos y palpabanse sus ricas y delicadas
vestimentas) mientras que su raquitismo y aspecto famélico hacían que los
vendedores recontasen sus productos como si les fuese la vida en ello.
Prácticamente los únicos que no lo miraban con desprecio
eran los escasos artistas callejeros. Nómadas la mayor parte de ellos, estaban
acostumbrados a ver desgracias. Y, aun en escasas ocasiones; repartían alguna
manzana medio podrida o los restos de la
cena de ese día entre algún agraciado vagabundo que pasara por allí. Este
comportamiento era curioso y harto extraño. Debido a que muchas veces ellos
mismos no tenían que llevarse a la boca, y si lo tenían no solía sobrepasar el
mendrugo de pan acompañado de un vaso de tinto y puede que un filete reseco en
los días de fiesta.
Puede que ellos como juglares y no trovadores1 que eran
entendiesen mejor las necesidades de los pobladores de las calles; o puede que
simplemente decidieran ser simpáticos.
Poco importa eso cuando llevas más de una semana sin comer.
Al acercarse el chiquillo al campamento de los juglares, los pelillos de su
nuca se erizaron como respuesta a la alegría y algarabía cercanas. Loco, de la
emoción por conseguir algo que llevarse a la boca no pudo contenerse y echo a
correr calle abajo hasta toparse de con la paciente fogata que quedaba de la
noche anterior.
El chaval busco a los artistas, y al no encontrarlos pensó
que aun estarían actuando dos calles más abajo. Y pensando en ocasiones
anteriores decidió adentrarse en la cocina para coger un pedazo de pan con
sutileza e irse como si no hubiera pasado nada.
La cocina en sí,
probablemente no fuera digna de aquel titulo. Era una tienda anexa a la tienda
donde se guardaban los instrumentos necesarios para las actuaciones. Si
gustásemos de entrar en ella, veríamos una proporción ingente de hierbas
medicinales colgadas en ramilletes de lo alto de la tienda. En caso de bajar la
mirada daríamos de lleno con los escasos platos de barro existentes, que en ese
momento estaban a medio fregar. Si giramos la cabeza inevitablemente veríamos
autenticas montañas de vegetales. Las montañas verdes estaban dispuestas de tal
manera que pareciera enfrentadas con un grupo de hogazas morenas y tostadas al
calor del horno.
Fue a ese lugar adonde se dirigió el futuro Archimago, no
sin antes reparar en un libro que estaba descansado en una mesa en el centro de
la cocina. El libro en cuestión no era muy llamativo, de unas tapaderas de cuero
rojo, con caracteres dorados tatuados en el lomo, y de un grosor de unos cinco
centímetros. El Camthaliön de aquel entonces no sabía leer, pero pensó que no
hacia mal a nadie vendiendo ese libro. A fin de cuentas los juglares no lo
echarían en falta, dado que estaba sepultado bajo unas hojas de lechuga y
algunas cascaras de cebolla.
1: Mientras que el trovador suele
trabajar como cantautor en cortes, o similares, gracias a su (usual) educación
de clase “alta” (muy entrecomillada esta última palabra). El juglar suele
interpretar las canciones de los primeros con algunos apaños de su propia
cosecha (debido en parte a su usual origen más humilde), amenizando las tardes
de los transeúntes y recibiendo limosnas.
De modo, que
con pensamientos de venta y beneficios en mente abandono el campamento con un
cacho de pan duro y mohoso y un libro rojo (en otras circunstancias habría
cogido una hogaza entera y en buen estado, pero algo en el fondo de su corazón
le instaba a dejar aquel libro en su lecho de despojos de la ensalada de
anoche). Esta vez no corrió por las calles, ni siquiera ando rápido, estaba
ocupado pensando en cuanto podría valer el libro. Porque seamos sinceros, uno
no puede ser analfabeto y pretender ser un experto tasador de libros.
Basándonos en
el precio del cuero de base podría pedir un precio relativamente moderado
prácticamente alto; pongamos unas tres monedas de oro. Si nos fijamos en la
cantidad considerable de papel podríamos aumentar el precio hasta llegar a unas
cincuenta monedas de cobre extra. Aún así ese precio solo daría para comer bien
un mes escaso. Y eso teniendo en cuenta que no intenten rebajarlo.
Ya por la
noche pensó que debería pedir más. ¿Qué tal si les saco una moneda de plata en
lugar de cincuenta de cobre? Si hago eso puede que pueda dormir dos semanas en
una posada. No, eso no me compensaría, debería usar ese dinero en comprarme
ropa decente y encontrar un trabajo pero ¿qué puedo hacer yo? Alguien que su
ultimo (y único) recuerdo antes de despertarse en las calles es el de unas
manos delicadas empujándolo a hasta llegar al extrarradio.
Probablemente
me dejen trabajar como monaguillo… aunque mejor pensado eso de no pecar para
alguien que vive de los hurtos y las basuras…. No lo veo. ¿Y si fichase de
campesino? Imposible, no me creo capaz de pagar impuestos a algún vago, que es
más necio que yo.
Visto así
parece que mi única salida es pagar para meterme a aprendiz de algún artesano.
O ser un vulgar estafador de poca monta que venda crece pelos, filtros de amor,
o “haga” milagros. Pero aunque uno haya vivido en la calle, tiene una moral. No
puedo timar a los que han sufrido lo mismo que yo, y han recibido el abrazo del
frio desde la noche hasta el alba.
Por otro lado
podría simplemente comprar comida e ir a vivir junto a los paganos, y los
proscritos en los bosques. Si tengo suerte me encontrare con algún
guardabosques que me enseñara el oficio… pero bien pensando es la más
peligrosas de estas ideas. En los bosques se refugian todos los desechos de la
sociedad, bandidos, proscritos, herejes y paganos… Mejor pensado haría mejor en
ponerme un cartel en la espalda que ponga:
“Tengo dinero, róbame.”
“Tengo dinero, róbame.”
Fue en medio
de estos pensamientos de futuro, cuando Camthaliön se choco contra una figura
vestida de negro. Esta le dio un empellón que lo desequilibro y lo lanzo a un
charco de barro.
<<Perfecto,
ahora tengo un pan mohoso lleno de barro y un libro que. ¡Se ha salvado! –pensó
Camthaliön>>
En efecto, el
libro se había salvado, pero eso no significaba que fuese suyo. La figura
vestido de negro se había apropiado del libro (según el chaval).
-
¡Eh,
tú devuélveme mi libro! –grito,
levantándose lo más dignamente que pudo-
Como toda
respuesta la figura vestida de negro siguió caminando con el libro rojo bajo el
brazo, no sin antes arrojar una bolsa de monedas a los pies del chico.
-
¡Que
me lo des! – reitero Camthaliön-
El silencio,
fue la única respuesta obtenida, esto no tranquilizo al chaval, lo irrito más
aun (¡Ese tío se estaba riendo de él!). Y tras coger la bolsa de monedas se
lanzo a la carrera. Cuando la figura giro rápidamente la cabeza y vio que el
chico perseguía su sombra, no solo no echo a correr si no que se paró en seco,
dándole la espalda. Levanto la mano, y no hizo nada mas salvo devolver su brazo
a la posición inicial.
El chico, más
irritado aún por la vaga respuesta de la persona que tenía delante. Acelero,
más hasta, que llego al punto de estar a un palmo del ladrón de su libro. Y al
dar un paso, sin explicación aparente se cayó y volvió a comer algo de barro.
Cuando escupió
el barro, expulsándolo así de su boca. Vio que tenía una mano completamente
blanca tendida frente a él. Parecía como si quisiera ayudarlo. Pero el chico,
lleno de rabia le dedico una sonrisa bobalicona y un escupitajo como respuesta.
Y se levanto solo sin borrar la estúpida e irritante sonrisa de su cara.
-¿Quieres
darme mi libro? –dijo, conteniéndose para no gritar-
Fue, en ese
momento. Cuando la figura permitió que el viento empujara la tela que cubría su
cabeza. Para así revelar un bello rostro, coronado por cabellos negro, como el
tizón, que en contraste con su pálido rostro, le daban el aspecto de un muerto…
bueno un muerto, demasiado vivo. Los ojos parecían auténticos pozos en los que
las estrellas se reflejaban, iluminando el rostro, de un cariz preternatural.
-¿Tu libro?-respondió
una voz femenina y melodiosa- Este libro, no es tuyo, te lo acabo de comprar.
–y antes de que le diera tiempo a recomponerse añadió- ¿No es eso lo que
querías?
El chico, que
no estaba acostumbrado a que le leyeran el pensamiento 1. No se le ocurrió otra
cosa que ponerse a gritar a pleno pulmón:
-¡¡BRUJA!! –
breve pausa para recuperar aire después de su monumental aullido- ¡Es una
bruja!
-Idiota
–masculló la mujer-
Dicho esto,
la mujer no hizo gran cosa. Salvo, volver a protegerse bajo la capa y la
capucha, y proseguir su camino, después de cerrar los ojos un momento y
descolgar el farolillo que iluminaba la calle. No tardo en estrellarlo contra
el pavimento, al tiempo que dijo:
“Oh ojos
negros. Ayudadme a ver, solo una mirada, para que me pueda, yo esconder”.
Al instante,
los transeúnte de la oscurecida calle. Sintieron como un ropaje pasaba
rápidamente cerca de sus pieles, pero sin siquiera rozarlas.
1: Entenderlo, no solo es la
irritación obvia de este encuentro. Si no que además se le suma el ataque
psíquico que acababa de recibir
A los cinco minutos, el miedo de los adultos era palpable en el aire. No es que temiesen que la mujer
les hechizara, o robara a sus niños. A fin de cuentas eran relativamente
normales las brujas que pasaban por la ciudad y no se molestaban en usar sus
poderes. El problema radicaba en que en el fondo temían a lo desconocido. Y
ellos acaban de ver magia en acción. Que por muy débil que fuera siempre
necesita concentrar altos nivel de energía para trastocar la realidad.
Y es que en un pueblo acostumbrado a las supersticiones. No
pasa por alto el aullido de los perros, en la medianoche, ni el vuelo de los
cuervos en forma de uve, como tampoco permite que los gatos negros pueblen sus
calles. Razón, por la cual esta vez tampoco lo tacho de paparruchas.
Los perros, entonaron su canción. Los cuervos se elevaron de
los pegajosos campos de malvas que son los cementerios. Y los gatos negros
salieron a las calles.
¡Imaginad el revuelo montado! Tenemos varios ignorantes intentando
pasar a la acción de la forma más organizada posible, correteando de un lado a
otro, santiguándose y buscando la Iglesia más cercana. La muerte sobrevolaba
los edificios de la ciudad. Ningún lugar estaba a salvo, los campanarios tañían
sus campanas, al son del fuego iniciado a la desbandada por los campesinos.
Los rumores se propagaban al ritmo del fuego, mientras uno
lamia y destruía las casas hace poco serenas. Los otros, no lograban ponerse de
acuerdo en cuan de espantosa era la mujer. Unos decían que era hija del mismísimo
Satanás, mientras que los otros hablaban de una trágica historia de amor que
acabo con la muerte de la joven, dándole poderes de ultratumba para consolidar
su venganza y desfigurando su rostro cada luna llena.
Los durmientes, salieron del amparo del hogar a las frías
aceras, aún en camisón, y los que pudieron con algo de ropa o dinero encima.
Los llantos de los niños y las mujeres rasgaban el cielo como si se tratasen de
saetas. Más de un pequeño murió asfixiado por el humo esa noche. Tal era la
impotencia de los habitantes de la ciudad
No tardaron en oírse lacónicos rezos y oraciones a los
diferentes dioses, el compas de estos era marcado por la acuciante necesidad de
encontrar un camino entre las llamas para poder ir al rio del bosque. Pese, a
las múltiples promesas y ofrendas recibidas en forma de vidas, los dioses
deberían estar riéndose de esos mortales. Asustados por el equivalente medieval
a unas gafas de visión nocturna.
El olor a carne asada impregno la ciudad, con un tétrico
humor negro. Hacía meses que los habitantes no podían costearse un banquete
como el que les ofrecía la antropofagia en esos instantes.
El caos era el verdadero rey de la ciudad. La muchedumbre,
enfurecida y atemorizada buscaba la manera de salir de este infierno. Mientras
que los más pobres y desgraciados intentaban aprovecharse de las casas
desprotegidas saqueando los objetos de valor, encerrándose así en su propia
mastaba de lujo derretido y carne quemada.
Los inmortales despertaron al son de las campanadas.
Controlados por sus instintos asesinos y su eterna sed. El fuego los había
despojado de las artes de seducción y el misterio que los caracteriza. Ahora se
habían convertido en vulgares asesinos, que no eran capaces de controlarse. Mientras
que algunos corrían en dirección contraria al fuego, otros procuraban
alimentarse del primer desgraciado que se cruzase en su camino. Las calles
recibieron un baño de sangre que no recibieron desde su construcción, a manos
de esclavos.
Los hijos de la noche, degollaban a vírgenes y madres por
igual, sin importarles el status o condición social. Solo ansiaban el líquido
que calmaría su constante sed. Muy pronto la población quedo diezmada, por los
asesinos nocturnos. Que ahora no se contenían y se deleitaban clavando sus uñas
en gargantas ajenas. O mordiendo alguna vena. Los pocos que aun mantenían la
compostura, disfrutaban dando tajos en las espaldas de victimas que eran
empujadas hasta ellos en una vorágine de violencia. Y luego, lentamente, para prolongar
el tortuoso sufrimiento y el deleite previo a la alimentación. Poco, a poco,
muy lentamente. Estiraban de la piel, hasta transformar a sus víctimas en una
mole de músculos que chillaban y pidieran que acabaran con sus vidas. Teníamos
vampiros de todos, los estilos, desde los sádicos antes mencionados, hasta los
“humanos” que intentaban escapar junto a sus familiares humanos, pasando; como
no por los que preferían crear progenie.
Fue en el momento de mayor violencia vampírica. Cuando el
viento aulló entre las grietas de los edificios robándoles el calor a los vivos
y enfureciendo a los vampiros. Cuando las llamas se propagaron por la ciudad, y
alcanzaron el bosque. El límite de la frontera entre el rey vecino y la ciudad
en llamas.
Como es natural el horror no dejo indiferente a Camthaliön.
Quien con un vampiro pisándole los talones. Tomo la más afortunada decisión de
su vida 1. Cruzar las llamas. Estuvo cerca de un minuto dudando, pero quemarse era
mejor que morir desangrado 2. En apenas un instante, el futuro Archimago, saltó,
entre las llamas. Sorteando gran parte del muro de fuego y dejando que el
vampiro se quemase, pero quedándose a la mitad del mismo.
El simple hecho de intentar gritar de dolor, le era
imposible. El dolor era aun más acuciante si movía cualquier musculo que no
fuera estrictamente necesario. Rápidamente y sin siquiera pensarlo, rodo, por
la arena, para apagar el fuego. Aun sabiendo que arrastrarse por el suelo le
dolería bastante.
Y fue allí, donde poco, a poco, gimiendo como buenamente
pudo, fue cediendo, hasta perder la conciencia.
1: Principalmente por que le permitió prolongarla
2: Como nota curiosa: Dudo que ahora
mismo hubiera elegido igual. El robo de vida por parte de un vampiro es
bastante placentero, para ambos individuos. “Donante” y receptor. Debido a una
toxina segregada por los vampiros, a fin de evitar que la victima intente
escapar.
Eiloc: Cap1) Presentacion de Ielena resubida
Bueno, os hago una resubida de Eiloc, para que no tengáis que buscar los capítulos. Como siempre divertíos, y recordar que un blog vive a través de los comentarios.
-Un caballito de madera bastante rustico; formado por dos piezas de madera (el tronco y la cabeza). Varios palos (cuatro, para ser exactos). Y algo de hilo para la cola. Todo junto no superaría el tamaño de la mano de un adulto.
La luna llena
había estado brillando, durante toda la noche, como hace cada 28 días todos los
meses. La luna había estado iluminando a las sacerdotisas de la diosa luna
elfica. Ahora solo quedaban los restos del ritual, celebrado por las
matriarcas.
Cuando los
primeros rayos de luna alcanzaron las briznas de césped, las novicias
aparecieron.
Ellas eran
las figuras ataviadas con un simple hábito de un blanco virginal (aunque un
término más exacto seria camisón). Con adornos en sus cuerpos en forma de collares
y brazaletes. De plata los primeros y de oro los segundos.
Ellas
arrastraron sus cuerdas con campanillas. Como resultado del baño de pintura
blanca producido hace un escaso cuarto de hora estaban trazando el círculo. Y
llamando a sus superioras inmediatas.
Las
comadronas. Las que llevaban junto a ellas una parte del alma de la mayoría del
clan, las que habían ayudado a dar a luz, y por tanto salvar a casi todos (por
no decir todos) los elfos del clan.
Las segundas
madres, están vestidas con una bella túnica; más elaborado que el camisón de
las novicias. La túnica era de un marrón, que haría reverdecer de envidia a las
hojas otoñales (con las que estaban hechos), esta parte de las vestiduras
representaba la estabilidad. Que como comadronas aportaban a las madres
primerizas.
Si subíamos
por los hombros, encontraríamos una capa, se un rojo sangre. Símbolo de la
sangre menstrual, y de la vida. Era con esta capa con la que se envolvía a una
madre elfa si moría en el parto.
En caso de
que gustemos, de seguir un sugerente hilo de plata que rodea el cuello de todas
las comadronas encontraríamos el colmillo de un lobo como símbolo de la
virilidad y del semen. Era uno de estos los que se encuentran en las bocas de
los niños que mueren en una luna o antes.
Fue cuando,
las poderosas asistentas de las madres en estado de parto, pisaron los
alrededores de las marcas del círculo cuando se pudo percibir lo que la madre
superiora llevaba en brazos: Un bebe humano.
De no ser por
los votos de silencio de las novicias y la no asistencia de las comadronas más
conservadoras, la niña habría recibido los más variados y arcanos insultos.
Debido, a que los elfos eran conscientes del daño que provocaban los humanos, a
la madre Tierra.
Ellos eran
los que torturan a los insectos, con sus gases dignos del mismo infierno o
arrancándoles una a una las patitas y las alas. Los que deforman el hígado de
un noble pato hasta convertirlo en algo similar a la mantequilla. Los que
pinchan los ojos de las aves para que canten más. Los que idean las más
sádicas, y pérfidas maquinas para provocar dolor a sus semejantes, por crímenes
infundados o por haber sido obligados a matar. Los que no tienen ningún pudor,
ni remordimientos por apoyar. Tanto directamente como indirectamente estos
actos.
Y aunque los
elfos, presumían de su “igualdad” y su “fraternidad” entre todos los seres, no
eran capaces de disimular su odio por la raza, dominante, la que hace tantas
lunas les gano la batalla, evolutiva. Cosa que los elfos consideraban incierto
por que según ellos eran evolutivamente más aptos (cosa que hasta cierto punto
es cierta).
Como
espectador del suceso de discriminación racial que esta fuera del conflicto,
puedo escribir unos pocos párrafos más. Pero los elfos tienen libros enteros
sobre ello. Así que si quieres, pregúntales a ellos (si queda alguno cuando
leas esto).
Aun así,
volvamos a nuestra historia.
Aunque
normalmente, el recibimiento de una nueva vida entre los elfos es acogida con
gran alboroto. Debido en parte a la escasísima data de alumbramientos elfos
(que es incluso más baja que la actual humana), la otra razón de peso es que a
los elfos les encanta festejar 1.
Pese a todo,
el odio racial no dejaba de ser algo latente, y es que hacía poco más de quince
días (nótese la adición de un día extra dado que estamos en territorio elfico,
y son exactamente las doce de la noche) los humanos habían comenzado a talar
los arboles. Que estaban a tres kilómetros del principio del círculo de los
bosques 2.
Y eso si eras
un elfo “tolerante”. Si eras vengador o incluso cazador o guerrero. Raro sería
que tu linaje no contase con alguna historia en la que un humano, robó una
buena pieza de caza o salvo a los enemigos de tus antepasados.
Naturalmente
que esto no eran más que paparruchas. Los humanos no odiaban a los elfos 3.
Bueno, ellos solo los llevaron al borde de la extinción. Pero por una razón de
peso: ellos los atacaron antes (obvia
decir que los elfos alegan que asesinar a los humanos que veían
destrozando el bosque era una lucha justa y noble y que ellos fueron los que
empezaron la lucha).
En resumidas
cuentas, eso es lo que gritaban los rostros de las elfas.
Ninguna
quería a una humana entre ellas (además del odio. Las razones principales
eran: a) habría que educarla,
quererla, protegerla alimentarle… b) aunque ninguna se atrevería a decirlo,
tenían un miedo atroz a que la inevitable muerte les arrancara de sus brazos a
su niña).
Aunque, como
era lógico (y como ya he dicho arriba) nadie se atrevió a desatar la ira de los
dioses y romper algún voto de silencio o desobedecer a la madre superiora.
En medio de
estas reflexiones, aparecieron las sacerdotisas. Vestidas con una túnica verde
oruga (dependiendo de la línea de los elfos en cuestión cambiaban de color: Los
elfos del bosque usaban las verdes, los altos elfos usaban túnicas grises, los
elfos oscuros… digamos que prescindían del peso extra en sus ceremonias), la
cual acompañaba con destellos la luz de las estrellas y representaba la
naturaleza. Lucían las mismas capas que las comadronas y su colgante era de oro
(en ocasiones enano) representando una luna llena con dos medias lunas a los
lados 4.
A la cabeza
del mar de verde, iba la suma sacerdotisa. Que en señal de luto había cambiado
su bello vestido purpura por uno de un rojo carmesí. Portaba:
Una daga
engarzada en esmeraldas, las que representaban las plantas, y sus
bienes. Tanto curativos como venenosos, porque con la daga te puedes defender
pero también puedes autolesionarte.
Llevaba
también una flauta de hueso en uno de los pliegues de la túnica. La que
representaba la libertad que puede dar el aire al alma, y el peligro de los
huracanes, tornados y mangas marinas.
Un bastón de
roble, firme y poderoso; estable como la propia tierra. Y que al descargarlo
contra un ser vivo provocaba daños graves en él.
Y una copa
representativa del agua. Liquido de la vida, donde todo empezó y empieza, y
donde acabaran las almas, en un barco hasta la tierra del verano 5.
1: Uno de los
poquísimos aspectos que tienen en común con los vampiros: los elfos han aprendido
a disfrutar de la fiesta, debido a que es algo que aligera sus longevas vidas.
Según algunos eternas y según otros simplemente larguísimas. Debido a esto, los
elfos han bebido de todos las fuentes de sabiduría posibles, y aprendido todas
las artes del entretenimiento posibles. Ni que decir tiene que una gran mayoría
de miembros de otras razas ha acabado pensando que los elfos se dedican casi
exclusivamente a la diversión.
2: El reino,
elfo. Separado por el basto océano del continente humano, está dividido en
“anillos” o “círculos” creados para todas las facciones, a excepción de los
elfos oscuros que optaron por auto-exiliarse a las montañas. El primero de
estos círculos es el de los elfos del bosque, situado a pocos kilómetros de la
costa. Personalmente dudo que los humanos quisieran ofender a los elfos… es más
dudo que unos humanos, no entregados a la magia u otra disciplina preternatural
supiese que estaba en tierras elficas… o ya puestos orcas.
3: Bueno no
más que se odiaban entre ellos, asiáticos, occidentales, africanos… Todos sois
iguales, no os importa ni siquiera vuestro planeta, solo os interesáis por
vuestra megalomanía personal, y no mostráis excesivos escrúpulos a la hora de
mataros entre vosotros.
4: El símbolo
de La Diosa. Que actualmente han adoptado los paganos humanos.
5: Que es el
nombre que daban los antiguos elfos, y los modernos neo-paganos a la tierra
donde los muertos descansan hasta su próxima reencarnación.
Al llegar la
suma sacerdotisa al círculo, y sin mediar palabra con sus semejantes. Cogió a
la niña y se sentó. Lleno la copa con agua, usando la mano libre, y colocó el
baston frente a ellas en posición horizontal. Y finalmente rasgo el manto que
envolvía a la pequeña con la daga y una vez que estuvo completamente desnuda. Le
pincho el dedo con la punta de la daga para que cayeran unas gotas de sangre1.
Al caer esta
al suelo, salpicado de figuras verdes, de tal modo que parecía como si Gaia se
hubiera dedicado a esparcir un líquido mágico en la zona. Se pudo apreciar como
al simple contacto con la tierra esta se filtro y se integro en el seno de los
tréboles. Fue justo cuando la sacerdotisa alzo la daga para permitir a la
criaturita seguir con su ciclo de reencarnaciones. Y antes de darle tiempo a esbozar una sonrisa
de satisfacción los restos de sangre que habían quedado sobre la superficie del
altar comenzaron a brillar. La diosa Aiana-Matyr la había reclamado.
Ella era la
madre de todos los elfos, a la que se llamaba en los escasos bautizos y los aun
más escasos casos de enterramiento. La protectora de la raza, la que ha velado
por su bien desde tiempos inmemorables. La que enseño a los elfos el secreto de
la inmortalidad, y la que fue castigada por el dios de la muerte, robándole los
secretos de la inmortalidad. Corrompiéndolos otorgándoselos al primer vampiro.
Ella era la
que acababa de tomar bajo su divina protección, a la pequeña.
-Ella, es la
que acaba de tomar como su protegida a la pequeña Zirimarith ap Aiana (lo que traducido queda en algo así como:
Zirimarith la hija de Aiana) – dijo la sacerdotisa malhumorada, sin abandonar
su postura de sentada y su mohín de desprecio a la humana-.
Dicho esto la
comadrona con de más alto rango (la misma que hace dos días la encontró medio sepultada bajo la nieve y le aplico
sus “escasos” 2 conocimientos de medicina natural) fue designada como su
protectora. Debería proveer por su educación, darle sustento y lo más
importante y según dijo la suma sacerdotisa:
-Vigilarla,
no podemos permitir que un humano descarriado venga a destrozar milenios de
tradiciones elficas.
La pequeña
aun no era consciente del peligro que acaba de correr, pero al parecer su nueva
madre la había protegido por alguna misteriosa razón.
La educación
de la niña siguió sin mayores problemas, que su falta de habilidades sociales y
su socio fobia. Cabe hacer especial mención a su lento desarrollo intelectual
(para los elfos) dado que estos comienzan a hablar al primer año de vida. Este
peculiar retraso en la adquisición de las habilidades fonadoras fue lo que
condujo un día un maestro elfo a la cabaña del bosque de la comadrona.
La joven
Zirimarith, (que entonces tendría cerca de los dos años, para ser exactos 22
meses, edad a la que los niños elfos comienzan a decir frases con sentidos;
mientras que ella se limitó a seguir con palabras bisílabas) estaba sentada en
un rincón de la cabaña. Ese era: “su rincón”. Como la cabaña de Tía Narmolay ,
era harto pequeña; contando esta con una cocinilla donde se secaban las plantas
del bosque, que envolvía la cabaña 3. Una espartana habitación hacía de salón
de estar en el que los libros eran el único entretenimiento de la elfa, y los
escasos juguetes fabricados por la comadrona de la niña.
Era en este
salón de estar, donde la construcción de piedra y madera que dos personas
podían llamar hogar se tornaba más cálida. Por la razones ya citadas podemos
intuir el espacio reservado a la que fue bendita hace casi dos años fue
bendita. Estuviera alojado en la sala de estar. En efecto, esta era
literalmente el rincón que quedaba más cerca del único dormitorio de la casa.
El rincón de
juegos (que era el nombre con el que lo bautizo Tía Narmolay cuando estuvo
construido). Estaba delimitado por una procesión de troncos, que como hacen en
los meses de primavera la oruga procesionaria 4. Los troncos en si eran de
encina, que habían sido despojados de la dura y negruzca cascara que los
protege de las agresiones externas hasta dejarlos en unos cilindros cuasi
perfectos.
Dentro del
cuadrado delimitado por los antaño florecientes entre abril y mayo. Se encontraba
una manta de un amarillo anaranjado similar al del color del girasol.
Encima de la
propia manta encontraríamos, probablemente, los siguientes objetos:
-Un caballito de madera bastante rustico; formado por dos piezas de madera (el tronco y la cabeza). Varios palos (cuatro, para ser exactos). Y algo de hilo para la cola. Todo junto no superaría el tamaño de la mano de un adulto.
-Una taza (también de madera)
mordisqueada por Zirimarith
-Dos muñecos de trapo: representantes de
un elfo y una elfa. Mientras que los dos estaban manchados de barro del bosque.
El muñeco masculino tenía sendas manchas de zumo de bayas silvestres (aportadas
por la taza de Zirimarith cuando esta intento que bebiera un poco). Y la elfa
simplemente carecía de manchas adicionales debido al especial cuidado y remilgo
con el que era tratada.
1: Para las
cerradas mentes tanto humanas y como orcas: Usó magia para curar la herida
2: Recordemos
que estamos hablando de elfos: Sus conocimientos de las plantas igualarían a
los de cualquier botánico, pero no dejaban de ser relativamente escasos para
una elfa de su categoría, que se había dedicado al aprendizaje de la magia, que
no debe ser aplicada a los menores de 3 meses.
3 El bosque
era tan tupido y oscuro que la impresión de que los propios arboles iban a
sepultar el refugio de la comadrona elfa, y de la joven medio-elfa.
4 Thaumetopoea pityocampa Schiff
En el momento
en el que la figura vestida con una especie de habito negro(aunque en realidad
era un túnica) que era presionado contra el cuerpo usando una cuerda dorada un
poco más bajo que el pecho. Lo que unido a la capucha también negra que
llevaba, le daba un aspecto más de hombre del saco que de maestro. Si al
aspecto ya amenazador de por si lo aderezamos con dos guantes de cuero.
Obtendremos una imagen bastante clara del maestro, Goldaryr.
La primera
reacción de Zirimarith, fue el mayor de los espantos, debido a que otra de las
virtudes del señor Goldaryr, es que en el pasado se quemo la cara cuando
invocaba a un djinn del desierto. Pero cuando la pequeño observo como su
“madre” los obsequiaba con uno de esos abrazos que por poco te hacen caer
rendido al suelo por el fuerte olor a hierbas que ha quedado impregnado en
ella. Le ofreció de beber un taza caliente de infusión de regaliz. Y se ofreció
a preparar un barreño de agua con artemisa para sus pies (cosa el viajero
rechazo por cordialidad). La joven medio-elfa cambio de opinión.
Cuando se
sintió lo suficientemente segura, se acercó, andando y como buenamente pudo al
invitado. Al verla, este interrumpió la conversación con Tia Narmolay y con una
voz, increíblemente melodiosa (incluso para un elfo cantor) dijo:
-
Veo,
que tienes una buena bribonceta en casa, querida – dijo el encapuchado con una
sonrisa que apenas fue visible para las dos mujeres-. Tiene valor, por lo que
si no, no se habría acercado a mí, pero también cautela porque se lo ha
pensado.
-
Bueno,
¿no dicen que son cualidades de los humanos? –dijo la mujer, al mismo tiempo
que miraba con una chispa de malicia y resentimiento al hombre-.
-
Sabes
que eso no fue por su culpa, además si no hubiera sido por tus cuidados ahora
estaría muerto y con una cara peor aún.
-
Claro,
lo que tú digas “maestro”- cabe destacar la sorna e ironía inyectada en la última
palabra-.
-
Creía
que no venía discutir sobre los tiempos pasados –dijo el mago algo indignado-.
Tengo mejores cosas que hacer en Tamuyr, acabo de recoger a un alumno.
-
-
¡Ah! La diosa sabe que esos alumnos te llevan por el camino de la amargura.
¿Por qué no vienes a vivir con nosotras?
-
Ya
mantuvimos esa conversación hace un siglo – dijo dirigiéndose a la puerta-.
Adi…
-
¡Espera!
– chillo, angustiada la elfa-. Mis sentimientos ya no importan, te he llamado
para hablar de la niña.
-
Ummh
– fue lo único que el elfo profirió, cerrando la puerta pero sin soltar la
manivela-.
-
Sabrás,
por los juglares que acuden a tu escuela su caso – a esta afirmación el mago
correspondió con un leve movimiento de cabeza-. No sabes lo difícil que se me
hace para mí, pero. Quiero que le enseñes
-
-
¿¡Estás loca mujer!? Ambos somos viejos y sabemos en el problema en el que me
metería si entreno a un elfo en mi escuela sin consentimiento de la Reina
Anarïôn.
-
Sabes
que ellos la odian, la quieren lejos, y además, puede que tú tengas hechizos
rejuvenecedores que le hagan efecto, pero no soportaría verla morir. Ya paso
con mi primer hijo – al decir esto, ultimo no puedo retener unas lagrimas-.
-
Chst,
tranquila- dijo el mago en tono conciliador.
Al ver a la
pobre elfa, llorar el mago no pudo evitar acercarse a enjugarle las lágrimas
con la manga de su túnica.
<<Puede
haya sido demasiado duro –pensó el maestro Goldaryr- La pobre mujer ya paso por
una muerte cuando éramos jóvenes, es natural que quiere proteger una vida,
después de todo es comadrona 1. Además ya he notado el don de la magia en la
niña. Bueno todos los niños lo tienen, no será difícil evitar que se duerma
2>>
Cuando la
triste y sollozante elfa se calmo. Fue cuando la pequeña; después de un
grandísimo esfuerzo, trajo una taza del regaliz que había tomado
“el-hombre-que-hizo-llorar-a-mama”. Aunque él como la había hecho llorar era
desconocido para ella, sabía que tenía que ver con él. Pese a todo la muchacha
no alcanzaba a comprender que ni el
maestro ni sus palabras eran la razón
del llanto.
Fue cuando le
tendió la taza (medio vacía, dado que había sido prácticamente derramado por el
camino), el momento en el que con muchísimo esfuerzo dijo:
-Mmm-ma-mama
-Mmm-ma-mama
-¿Q,qué as
dicho Ziri? –Logro titubear Narmolay-
-Mama – dijo
como si hablar de repente cuando tu madre se ha rendido, fuera lo mas natural
del mundo-.
La luz,
reemplazo la oscuridad del semblante de la comadrona. Sus ojos brillaron con un
fulgor, que las propias estrellas envidiarían. Sus rasgos juveniles parecion
volver a su cuerpo, haciendo que sus 300 años parecieran poco mas de 28 (aunque
para los humanos suela aparentar tener 30 años). Pero el gozo aumento al oir
las palbras de antiguo novio:
-Decidido,
puede venir a la escuela. Con unas condiciones:
Solo podrás verla en periodo de vacaciones. Te responsabilizas de todo lo que le pase, desde hechizos fallidos hasta caídas. Las notas serán enviadas por diablillos mensajeros cada año. Y deberas darme una tarta de manzana anual - añadió con una sonrisa de bobalicon de oreja a oreja-
Solo podrás verla en periodo de vacaciones. Te responsabilizas de todo lo que le pase, desde hechizos fallidos hasta caídas. Las notas serán enviadas por diablillos mensajeros cada año. Y deberas darme una tarta de manzana anual - añadió con una sonrisa de bobalicon de oreja a oreja-
1: Esta
distinción es hecha por que las comadronas elfas, solo pueden serlo si han
perdido a un niño, o si son vírgenes. Cosa que obviamente Narmolay no lo es al
haber tenido a un niño mestizo, antes de cuidar de Zirimarith.
2: los magos
llaman dormidos a los que no pueden practicar la magia, normalmente por dogmas
o tabúes.
Ej: En el siglo XXI prácticamente toda la población esta dormida al no creer en la magia.
Ej: En el siglo XXI prácticamente toda la población esta dormida al no creer en la magia.
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