Poco a
poco, como todas las mañanas de mi vida; volví a abrir los ojos y despegue los
labios con una punzada de dolor. Labios que se encontraban pegados al suelo.
Había dormido boca abajo en una mala postura y tenía el cuerpo
agarrotado.
Tarde varios minutos en mover perezosa y costosamente mi musculatura
acalambrada. Primero los brazos, después la espalda haciendo rotamientos y
finalmente, las piernas para acabar por el cuello. El dolor no respeto ni un
ápice de mi cuerpo.
Incluso cuando me incorporé sobre mis dos piernas. Con gran decepción, pude ver
y sentir como mi pierna izquierda no respondía a mis órdenes, de modo que se
doblo como una ramita. Así que yo caía de rodillas otra vez al suelo. Me costó
parar la caída con las manos, y terminé en el suelo en una rara postura, medio
de rodillas medio tumbado.
Fue en ese momento cuando me di cuenta de que la humedad cálida del día
anterior se había convertido en una bruma sofocante que dificultaba mi respiración.
Estuve unos minutos mirando ensimismado mis manos, parecían haber crecido o
incluso estar creciendo en ese preciso instante. Todo era frenético.
Mi respiración aumentaba su velocidad mientras que mis pupilas se dilataban.
Mis cabellos se erizaban al unisonó y mi piel se ponía de gallina. La lengua
asomaba por la boca probando otra vez el sabor del sudor y las heridas ya casi
curadas. Miles de palabras se agolpaban en mi cabeza. Palabras que nunca habían
aparecido antes y viejas conocidas, entre las que se encontraban preguntas,
conversaciones, respuestas y nombres. Un nombre en especial.
El de la serpiente. Un nombre que no reproduciré aquí por ser demasiado secreto
y conocido al mismo tiempo como para poder escribirlo.
Fue el nombre mismo el que me trajo un fortísimo dolor de cabeza. Tan fuerte
que me hacía gritar en un susurro al mismo tiempo que me retorcía en el suelo.
La jaqueca era acompañada de singulares sensaciones. Podía sentir como las
palabras brotaban por todos los poros de mi piel en un torbellino de luces
naranjas y doradas que revoloteaban a mí alrededor.
Las letras y los pensamientos fluían a través de mi cuerpo como si fuera el
canal perfecto para ellos hasta desembocar en espirales de los colores del sol.
Espirales que hacían brillar las partículas de polvo que flotaban en esos
momentos en la estancia. Partículas que eran impulsadas por mis respiraciones y
los sonidos proferidos de mi garganta, gritos y susurros de dolor.
En esos momentos oía miles de voces en mi cabeza. Hablando, eran más bien
trozos de conversaciones inconexas. Todas tomando lugar en mi mente sin que yo
las autorizara. Creando el caos y la confusión. Tan pronto cambiaban de género
como de contexto, mostrando una falta absoluta de interés en mi bienestar.
Los diálogos luchaban por mi atención, al principio lo intentaron subiendo su
volumen. De forma que me encontraba en un mar de gritonas conversaciones
inconexas, por si oír voces en tu cabeza mientras te retuerces de dolor rodeado
de fantásticas y bellas espirales no fuera suficientemente malo.
Más tarde probaron a cambiar el tono que usaban. Algunas eran estridosamente
agudas, como un pitido y otras estruendosamente graves, similares a un claxon.
Incluso algunas en medio de la pelea constante decidieron mantener un tono
monótono y pesado como quien lee el más aburrido de los libros.
El turno del tercer intento llegó cuando un grupo de conversadores, por
llamarlos así, decidió cambiar el timbre de las voces. Algunas pasaron a ser
metálicas, otras imitaron a mis amigos y conocidos, las de más acá cambiaron
hasta el punto de hablar en ladridos mientras que las de más allá usaban
zumbidos insectoides.
Fue en este tercer intento cuando caí desfallecido al suelo, incapaz de
soportar el ritmo de millones de conversaciones al mismo tiempo en mi
cabeza.
Justamente cuando rocé el suelo con los labios sucedió algo todavía más
extraordinario. De repente las voces se acallaron con un murmullo hueco al
mismo tiempo que durante unos segundos levité a dos centímetros del suelo mientras
que las espirales se iban igual que vinieron.
Yo observaba este espectáculo con los ojos dilatados. La respiración poco a
poco se fue normalizando. El pelo volvió a su lugar tradicional. Todo ello
inmovilizado flotando encima del suelo. Sin poder mover un solo musculo.
Elevación que duro hasta que la última de las espirales se desvaneció. Momento
en el que apareció la serpiente siseando de entre las sombras y yo caí calmada
y tranquilamente por tercera vez consecutiva al suelo. La serpiente se acercó reptando
hasta mi y noté que mis músculos de habían destensado, todos menos los de la
pierna izquierda.
La misma pierna que me fallo en mi primera caída. Estaba como muerta, igual que
si estuviera hueca, falta de hueso, de columna que la soportase. Se parecía más
a una rama que a una pierna. No sé como logré incorporarme lentamente y medio
sentado.
Pero una vez hecho esto pude observar como mi pierna había adquirido un extraño
color amarillento durante la noche. Un color que se iba oscureciendo hasta el
naranja situado en forma de mancha abrigando una mordedura.
Mordedura en la que se dejaban ver sin ningún tipo de pudor las dos
perforaciones hechas por los colmillos de la serpiente. Incluso supuraba algo
blanco que se mezclaba con el sudor. En la zona de la herida la piel estaba
ligeramente levantada por efecto de la ponzoña inyectada mientras dormía. Era
tan repulsivo que no se cómo en medio de mis mareos y nauseas envenenadas logre
reprimir el desmallo.
La serpiente simplemente siseo algo que mis oídos no llegaron a entender. La
fiebre subía a cada silaba que salía de esa boca que había mordido mi pierna.
Puede que quisiera decir que eso era el precio por el agua y haberme salvado de
la deshidratación, un par de días de mal estar general. Aunque también puede
que fuera una despedida.
Porque después de pronunciar las palabras que fueran las que fuesen que
pronunciaron, volvió a la oscuridad y se fue de su propia madriguera usando
como salida un agujero diminuto por el que no cabía ni mi mano. Adiós
serpiente. Simplemente se fue y no volvió más.
Pese a todo no perdí la esperanza, decidí esperarla por si volvía. De todos
modos no podía ponerme en pie por mí mismo y tumbado recibiendo el calor húmedo
de la estancia volviendo a ayunar forzosamente durante dos largos, aburridos y
febriles días esperé en vano a mi salvadora.
El calor era agobiante y pegajoso. El sudor se convirtió en mi segunda piel.
Una piel que luchaba por pegarme eternamente los párpados a los ojos. Los
cuales impulsados por la calenturienta fiebre, los mareos y el sueño no
tardaron en ceder para hacer que pasara el primer día durmiendo.
En el segundo día la fiebre debió de decidir darme un respiro y bajar. Fueron
unas agradables vacaciones febriles en las que pase de cerca de 40º a los 37º.
Aún así seguía siendo dueño de un cuerpo que no me respondía, parecía más bien
un muñeco de trapo impulsado por corrientes calientes de aire.
Me levanté tambaleante y con un malsano embotamiento en
las tripas. Podía emitir más sonidos por el estomago que por la boca misma. Las
heridas estaban casi curadas pero no tenía fuerzas ni para respirar por la
boca. El más mínimo soplo de aire me habría tumbado y dudo que mi cuerpo me
permitiera volver a ponerme en pie.
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jueves, 27 de diciembre de 2012
martes, 11 de diciembre de 2012
Sed roja: Parte II
El
destino, como no podía ser otro; era el árbol seco. Quien tenía la parte baja
abultada como un vientre bien nutrido que se abría dejando el espacio justo
para que yo y la serpiente pudiéramos pasar.
Después de franquear el arco más o menos ojival que se había formado naturalmente tuve que esperar unos minutos a que mis ojos se acostumbraran al lugar. Minutos durante los cuales pude comprobar que el sitio era relativamente húmedo. Aunque muchísimo más agradable que el exterior. Se podría comparar incluso con una lujosa residencia con control de temperatura. El olor que reinaba era de madera, un olor dulzón agradable y acogedor. Puede que fuera ese olor lo que hizo que mis músculos se destensaran y me empujará a sentarme.
En cuanto mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, dejándome en penumbra pude determinar porque mi asiento pese a ser cómodo estaba tan bajo. Era un simple cumulo de cuerdas dispuestas en espiral como si formará una extraña alfombra. Me encontraba sentado de modo que mis piernas desnudas y estiradas rozaban el suelo arcilloso del refugio y mi espalda se apoyaba en la corteza interior del árbol.
El nivel del suelo debía de haber sido rebajado artificialmente, por que el agujero de cuatro metros aproximadamente debía de estar a cosa de metro y algo más del suelo. Así que mi cabeza quedaba casi a ras de la entrada teniendo que usar los brazos para subir.
Aunque poco importaba en mi actual postura de relajación. Donde aunque la oscuridad me lo impedía ver, podía sentir como la serpiente me observaba fijamente. Estuve un tiempo sentado recuperándome mientras que ella no paraba de mirarme fijamente, con esos ojos de serpiente negros que no pestañeaban.
Tuvo que pasar bastante tiempo y puede que incluso hubiera sesteado un poco, de golpe decidí cruzar mis piernas y sentarme en la postura de rodillas cruzadas.
Como si hubiera estado esperando ese momento, la serpiente decidió hablar. Si, hablar. Puede que fuera la falta de sueño, alimento y agua lo que me hacía alucinar, que simplemente estuviera loco o que las serpientes solo hablan con los humanos cuando están a solas. ¿pero qué estoy diciendo? Claro que no, las serpientes no hablan nunca con humanos. Puede que de repente yo entendiera el idioma serpiente. A fin de cuentas antes había entendido que no debí comerme el gusano. ¿O era solamente lo que creí entender? Demasiada información para procesar. Personalmente creo que salí ganando callando hasta el último ápice de mi ser para escuchar el monologo de la serpiente.
Quien asomo lo justo su cabeza negra para que el resto del cuerpo quedará en penumbra y empezó a hablar, al poco tiempo quedo claro que su lenguaje daba saltos en el tiempo. De pronto era arcaico y educado para pasar a ser moderno y rápido.
No, no te levantes tranquilo, tomate tu tiempo para acomodarte no necesito
tumbarme, el invitado hoy eres tú. Aunque ya estoy viejo, más viejo seré cuando
acabe de hablar contigo ¿no?
Bueno como respuesta a tu pregunta. Te diré que no soy una serpiente realmente. Esta es solo una de las múltiples formas que puedo adoptar, aunque esta me pareció de las más educadas y cómodas para este encuentro en pleno desierto. A lo largo de la historia he tomado muchos aspectos y nombres, de mujer, hombre, planta, animal, objeto y en definitiva cualquier cosa que puedas imaginar. Tantos nombres que no recuerdo el mío propio, tantos aspectos que mi esencia se diluyo en cada forma que adopté
Yo pude ver como Poncio Pilato se lavo las manos cuando fue muerto el primer hippie de la humanidad. Y también vi como el hombre primitivo del que desciendes pintaba su caza deseada en las paredes de cuevas mientras que yo removía su paleta para que no se coagulara la pintura. El arte evoluciono y yo con él, gracias a unos de mis amigos italianos pude ver los excelentes dibujos de uno de sus mecenazgos; un tal Leonardo Da Vinci que ilustraba con todo detalle el cuerpo humano.
Aunque la medicina no siempre fue así, hubo un tiempo en el que los chamanes realizábamos los ritos con cánticos y tambores a la luz de la luna. La misma luna que fue adorada por los griegos como Selene. Luna que con sus rayos baña la tierra fértil.
La tierra que acoge en su seno las raíces de las plantas que son la base de la dieta. Plantas como el trigo que es molido para ser transformado en pan y harina. El mismo pan que es comido en las gradas de Roma durante las peleas de gladiadores, un alimento que fue creado como papilla cerca del Nilo y las palmeras en Egipto y es sustituido en Asia por el arroz.
Arroz que viene a la península ibérica de mano de los musulmanes. Una gente que más tarde entro en derramamiento de sangre con los cristianos. Cristianos que más tarde nos dividimos y decidimos matarnos entre nosotros mismos.
Cristianismo, por cierto la religión que domina el mundo occidental ahora mismo. En confrontación diría con el budismo oriental. Cuyos monjes para ejecutar sus sentencias y no romper la máxima de un budista no mata una mosca. Dejábamos moribundos a los “ejecutados”.
Igual de moribundos que deja el trabajo de la tierra ajena al campesino. Cercanía a la muerte que nos impulso a matar al Zar y sus ministros en Rusia.
[…] He tomado el té con las más finas reinas en sus palacios. Y he bebido en los peores tugurios junto a las peores compañías, viciosos, jugadores, prostitutas, reprimidos, borrachos, taberneros, ricos venidos a menos y escritores malditos. Todos ellos han gozado de mis conversaciones o incluso de mis puños.
Pero razones muy distintas inspiraron a Armstrong cuando piso la luna, por no hablar del inventor del coche, la televisión, la bombilla, el ordenador e incluso el vidrio o la cocina francesa.
Espero no haberte aburrido mucho con esta breve clase de historia, de todos modos los bostezos te delatan huésped, debes de tener sueño pese a que yo me deje casi todo en el tintero. Tranquilo muy pronto podrás dormir
Me parece que quieres beber algo. No hace falta que bebas con tantas ansías. Se nota por tu cara que la simple idea del agua te anima el alma. Bueno no es mucha pero te puedo dar algo. Aquí tienes un tazón de arcilla con agua. Albergo cierta esperanza en que no te moleste su estado marronaceo, es lo mejor que he podido encontrar por la zona. […]
Después de franquear el arco más o menos ojival que se había formado naturalmente tuve que esperar unos minutos a que mis ojos se acostumbraran al lugar. Minutos durante los cuales pude comprobar que el sitio era relativamente húmedo. Aunque muchísimo más agradable que el exterior. Se podría comparar incluso con una lujosa residencia con control de temperatura. El olor que reinaba era de madera, un olor dulzón agradable y acogedor. Puede que fuera ese olor lo que hizo que mis músculos se destensaran y me empujará a sentarme.
En cuanto mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, dejándome en penumbra pude determinar porque mi asiento pese a ser cómodo estaba tan bajo. Era un simple cumulo de cuerdas dispuestas en espiral como si formará una extraña alfombra. Me encontraba sentado de modo que mis piernas desnudas y estiradas rozaban el suelo arcilloso del refugio y mi espalda se apoyaba en la corteza interior del árbol.
El nivel del suelo debía de haber sido rebajado artificialmente, por que el agujero de cuatro metros aproximadamente debía de estar a cosa de metro y algo más del suelo. Así que mi cabeza quedaba casi a ras de la entrada teniendo que usar los brazos para subir.
Aunque poco importaba en mi actual postura de relajación. Donde aunque la oscuridad me lo impedía ver, podía sentir como la serpiente me observaba fijamente. Estuve un tiempo sentado recuperándome mientras que ella no paraba de mirarme fijamente, con esos ojos de serpiente negros que no pestañeaban.
Tuvo que pasar bastante tiempo y puede que incluso hubiera sesteado un poco, de golpe decidí cruzar mis piernas y sentarme en la postura de rodillas cruzadas.
Como si hubiera estado esperando ese momento, la serpiente decidió hablar. Si, hablar. Puede que fuera la falta de sueño, alimento y agua lo que me hacía alucinar, que simplemente estuviera loco o que las serpientes solo hablan con los humanos cuando están a solas. ¿pero qué estoy diciendo? Claro que no, las serpientes no hablan nunca con humanos. Puede que de repente yo entendiera el idioma serpiente. A fin de cuentas antes había entendido que no debí comerme el gusano. ¿O era solamente lo que creí entender? Demasiada información para procesar. Personalmente creo que salí ganando callando hasta el último ápice de mi ser para escuchar el monologo de la serpiente.
Quien asomo lo justo su cabeza negra para que el resto del cuerpo quedará en penumbra y empezó a hablar, al poco tiempo quedo claro que su lenguaje daba saltos en el tiempo. De pronto era arcaico y educado para pasar a ser moderno y rápido.
Bueno como respuesta a tu pregunta. Te diré que no soy una serpiente realmente. Esta es solo una de las múltiples formas que puedo adoptar, aunque esta me pareció de las más educadas y cómodas para este encuentro en pleno desierto. A lo largo de la historia he tomado muchos aspectos y nombres, de mujer, hombre, planta, animal, objeto y en definitiva cualquier cosa que puedas imaginar. Tantos nombres que no recuerdo el mío propio, tantos aspectos que mi esencia se diluyo en cada forma que adopté
Yo pude ver como Poncio Pilato se lavo las manos cuando fue muerto el primer hippie de la humanidad. Y también vi como el hombre primitivo del que desciendes pintaba su caza deseada en las paredes de cuevas mientras que yo removía su paleta para que no se coagulara la pintura. El arte evoluciono y yo con él, gracias a unos de mis amigos italianos pude ver los excelentes dibujos de uno de sus mecenazgos; un tal Leonardo Da Vinci que ilustraba con todo detalle el cuerpo humano.
Aunque la medicina no siempre fue así, hubo un tiempo en el que los chamanes realizábamos los ritos con cánticos y tambores a la luz de la luna. La misma luna que fue adorada por los griegos como Selene. Luna que con sus rayos baña la tierra fértil.
La tierra que acoge en su seno las raíces de las plantas que son la base de la dieta. Plantas como el trigo que es molido para ser transformado en pan y harina. El mismo pan que es comido en las gradas de Roma durante las peleas de gladiadores, un alimento que fue creado como papilla cerca del Nilo y las palmeras en Egipto y es sustituido en Asia por el arroz.
Arroz que viene a la península ibérica de mano de los musulmanes. Una gente que más tarde entro en derramamiento de sangre con los cristianos. Cristianos que más tarde nos dividimos y decidimos matarnos entre nosotros mismos.
Cristianismo, por cierto la religión que domina el mundo occidental ahora mismo. En confrontación diría con el budismo oriental. Cuyos monjes para ejecutar sus sentencias y no romper la máxima de un budista no mata una mosca. Dejábamos moribundos a los “ejecutados”.
Igual de moribundos que deja el trabajo de la tierra ajena al campesino. Cercanía a la muerte que nos impulso a matar al Zar y sus ministros en Rusia.
[…] He tomado el té con las más finas reinas en sus palacios. Y he bebido en los peores tugurios junto a las peores compañías, viciosos, jugadores, prostitutas, reprimidos, borrachos, taberneros, ricos venidos a menos y escritores malditos. Todos ellos han gozado de mis conversaciones o incluso de mis puños.
Pero razones muy distintas inspiraron a Armstrong cuando piso la luna, por no hablar del inventor del coche, la televisión, la bombilla, el ordenador e incluso el vidrio o la cocina francesa.
Espero no haberte aburrido mucho con esta breve clase de historia, de todos modos los bostezos te delatan huésped, debes de tener sueño pese a que yo me deje casi todo en el tintero. Tranquilo muy pronto podrás dormir
Me parece que quieres beber algo. No hace falta que bebas con tantas ansías. Se nota por tu cara que la simple idea del agua te anima el alma. Bueno no es mucha pero te puedo dar algo. Aquí tienes un tazón de arcilla con agua. Albergo cierta esperanza en que no te moleste su estado marronaceo, es lo mejor que he podido encontrar por la zona. […]
domingo, 9 de diciembre de 2012
Sed roja: Parte I
Os paso uno de los citados sueños fragmentado en varias dosis ;·
Lo dicho, disfrutarlo si les place estimados lectores
*hace reverencias postrándose ante el ordenador*
Estaba corriendo completamente desnudo en un paramo desolado. Con un sol sangrante que coloreaba el cielo de un irreal rojo y caldeaba el aliento del viento hasta límites insospechados. Tanto calor hacia, que la vida era imposible en el desierto en el que me encontraba, ni un solo cactus crecía.
No sé por qué corría, podría ser que huyese o buscase algo, puede que incluso alguien. El caso es que una cosa era segura, llevaba días puede que semanas o incluso meses corriendo sin descanso. Mi piel se había quemado tanto por el camino que ahora estaba bronceada y era completamente insensible al astro rey. Mis labios tenían costras de piel seca alrededor, el sudor le daba un sabor salado a mi piel y el mismo sol agrietaba mi garganta.
Agrietada también estaba la tierra arcillosa que pisaba. Completamente deshidratada por la sequia, las grietas en la tierra describían figuras geométricas caprichosas sobre las que pisaban mis pies.
Unos pies que estaban cansados y mal heridos por el esfuerzo, pero que pese a todo seguían funcionando atenuando el ritmo.
Sin embargo esto no influía al panorama desolador y completamente vacío del desierto agrietado donde me encontraba, vacío en su totalidad por la excepción de un árbol muerto en lo que parecía la cercanía pero realmente era una lejanía insospechada. Ante mi se cernían miles de kilómetros de tierra estéril con un árbol muerto enfrente.
Sin que ninguna de estas condiciones adversas me importase me sentía solo, y completa y gozosamente libre. Sin preocuparme por esas naderías sin importancia. Alegre de poder correr hacia donde quisiera. De hecho lo hacía como un loco. Podía seguir adelante o dar la vuelta cuando quisiera.
El único problema real era mi soledad, quien acompañada únicamente por mi cansancio me incito a parar de correr para caminar. Fue en esta transición cuando trague mi saliva, la que al deslizarse por mi garganta y provocarme dolor me hizo darme cuenta de lo mal que estaba todo.
Estaba hambriento, sediento y cansado. Sin refugio alguno o protección de ningún modo, por no hablar de la imposibilidad de acallar la cantinela de mí estomago. Pero por encima de todo estaba el hecho de estar solo, agobiante y aterradoramente solo.
De repente esa libertad se torno en opresión e indecisión ¿A dónde debería dirigirme? ¿Debería correr o caminar? ¿Qué haría cuando llegase? ¿Y si no llegase? ¿Pasaría algo si me quedase quieto esperando la muerte? ¿Podría conciliar el sueño en ese territorio hostil? ¿Y qué probabilidades de morir tenía si volviese a emprender otra caminata o carrera?
Sin saber cuánto tiempo transcurrió mientras meditaba sobre mis dudas de pie sin que el sol decidiera aflojar una gota de clemencia sobre mí. Fije mi mirada en el suelo, desviándola del astro rey que decidió descargar su ira sobre mi cuerpo. Con cuidado de no apretar los labios para no sentir dolor ni hacer movimientos bruscos que envolvieran a la garganta.
Fue en ese momento cuando vi mi primera comida en mucho tiempo. Entre la tierra había semienterrado un diminuto gusano, más pequeño que mi dedo pulgar. Obviamente en el instante que lo vi no me pare a hacer contemplación alguna. Simple y llanamente me agache en la medida que mis pies me lo permitían, cogí al gusano por la cabeza mientras me miraba atentamente. Y lo introduje en mi boca. Trague sin masticar.
Mala idea. El insecto seguía vivo y decidió reptar por mi boca y esófago. Provocándome cosquillas, seguramente si mi estomago hubiese recibido alimento anterior habría vomitado. Pero por la falta del mismo me limite a toser hasta que el gusano surco el aire del maldito secarral donde me encontraba entre pequeñas gotas de saliva aterrizando en un charquito rápidamente evaporado de babas. Huelga decir, que para cuando llegue el gusano estaba muerto.
De tal manera que recogí el cadáver y por vez segunda lo introduje entre mis dientes. Esta vez masticando y tragando logre llevar alimento a mi ser.
No tarde mucho en sentir que algo me decía que no debí haberlo hecho. Ese algo no era una de esas sensación extrasensorial de las historias baratas de terror, ni el escalofrió que te recorre la espalda, ni el sudor; ni si quiera el mal sabor de boca que me dejo el bicho. Ese algo era más bien alguien. Una voz aterciopelada, perfecta y suavemente modulada que decía que no debí haber ingerido mi último bocado.
Provenía de mi espalda, y con el corazón en un puño, con el dolor de todo mi cuerpo y mis labios ardiendo poco a poco, muy poco a poco como si temiese lo que fuera a ver me gire. Lentamente, con la misma carencia de velocidad que inicie el giro oí un seseo, todo ello para encontrar una enorme serpiente de piel negra, oscura y vetusta erguida detrás de mí.
Aunque el hecho de tener una serpiente desconocida de proporciones difusas y poco descriptibles no era lo que me hizo quedarme paralizado del propio terror. Más bien eran sus ojos, como si fueran dos joyas redondeadas perfectamente negras daban la impresión de haber existido durante evos o milenios. Aún hoy esos ojos negros, profundos y brillantes pueblan mis pensamientos.
En el mismo momento que me vio el reptil, tranquilamente se dio la vuelta sobre su piel negra girando hasta encarar el árbol seco. Comenzando su recorrido, invitándome a seguirla para volver a ver sus ojos.
De modo que fatigado aunque con un interés retomado en la vida en si misma comencé el camino que trazaba mi reptiliana amiga delante de mí.
A medio camino dimos un giro de ciento ochenta grados, en el cual pude ver como unas escamas de piel muerta se quedaban pegadas a la tierra arcillosa que pisábamos. Manteniéndose en todo momento delante y sin dar importancia a si yo la seguía o no, introdujo su boca en un agujero del suelo.
Una madriguera de donde saco un mamífero blanco que engullo sin más detenimientos para proseguir su marcha sin detenerse. Cosa que a mí no me importo y metí la mano en el hogar de las criaturas.
Tarde unos agobiantes y calurosos segundos en dar con uno de ellos, imagino que el único que no estaba aterrado por mis repetidos arañazos en las paredes con las uñas desaliñadas acompañadas de las yemas. Obtuve una diminuta cría de menor tamaño que mi puño, aproximadamente la mitad. Creo que no es necesario decir cuál fue el final del joven conejo, devorada su carne y bebida su sangre mientras aún se movía.
Y después de este ligero tentempié que atenta contra todas leyes civilizadas creadas por el hombre. Repase mis labios heridos; pegajosos y húmedos por la sangre para disponerme a seguir a quien me llevó hasta la comida más decente que había tenido en meses. Ahora que lo pienso me extraña, que no me sorprendiera encontrar vida en aquel páramo muerto.
Curiosamente aunque me pareció que había aumentado su velocidad, pude acortar fácilmente los veinte metros que nos separarían hasta convertirlos en cinco. Siempre mientras ambos continuábamos nuestras marchas constantes, pese a todo yo me mantuve hasta que llegamos a nuestro destino a cinco metros de distancia de mi guía.
Lo dicho, disfrutarlo si les place estimados lectores
*hace reverencias postrándose ante el ordenador*
Estaba corriendo completamente desnudo en un paramo desolado. Con un sol sangrante que coloreaba el cielo de un irreal rojo y caldeaba el aliento del viento hasta límites insospechados. Tanto calor hacia, que la vida era imposible en el desierto en el que me encontraba, ni un solo cactus crecía.
No sé por qué corría, podría ser que huyese o buscase algo, puede que incluso alguien. El caso es que una cosa era segura, llevaba días puede que semanas o incluso meses corriendo sin descanso. Mi piel se había quemado tanto por el camino que ahora estaba bronceada y era completamente insensible al astro rey. Mis labios tenían costras de piel seca alrededor, el sudor le daba un sabor salado a mi piel y el mismo sol agrietaba mi garganta.
Agrietada también estaba la tierra arcillosa que pisaba. Completamente deshidratada por la sequia, las grietas en la tierra describían figuras geométricas caprichosas sobre las que pisaban mis pies.
Unos pies que estaban cansados y mal heridos por el esfuerzo, pero que pese a todo seguían funcionando atenuando el ritmo.
Sin embargo esto no influía al panorama desolador y completamente vacío del desierto agrietado donde me encontraba, vacío en su totalidad por la excepción de un árbol muerto en lo que parecía la cercanía pero realmente era una lejanía insospechada. Ante mi se cernían miles de kilómetros de tierra estéril con un árbol muerto enfrente.
Sin que ninguna de estas condiciones adversas me importase me sentía solo, y completa y gozosamente libre. Sin preocuparme por esas naderías sin importancia. Alegre de poder correr hacia donde quisiera. De hecho lo hacía como un loco. Podía seguir adelante o dar la vuelta cuando quisiera.
El único problema real era mi soledad, quien acompañada únicamente por mi cansancio me incito a parar de correr para caminar. Fue en esta transición cuando trague mi saliva, la que al deslizarse por mi garganta y provocarme dolor me hizo darme cuenta de lo mal que estaba todo.
Estaba hambriento, sediento y cansado. Sin refugio alguno o protección de ningún modo, por no hablar de la imposibilidad de acallar la cantinela de mí estomago. Pero por encima de todo estaba el hecho de estar solo, agobiante y aterradoramente solo.
De repente esa libertad se torno en opresión e indecisión ¿A dónde debería dirigirme? ¿Debería correr o caminar? ¿Qué haría cuando llegase? ¿Y si no llegase? ¿Pasaría algo si me quedase quieto esperando la muerte? ¿Podría conciliar el sueño en ese territorio hostil? ¿Y qué probabilidades de morir tenía si volviese a emprender otra caminata o carrera?
Sin saber cuánto tiempo transcurrió mientras meditaba sobre mis dudas de pie sin que el sol decidiera aflojar una gota de clemencia sobre mí. Fije mi mirada en el suelo, desviándola del astro rey que decidió descargar su ira sobre mi cuerpo. Con cuidado de no apretar los labios para no sentir dolor ni hacer movimientos bruscos que envolvieran a la garganta.
Fue en ese momento cuando vi mi primera comida en mucho tiempo. Entre la tierra había semienterrado un diminuto gusano, más pequeño que mi dedo pulgar. Obviamente en el instante que lo vi no me pare a hacer contemplación alguna. Simple y llanamente me agache en la medida que mis pies me lo permitían, cogí al gusano por la cabeza mientras me miraba atentamente. Y lo introduje en mi boca. Trague sin masticar.
Mala idea. El insecto seguía vivo y decidió reptar por mi boca y esófago. Provocándome cosquillas, seguramente si mi estomago hubiese recibido alimento anterior habría vomitado. Pero por la falta del mismo me limite a toser hasta que el gusano surco el aire del maldito secarral donde me encontraba entre pequeñas gotas de saliva aterrizando en un charquito rápidamente evaporado de babas. Huelga decir, que para cuando llegue el gusano estaba muerto.
De tal manera que recogí el cadáver y por vez segunda lo introduje entre mis dientes. Esta vez masticando y tragando logre llevar alimento a mi ser.
No tarde mucho en sentir que algo me decía que no debí haberlo hecho. Ese algo no era una de esas sensación extrasensorial de las historias baratas de terror, ni el escalofrió que te recorre la espalda, ni el sudor; ni si quiera el mal sabor de boca que me dejo el bicho. Ese algo era más bien alguien. Una voz aterciopelada, perfecta y suavemente modulada que decía que no debí haber ingerido mi último bocado.
Provenía de mi espalda, y con el corazón en un puño, con el dolor de todo mi cuerpo y mis labios ardiendo poco a poco, muy poco a poco como si temiese lo que fuera a ver me gire. Lentamente, con la misma carencia de velocidad que inicie el giro oí un seseo, todo ello para encontrar una enorme serpiente de piel negra, oscura y vetusta erguida detrás de mí.
Aunque el hecho de tener una serpiente desconocida de proporciones difusas y poco descriptibles no era lo que me hizo quedarme paralizado del propio terror. Más bien eran sus ojos, como si fueran dos joyas redondeadas perfectamente negras daban la impresión de haber existido durante evos o milenios. Aún hoy esos ojos negros, profundos y brillantes pueblan mis pensamientos.
En el mismo momento que me vio el reptil, tranquilamente se dio la vuelta sobre su piel negra girando hasta encarar el árbol seco. Comenzando su recorrido, invitándome a seguirla para volver a ver sus ojos.
De modo que fatigado aunque con un interés retomado en la vida en si misma comencé el camino que trazaba mi reptiliana amiga delante de mí.
A medio camino dimos un giro de ciento ochenta grados, en el cual pude ver como unas escamas de piel muerta se quedaban pegadas a la tierra arcillosa que pisábamos. Manteniéndose en todo momento delante y sin dar importancia a si yo la seguía o no, introdujo su boca en un agujero del suelo.
Una madriguera de donde saco un mamífero blanco que engullo sin más detenimientos para proseguir su marcha sin detenerse. Cosa que a mí no me importo y metí la mano en el hogar de las criaturas.
Tarde unos agobiantes y calurosos segundos en dar con uno de ellos, imagino que el único que no estaba aterrado por mis repetidos arañazos en las paredes con las uñas desaliñadas acompañadas de las yemas. Obtuve una diminuta cría de menor tamaño que mi puño, aproximadamente la mitad. Creo que no es necesario decir cuál fue el final del joven conejo, devorada su carne y bebida su sangre mientras aún se movía.
Y después de este ligero tentempié que atenta contra todas leyes civilizadas creadas por el hombre. Repase mis labios heridos; pegajosos y húmedos por la sangre para disponerme a seguir a quien me llevó hasta la comida más decente que había tenido en meses. Ahora que lo pienso me extraña, que no me sorprendiera encontrar vida en aquel páramo muerto.
Curiosamente aunque me pareció que había aumentado su velocidad, pude acortar fácilmente los veinte metros que nos separarían hasta convertirlos en cinco. Siempre mientras ambos continuábamos nuestras marchas constantes, pese a todo yo me mantuve hasta que llegamos a nuestro destino a cinco metros de distancia de mi guía.
Declaración de intenciones oníricas
Uff parece que tengo esto más abandonado que nunca
Desde Agosto sin dar señales de vida, paradójicamente ahora también escribo más que nunca.
¿será por los exámenes?
¿o puede que sea por que ahora escribo en un cuaderno para no acercarme insanamente al ordenador?
¿qué me decís de la posibilidad de que el culpable de tamaño crimen sea simplemente que ni yo me meto por este blog?
Aunque también puede que nada de este este ocurriendo y todo sea un sueño.
Sueños.
De eso mismo os quería hablar, esas imágenes que vierte nuestro inconsciente en nuestra mente cuando dormimos. Se infiltran entre nuestros nervios con el objetivo de desdibujar lo que llamamos realidad para dibujar ellos mismos otro mundo alternativo. Un paisaje nuevo con toda su fauna y flora propias. Un castillo del más puro cristal que refleje los rayos del sol o un universo que refleje nuestra vida cotidiana como un espejo.
Este monologo improvisado se debe en parte a que lo único que encuentro por el ordenador son sueños que he ido escribiendo, y en parte a que los escribí pensando en su futura publicación por estos lares del ciberespacio.
Así que de momento seguiré publicando sueños, pero esta vez creo, espero que mucho mejor escritos que el anterior.
Disfrutarlos si queréis, compartirlos con vuestros amigos (o enemigos si no os ha gustado) pero sobre todo no os olvidéis de que un blog realmente vive a través de los comentarios y suscripciones.
Desde Agosto sin dar señales de vida, paradójicamente ahora también escribo más que nunca.
¿será por los exámenes?
¿o puede que sea por que ahora escribo en un cuaderno para no acercarme insanamente al ordenador?
¿qué me decís de la posibilidad de que el culpable de tamaño crimen sea simplemente que ni yo me meto por este blog?
Aunque también puede que nada de este este ocurriendo y todo sea un sueño.
Sueños.
De eso mismo os quería hablar, esas imágenes que vierte nuestro inconsciente en nuestra mente cuando dormimos. Se infiltran entre nuestros nervios con el objetivo de desdibujar lo que llamamos realidad para dibujar ellos mismos otro mundo alternativo. Un paisaje nuevo con toda su fauna y flora propias. Un castillo del más puro cristal que refleje los rayos del sol o un universo que refleje nuestra vida cotidiana como un espejo.
Este monologo improvisado se debe en parte a que lo único que encuentro por el ordenador son sueños que he ido escribiendo, y en parte a que los escribí pensando en su futura publicación por estos lares del ciberespacio.
Así que de momento seguiré publicando sueños, pero esta vez creo, espero que mucho mejor escritos que el anterior.
Disfrutarlos si queréis, compartirlos con vuestros amigos (o enemigos si no os ha gustado) pero sobre todo no os olvidéis de que un blog realmente vive a través de los comentarios y suscripciones.
lunes, 20 de agosto de 2012
Marea roja - Un sueño del caminante
Disculpad mi falta de actividad últimamente, es que pese a estar de vacaciones sigo sin tener un minuto. De modo que al noche y el sueño es de lo poco que me queda. Curioso ¿no?
Especialmente curioso después del sueño que tuve anoche y os he transcrito por aqui, disfrutarlo, leerlo (si podéis y como siempre me interesa vuestra opinión
Especialmente curioso después del sueño que tuve anoche y os he transcrito por aqui, disfrutarlo, leerlo (si podéis y como siempre me interesa vuestra opinión
Estoy flotando en una piscina inmensa llena de un líquido
rojo. Parecido a lo que podría ser agua con arcilla, similar a la sangre pero
sin sus olores ni su tacto.
Me encuentro haciendo el muerto, tumbado bocarriba mirando
al cielo. Un cielo rojo y anaranjado sacado de la más vivida ensoñación. Mis
manos están estiradas al igual que mis pies, de tal forma que da la impresión
que estoy crucificado.
La única diferencia con la crucifixión es que yo tengo
libertad de movimiento para poder impulsarme con mis brazos como de hecho hago.
Me impulso suavemente, sin apenas esfuerzo dejando que el líquido rojizo fluya
entre mis manos y acaricie mi cuerpo desnudo.
Cuerpo que no es el que suelo ver, de un color rojo
profundamente oscuro es salpicado por el fluido que lo rodea y se vuelve más
oscuro en cada impulso; en cada salpicón y humedecimiento de la piel.
No sé cuánto tiempo transcurre hasta que simplemente me canso
de impulsarme, siempre mirando hacia arriba. De forma que vuelvo a hacer el
muerto, disfrutando de la sensación de relax que produce en mi.
Al rato de disfrute y distensión muscular y mental. Algo
aferra mi mano derecha. Dándole un fuerte tirón hacia abajo.
Tampoco sé cómo, pero llego a la conclusión de que esa mano
negra no es otra cosa que la locura. Locura que me sumerge en el agua, al
principio sin introducir mi cabeza.
Hasta que encuentro placentera también esta postura pese a
lo violenta y tensa que hay en ella. Y de repente, el estirón de la mano
aumenta de intensidad. De forma que sumergida queda de igual forma que el resto
de mi cuerpo mi cabeza.
Pese a todo sigo encontrando relajante y gozosa esta
situación, permitiendo que esa mano negra me empuje hacia abajo sin que yo
muestre ninguna resistencia. Aunque por mucho que tire no llega a hundirme
completamente, es como si me quisiese flotando a un centímetro de la
superficie, igual que un juguete de plástico que se encuentra a la deriva
pasivamente o como una bolsa del mismo material.
De repente mi mente vuelve a reaccionar, y me percató de la
autentica situación. Del peligro que corro, así que rápidamente intento salir
de mi sesión de buceo involuntaria con mi brazo izquierdo por ser el único que
puedo mover. El cual se había vuelto de un blanco brillante en contraste con el
derecho que ahora era una luz negra.
Sigo sin ser capaz de asimilar como logré emerger a la
superficie. La cosa es que cuando lo hice jadeante y echando el agua rojiza por
la boca mi primer impulso es nadar hacia la orilla. Impulso que más tarde es
corroborado por el despertar de mis sentidos. Quienes me gritan que ese olor,
sabor y tacto es el de la sangre.
Otra falta de pensamiento lógico se encuentra a como llegue
a subir al bordillo de la piscina y lo que vi una vez me encarame y me senté en
él. Mi cuerpo empapado de sangre e incluso pegajoso no tenía fuerzas para salir
corriendo, ni si quiera para girar la cabeza y apartar la vista de lo que ella
captaba. Incluso me costó darme cuenta de que mis brazos volvían a tener el
mismo color que el resto del cuerpo.
Ante mi se encontraban dos copias exactas de mi mismo, desprovistas
de pelo alguno. Una completamente negra salvo sus ojos y sus afilados dientes
(mejor dicho fauces) del más brillante de los blancos. Mientras que la otra era
su antítesis, completamente blanca y con ojos y fauces de un negro casi
luminoso.
Ambas se encontraban peleando y nadando en la piscina. Hasta
que se abrazaron mutuamente en el centro exacto de ella. Y se mantienen en el
aire durante unos cinco segundos. Durante los cuales la figura negra aprovecha
para morder el hombro derecho de su enemiga.
Cuando vuelven a surgir en medio de chapoteos violentos y
furiosos en agua de la piscina de
sangre. Pude ver como ambas figuras se estaban devorando mutuamente. Dejando
ver su musculatura palpitante por medio de zonas sin piel, que había sido
arrancada de su correspondiente lugar.
Apenas unos breves instantes duro esta imagen, por que
volvieron a sumergirse mientras hundían sus bocas en el cuerpo de sus enemigos
desgarrando carne. Pasaron unos minutos, no sé si muchos o pocos, hasta que me
percate de que ambos estaban muertos y no respirarían más.
Un parpadeo después y lo único que se, es que yo había
vuelto a hacer el muerto en la piscina. Esta vez, mientras trozos de carne,
torax y huesos salían a la superficie a mi paso.
Mientras mi única certeza es que yo estaba vivo y respirando, además de disfrutando
Mientras mi única certeza es que yo estaba vivo y respirando, además de disfrutando
lunes, 23 de enero de 2012
Madness: Presentación
La luna entraba serenamente por la ventana. Iluminando la
estancia y aportando un blanquecino y bello tono a los objetos. Era precioso como la luz
jugaba con la pecera dispuesta en la mesa central.
Las velas diseminadas por el resto del salón otorgaban un
resplandor cálido que se había conseguido media hora antes apagando las
lámparas del techo. Hacía rato que la cena había terminado.
Una bella balada sonaba y recorría la habitación.
Impregnándola de sentimientos prohibidos, y placer.
En la habitación de al lado se encontraba David, esperando
una cita que había concertado por internet. Aunque hacía ya media hora que
debía haber llegado ahí solo estaban los restos de la cena que había preparado,
sus peces y la pantalla del ordenador que le devolvía el reflejo lastimero y
agotado.
No era la primera vez que le pasaba. Y bien mirado le habían
pasado cosas peores, como la vez que acabo saliendo con ese travesti tailandés,
o cuando la “joven e inteligente” muchacha resulte ser una mujer de ochenta
años analfabeta.
Bueno, lo mejor que podía hacer era poner la tele un rato a
ver si se distraía.
Fue justo entonces cuando tocaron al timbre.
David, emocionado no pudo reprimir una sonrisilla de alegría
y salió corriendo como un perrito en dirección a la manivela de la puerta.
Cuando, abrió se dio cuenta de que el travesti tailandés
había sido incluso mejor que eso. Mitad lobo y mitad humano. Un monstruo entró
en la casa. No tardo ni cinco minutos en dar cuenta de su cena.
En cuanto entro, se desenvolvió en una maraña de giros
carmesí salpicando el felpudo del
recibidor. Y con David aún con vida lo cogió de una pierna, introduciendo sus
garras en la carne del muchacho como quien parte un trozo de tarta. Y lo llevo
a rastras hasta el salón golpeándole la cabeza en un par de esquinas del
pasillo y contra el marco de la puerta. Lo que hizo del recorrido un rojizo
sendero salpicado de sangre y contusiones varias.
Una vez en el salón con el pelaje manchado de sangre. Esbozo
una sonrisa que permitió que un tufillo a descomposición asomara por entre sus
dientes, largos, blancos como el marfil y afilados como una motosierra.
El pobre humano que se encontraba bajo sus pies estaba al
borde de un ataque de pánico. Tanto que creo que si el lupino lo hubiera
soltado en ese momento. Se hubiera puesto a dar vueltas sobre sí mismo, dándose
de golpes contra la pared intentando encontrar la puerta.
El hombrecillo era realmente penoso, una especie de
sustancia mocosa goteaba de su nariz y algo parecido a agua de sus ojos. Aun no
sé cómo no se le pudo quitar el apetito a la bestia furiosa que tenia encima.
Pero parece que la bestia no estaba por dejar escapar un
ápice de clemencia.
No tardo mucho en hundir sus garras sobre el vientre de su
cena. Lo que provoco al instante un par de toses que escupieron sangre y que la
maraña de pelo se viese cubierta de vísceras, sangre y una sustancia marronacea
mal oliente que hace menos de un minuto habían pertenecido a un humano.
Por su parte uno de los ojos se le había escapado de las
garras cuando decidió sacarlo poco a poco del cadáver. Y justo cuando fue a
ejercer el último esfuerzo para separar la sustancia pegajosa que es el nervio
óptico. Se le escapo y acabo en la pecera.
La cara del cadáver estaba desfigurada y se parecía más un
montón de carne picada malamente pegada a unos huesos que se dejaban entrever.
Coloreados por la sangre y en su minoría ocultados por restos de girones
musculares.
Después de terminar su banquete, el hombre lobo volvió a
sonreír, había disfrutado mucho separando la piel del cuerpo y comiéndosela
poco a poco. Para divertirse un poco más rompió la espalda del muerto, de forma
que parecía como si estuviera de rodillas.
Miro a la luna y no pudo reprimir una sonora carcajada
entremezclada con un aullido. Ella seguía tan serena como antes de que él
entrara por la puerta.
martes, 3 de enero de 2012
Eiloc: Cap 2) Presentación de camtahaliönN 4º Parte
Después de
unas agónicas pesadillas que le trajeron un mal descanso y un extraño dolor
general. El futuro Camthaliön se despertó, y se encuentro en una diminuta
cabaña en un bosque, postrado en una cama y con vendajes en todo su cuerpo.
Todo le daba
vueltas y una extraña luz desdibujaba todas la figuras a su alrededor. Como
consecuencia tenía un dolor de cabeza como si una manada de elefantes hubiera
pisoteado su cerebro y como premio se hubieran paseado por su cuerpo para
rematarlo.
Pudo advertir
como una figura negra se giraba para poder verlo. Pero las fuerzas le
flaquearon en ese punto y volvió a ser presa del sueño y la inconsciencia.
A continuación
y como fin a otro “alegre y ecuestre” tour por sus mundos del sueño. Pudo
volver a abrir los ojos y esta vez encontró la cara de un anciano mirándole fijamente
y ofreciéndole una taza de algo humeante.
-
….
–el joven intentó decir algo pero por algún motivo no sentía las cuerdas
vocales ni los labios-
-
Chissst
–dijo el viejo- tranquilo te he ahorrado la molestia de intentar hablar y
acabar gritando de dolor, te he aplicado unos hechizos curativos y he
anestesiado tu aparato fonador durante un tiempo.
El viejo no
debió de percatarse de la cara del muchacho o si lo hizo no decidió hacerle
caso. En estos momentos le estaba dedicando una poderosa mirada de odio y en
cierto punto extrañeza.
Pasaron cinco
aburridos días 1 en los cuales el chico poco a poco fue recuperando la
vitalidad y la energía gracias a los modales del viejo. Eso si estaban famélicos,
los dos el viejo parecía seguir una estúpida dieta a base de pan y agua y
cuando llevas sin cocinar vete tú a saber cuándo. Es normal que pierdas
facultades y cometas deslices alimentados a enfermos2.
1. Creerme si
que fueron aburridos, al chico no paraba de dolerle la cabeza y se pasaba prácticamente
el día y la noche durmiendo. Mientras que el viejales no es que fuera precisamente
el alma de la fiesta…
2. “Pequeños”
deslices como que se te olvide cocinar la carne. No le quites las raspas al
caldo de pescado, o mi favorito. Adereces los pescados con tierra. Bueno, él dirá
que no lo hizo a posta, pero al quinto día se le cayó un pescado a la tierra y
se lo dio con cierta malicia al enfermo… eso sí después le comento el incidente
y el por qué de ese sabor tan peculiar. Afortunadamente seguía con la garganta
anestesiada y no podía moverse excesivamente.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Historias de la ciudad: cap 3) Belbeth 1ª Parte
Las llaves sonaron a través de la puerta del piso. Ella, pese a estar acostumbrada a oír ese sonido, no pudo evitar que su pie derecho diera un instintivo paso hacia atrás, que sus ojos se empañaran y tuvo que tragar saliva para intentar deshacer el nudo creado en su garganta.
Como cada noche él llegaba a casa, creyéndose un luchador, con los pantalones medio caídos y la camisa a cuadros empapada de grasa de salpicaduras de aceite frito. Su boca olía a ginebra y su cuerpo olía mal.
La pobre mujer no pudo hacer otra cosa que no fuera arrinconarse, temblando en una esquina de la habitación. De forma que acabo pegada al marco de la puerta de entrada y la pared, provocando que la puerta no pudiera abrirse completamente, al igual que hace tiempo que nada le iba completamente bien.
De repente, la puerta le golpeó, la cara provocando que la superficie de la manera se tiñera de un rojo oscuro y la cara de la víctima de rojo y granate.
- ¡María, zorra cruel! –gritó el hombre- ¡Sal de una vez que te vea, puta!
- V… vo… voy mi amor –respondió una vocecilla trémula detrás de la puerta al tiempo que se apresuraba por colocarse delante de su interlocutor-.
Una vez que la lastimosa fémina estuvo delante del borracho. Este último levanto la mano y la cogió de los pelos. La atrajo hacia él, como si fuera el centro mismo del universo, como si quisiera hacerle sufrir por no poder rellenar su falta de autoestima.
Este no hizo otra cosa si no levantarle la mano y pegarle otra bofetada de tantas. El cuerpo de María estaba lleno de diferentes hematomas, golpes y contusiones y de distintos colores desde el morado hasta el amarillo.
Después le aparto del rostro con sus manos sucias un mechón de pelo que se había apelmazado por el sudor y la sangre que broto con el golpe de la puerta. Le estiro del propio mechón hasta arrancárselo y dijo:
- ¡Te tengo dicho que me tengas la cena caliente cuando venga! –grito al mismo tiempo que pisaba los cabellos arrancados- Trabajo como un esclavo todo el día y después de venir de los amigos, quiero la cena caliente en mi casa.
A continuación de tomar la cena calentada en el microondas y con María a su lado. Cogió un cenicero de la mesita de madera negra del comedor y lo tiro al suelo con tan mala intención, que fue directo al pie de su mujer-esclava.
Definitivamente ese patán se creía un luchador, eso sí era un luchador borracho y despreciable, sin honor. Un desertor de la humanidad.
Más tarde, cuando la pobre muchacha se pudo vendar el pie en el cuarto de baño. El agresor la asió del brazo y le intento susurrar al oído:
- Vamos a la cama –recalquemos el intentó por que con su asqueroso olor a tabaco y alcohol, unido a las botellas que se había tomado casi grito lo que Maria no había gritado cuando le golpeó el cenicero-.
Una vez dicho esto estiro de la desgraciada en dirección al dormitorio, mientras esta gimoteaba y ya en la puerta del dormitorio decía:
- Una, vez más mi amor no –en este punto se le quebró la voz y una lagrima surco su rostro-. Por favor…. Los niños duermen, una vez más n….
- ¡Cállate zorra! -gritó su verdugo pegándole una bofetada- ¡¡ Eres mía, sabes, y harás lo que yo te diga!!
martes, 1 de noviembre de 2011
Historias de la Ciudad: Cap 2): matt: ultima parte del cap.
Al día siguiente, cuando Matt; cartera en hombros terminó de bajar los escalones de su piso con un mohín de tedio y asco. No tardo más de unos segundos en cambiar su cara de rutina y monotonía a una más dinámica y alegre.
A fin de cuentas la ocasión lo merecía, bien pensado Larissa no era tan mala, y era poco probable que fuera una psicópata 1. ¿No había sido ella alguien que le ayudo a levantarse? ¿No había sido ella alguien quien no lo golpeo por primera vez en el instituto?
Visto así, se podría considerarla como alguien cercana a la amistad. Mejor dicho, se podría considerar a Larissa como su mejor amiga... Perspectiva que aunque no le agradaba excesivamente al chaval, le animo a abrir la puerta del portal, deseoso de encontrarse con su nueva amiga.
El chasco que se tuvo que llevar al no ver a nadie en su puerta tuvo que ser monumental. La cara de desilusión fue épica. Paso en un instante de estar imaginándose un noviazgo con la muchacha y pasar el resto de su vida juntos 2, a imaginarse pasando el resto de su vida insultándola o en el cementerio.
El caso es que el ibuprofeno 3 debería estar haciendo efecto. Porque al rato las neuronas del chico se encontraban trabajando afanosamente reconstruyendo sus fantasia. Lo que resulto en un empanamiento tal que a su vez desencadeno en que la vecina octogenaria del cuarto regase a Matt con la tierra de sus geranios y lo humedeciera con la regadera de turno.
De esta guisa se lo encontró Larissa dos minutos después. Empapado y lleno de barro hasta las cejas 4. Como es natural no puedo evitar cachondearse de él:
-¿De dónde sales, monstruo del lago? –dijo Larissa con una imaginación digna de un borracho-.
-Ja,ja .dijo agriamente Matt- Pues que sepas que si hubieras venido antes no estaría calado y embarrado con mis treinta y ocho y medio de fiebre.
-¿Treinta y ocho y medio? –Preguntó preocupada- Menos que me he retrasado en casa.
Y hurgando en la mochila para luego decir:
-Toma te sentara bien. Me la iba a reservar para la clase de matemáticas, pero si quieres puedes tomar algo.
-¿Qué es?- pregunto el chico-.
-Corteza de sauce, mejor dicho, infusión de corteza de sauce. Te sentara bien.
-¿Lo qué? ¿Tú me quieres envenenar? –dijo dando rienda suelta a su paranoia-
-Bah si no quieres me lo guardo –respondió Larissa recogiendo el termo-
¿Y cómo no? El camino al instituto volvió a transcurrir con los incidentes habituales. Aunque en esencia el día había resultado beneficioso para ambos. Matt no había recibido más de dos palizas y Larissa se sentía orgullosa de su infusión de sauce.
Así que con esto os podéis hacer más o menos una idea de la rutina de estos dos. Así que si queréis algo más de información sobre ellos podéis imaginárosla.
1: Recalquemos el poco probable. Que se filtro en los pensamientos del chaval, creo importante decir que por esa razón introdujo un cuchillo de la cocina en su mochila… de todos modos no iría a gran sitio con eso. Había cogido uno de untar mantequilla sin darse cuenta.
2: Probablemente producto de su calenturienta imaginación, ya de por si fuerte, y ahora disparada por el catarro que pilló esa noche por haber dormido destapado.
3: Más bien el chorrito de alcohol que su padre deslizo en su zumo de naranja pensando que era su coctel matutino.
4: Literalmente. No me alegro de que no llevara gafas. Podrían haberse roto.
sábado, 22 de octubre de 2011
Historias de la ciudad Cap 2: Matt 4ª Parte
El camino a casa transcurrió sin ningún accidente que no fuera memorable.
La primera metedura de pata por parte Matt, fue cuando pusieron un pie en la puerta que delimitaba el instituto con la acera. No se dio cuenta de que había pisado el cordón de la bota militar izquierda de Larissa, lo que provoco la caída de la chica. Y Matt, que seguía aferrado a la idea de que tenía una asesina en serie a su lado intento echar a correr pensando que había dejado noqueado a un peligro social.
Personalmente me inclino a creer que fue la milésima de segundo que dedicó el chico a sus paranoias. El tiempo que usó Larissa para agarrarlo por el tobillo de la pierna derecha y (creo que sin darse cuenta) colocarlo prácticamente de forma paralela a la acera retorciéndolo.
-****** 1 – grito Matt como si le estuvieran matando-.
-Perdón, perdón, perdona –dijo Larissa acercándose ipso facto a Matt-.
-¡¿Qué te perdone?! –Chilló Matt intentando arrastrarse por el suelo, lo que hizo aún más ridícula y patética su situación- ¡Después de la hostia que me he pegado, serás zorra!
-¡Eh que yo no te insultado, cacho cabrón! –Respondió Larissa para seguir gritando- ¡Además que seas un marginado que no sabe como andar no es culpa mía!
Después de lo que podríamos llamar intercambiar opiniones de una forma más o menos pacifica 2. La muchacha gótica decidió dejar a un lado las discusiones y se acerco al chaval para permitirle apoyarse en su hombro derecho 3.
El siguiente incidente fue cuando los amigos se encontraban andando por la mitad de un paso de cebra (bueno, cojeando). Una de las tiras de cuero de la chaqueta de Larissa, se enrosco al brazo de Mattt, como si de una serpiente se tratara. Y para colmo coincidió ese momento con un coche que decidió saltarse el semáforo.
Resultado nueva caída y rotura de una carísima cazadora de cuero negra, que ahora era poco más que cuero sin consistencia, amén de otro intercambio de opiniones sobre el gremio de sus parientes y la inteligencia de su interlocutor.
Cuando llegaron a la puerta de la casa de Matt, Larissa dijo con voz firme y dirigente:
-Mañana aquí a las siete y media para ir al instituto
-Per… -intento decir Matt, antes de darse cuenta de que se había quedado embobado viendo como se apartaba Larissa-.
1: Esta serie de amables asteriscos sustituyen una lluvia de insultos demasiados rudos hasta para este lugar.
2: Vamos… lo que llaman los políticos resoluciones diplomáticas… solo que estas no tenían bombas… se apañaban bien las palabras.
3: Lo cual creo que para ser un individuo humano es bastante loable. Después de haberte comido el suelo (me extraña que no le quedaran las marcas de las baldosas como si fueran un tatuaje), y de que te insulten, vas y ayudas a levantarse y caminar al culpable de ello.
4: Cabe destacar que con la chupa de cuero raída daba miedo, no, pavor. Y Mattt se sentía claramente inferior, al tener el tobillo torcido y numerosas magulladuras por todo el cuerpo.
martes, 30 de agosto de 2011
historias de la ciudad: Matt 2ª cap 1ª parte
Mi cama está deshecha: sábanas en el suelo
y frazadas dispuestas a levantar el vuelo.
La muerte dice ahora que me va a hacer la cama.
Le suplico que no, que la deje deshecha.
Ella insiste y replica que esta noche es la fecha.
Se acomoda y agrega que esta noche me ama.
[…] 1
y frazadas dispuestas a levantar el vuelo.
La muerte dice ahora que me va a hacer la cama.
Le suplico que no, que la deje deshecha.
Ella insiste y replica que esta noche es la fecha.
Se acomoda y agrega que esta noche me ama.
[…] 1
Una figura oscura se cernía como un lobo sobre su presa, sobre el papel. Iluminada únicamente por una vela posada sobre el suelo, a una distancia prudencial de la persona que estaba afanada escribiendo, tumbado boca abajo. Esperando las instrucciones que le llevarían a escribir y hacer lo que debía, las instrucciones de lo que él llamaba: El cuarteto de las sombras.
<< Ya nada tiene sentido. La muerte me llama. Bien pensado es como tomar un largo sueño ¿no? No deja de ser algo inevitable, así que ¿por que no lo podría adelantar?>>
<< No seré el primero en hacerlo, Kurt, Marylin, Jim Morrison hasta la mismísima Cleopatra, se han suicidado. Visto así, al menos muerto tendré más amigos que vivo. Además, tomar Valium no es doloroso ¿verdad? … Eso es lo que decían los tíos de Internet>>
<< A fin de cuentas, la luz de mi vida se ha apagado y el único refugio que me queda es la oscuridad. Abandonarme al sueño, eterno, porque soñar es una necesidad del ser humano. ¿No soy acaso alguien que vive en un laberinto de sombras, buscando la salida de su soledad?>>
<< La oscuridad es quien debe acompañarme en mi camino de soledad hasta llegar a encontrarme con mi destino implícito. La oscuridad es mi camino, y las tinieblas del laberinto mi trono, mientras que la sabia y antigua muerte es mi consejera>>
<<Por eso, espero que vosotros, los lectores a los que va dirigida esta carta, no os alarméis, porque vuestro, hijo, hermano o amigo, muera. Habrá terminado con su sufrimiento, rozado con sus labios la bella muerte y trascendido a los idiotas que pueblan este mundo>>
<<Así que no quiero llantos, cuando veáis que las dos botellas de vodka de papá, han desaparecido. Ni cuando veáis que tres de las cinco cajas de Valium de mamá han salido fuera del estante de las medicinas para dormir>>
<<Solo quiero, risas, las risas que sé que mi muerte os producirá. ¡Imaginarlo! Os quitareis de en medio un gran inútil de encima, un grave caso de idiotez aguda. Además dejareis de pagar la comida y la manutención de “ese ser oscuro que se encierra en su habitación viendo películas antiguas y leyendo a Anne Rice”>>
Esperando encontrar a la hermana del sueño pronto:
Matt
Cuando, el chico, de unos quince años. Termino de escribir esta estúpida carta 2. La colocó cuidadosamente sobre un tapete, blanco, en el salón de estar asegurándose que sus padres la vieran al día siguiente cuando desayunaran.
Acto seguido, cogió una chaqueta de cuero negro 3, se ajusto unas muñequeras y pulseras “de pinchos”, arremangó la camiseta negra de manga larga con rayas rojas al final de estas. Se calzo unas botas negras, que más bien parecían ortopédicas. Y no olvido coger una bolsa de plástico (que probablemente saco del supermercado de barrio más cercano), en la que guardaba celosamente sus cajitas de medicamento para el “sueño eterno” junto a dos botellas de vodka para asegurarse esa eternidad.
A partir de ese punto, lenta, pausada y tranquilamente comenzó a avanzar por la casa hasta llegar a la puerta de madera que flanqueaba con el pasillo comunal del bloque de pisos. Ahora, tendría que darse prisa, o su (brillante si le preguntas a él, estúpido si me consultas a mi) plan, acabaría frustrado. Debía afinar su oído y sutileza, para encajar la llave y quitar el pestillo, que lo separaba de su deseada amante.
Estuvo a puntito de permitirse el lujo de tantear entre el plato que usaba su familia para colocar las piezas de metal que, como si fueran esclavos abrirían las puertas de la casa. Como consiguiente, decidió, esperar unos minutos insoportables a que su vista se acostumbrara a la oscuridad, y pudiera coger la llave necesaria para abrir la puerta.
Después de hacer sus ojos a la oscuridad. Conteniendo la respiración, cogió unas llaves con un llavero en forma de bola de billar. Entonces, suavemente, sin dejar que su miedo o ansia le dominasen, tiró de ellas. Pero ¡horror! Alguien había colocado las llaves de su madre encima. Al ver y sentir esa pequeña oportunidad de que su “meticuloso” plan se fuera al garete. Sin poder contener los nervios estiro de la bola de billar, para permitir a las llaves de su madre, caer al solo, tintineando y armando el (según él) mayor de los estrépitos.
En ese instante el terror lo domino. No fue capaz de evitar soltar un poco sonoro:
-Mierda.
Y pensando que todo estaba perdido, después de varios intentos en la penumbra. Quitó es pestillo de la puerta. Y salió corriendo a la desbandada al falso amparo de la noche.
1 Óscar Hahn
2 Ni que fuera su testamento, ahora mismo se encontraba patéticamente llorando sobre ella, y emborronando la caligrafía que con tanto esmero había trazado.
3 Nunca pensé que me gustaría la ropa de un suicida/gótico/emo en potencia. Felicidades idiota, estas un poco más cerca de caerme bien.
sábado, 27 de agosto de 2011
Eiloc: Presentacion de Camthaliön 4ª Parte
A los cinco minutos, el miedo de los adultos era palpable en el aire. No es que temiesen que la mujer les hechizara, o robara a sus niños. A fin de cuentas eran relativamente normales las brujas que pasaban por la ciudad y no se molestaban en usar sus poderes. El problema radicaba en que en el fondo temían a lo desconocido. Y ellos acaban de ver magia en acción. Que por muy débil que fuera siempre necesita concentrar altos nivel de energía para trastocar la realidad.
Y es que en un pueblo acostumbrado a las supersticiones. No pasa por alto el aullido de los perros, en la medianoche, ni el vuelo de los cuervos en forma de uve, como tampoco permite que los gatos negros pueblen sus calles. Razón, por la cual esta vez tampoco lo tacho de paparruchas.
Los perros, entonaron su canción. Los cuervos se elevaron de los pegajosos campos de malvas que son los cementerios. Y los gatos negros salieron a las calles.
¡Imaginad el revuelo montado! Tenemos varios ignorantes intentando pasar a la acción de la forma más organizada posible, correteando de un lado a otro, santiguándose y buscando la Iglesia más cercana. La muerte sobrevolaba los edificios de la ciudad. Ningún lugar estaba a salvo, los campanarios tañían sus campanas, al son del fuego iniciado a la desbandada por los campesinos.
Los rumores se propagaban al ritmo del fuego, mientras uno lamia y destruía las casas hace poco serenas. Los otros, no lograban ponerse de acuerdo en cuan de espantosa era la mujer. Unos decían que era hija del mismísimo Satanás, mientras que los otros hablaban de una trágica historia de amor que acabo con la muerte de la joven, dándole poderes de ultratumba para consolidar su venganza y desfigurando su rostro cada luna llena.
Los durmientes, salieron del amparo del hogar a las frías aceras, aún en camisón, y los que pudieron con algo de ropa o dinero encima. Los llantos de los niños y las mujeres rasgaban el cielo como si se tratasen de saetas. Más de un pequeño murió asfixiado por el humo esa noche. Tal era la impotencia de los habitantes de la ciudad
No tardaron en oírse lacónicos rezos y oraciones a los diferentes dioses, el compas de estos era marcado por la acuciante necesidad de encontrar un camino entre las llamas para poder ir al rio del bosque. Pese, a las múltiples promesas y ofrendas recibidas en forma de vidas, los dioses deberían estar riéndose de esos mortales. Asustados por el equivalente medieval a unas gafas de visión nocturna.
El olor a carne asada impregno la ciudad, con un tétrico humor negro. Hacía meses que los habitantes no podían costearse un banquete como el que les ofrecía la antropofagia en esos instantes.
El caos era el verdadero rey de la ciudad. La muchedumbre, enfurecida y atemorizada buscaba la manera de salir de este infierno. Mientras que los más pobres y desgraciados intentaban aprovecharse de las casas desprotegidas saqueando los objetos de valor, encerrándose así en su propia mastaba de lujo derretido y carne quemada.
Los inmortales despertaron al son de las campanadas. Controlados por sus instintos asesinos y su eterna sed. El fuego los había despojado de las artes de seducción y el misterio que los caracteriza. Ahora se habían convertido en vulgares asesinos, que no eran capaces de controlarse. Mientras que algunos corrían en dirección contraria al fuego, otros procuraban alimentarse del primer desgraciado que se cruzase en su camino. Las calles recibieron un baño de sangre que no recibieron desde su construcción, a manos de esclavos.
Los hijos de la noche, degollaban a vírgenes y madres por igual, sin importarles el status o condición social. Solo ansiaban el líquido que calmaría su constante sed. Muy pronto la población quedo diezmada, por los asesinos nocturnos. Que ahora no se contenían y se deleitaban clavando sus uñas en gargantas ajenas. O mordiendo alguna vena. Los pocos que aun mantenían la compostura, disfrutaban dando tajos en las espaldas de victimas que eran empujadas hasta ellos en una vorágine de violencia. Y luego, lentamente, para prolongar el tortuoso sufrimiento y el deleite previo a la alimentación. Poco, a poco, muy lentamente. Estiraban de la piel, hasta transformar a sus víctimas en una mole de músculos que chillaban y pidieran que acabaran con sus vidas. Teníamos vampiros de todos, los estilos, desde los sádicos antes mencionados, hasta los “humanos” que intentaban escapar junto a sus familiares humanos, pasando; como no por los que preferían crear progenie.
Fue en el momento de mayor violencia vampírica. Cuando el viento aulló entre las grietas de los edificios robándoles el calor a los vivos y enfureciendo a los vampiros. Cuando las llamas se propagaron por la ciudad, y alcanzaron el bosque. El límite de la frontera entre el rey vecino y la ciudad en llamas.
Como es natural el horror no dejo indiferente a Camthaliön. Quien con un vampiro pisándole los talones. Tomo la más afortunada decisión de su vida 1. Cruzar las llamas. Estuvo cerca de un minuto dudando, pero quemarse era mejor que morir desangrado 2. En apenas un instante, el futuro Archimago, saltó, entre las llamas. Sorteando gran parte del muro de fuego y dejando que el vampiro se quemase, pero quedándose a la mitad del mismo.
El simple hecho de intentar gritar de dolor, le era imposible. El dolor era aun más acuciante si movía cualquier musculo que no fuera estrictamente necesario. Rápidamente y sin siquiera pensarlo, rodo, por la arena, para apagar el fuego. Aun sabiendo que arrastrarse por el suelo le dolería bastante.
Y fue allí, donde poco, a poco, gimiendo como buenamente pudo, fue cediendo, hasta perder la conciencia.
1: Principalmente por que le permitió prolongarla
2: Como nota curiosa: Dudo que ahora mismo hubiera elegido igual. El robo de vida por parte de un vampiro es bastante placentero, para ambos individuos. “Donante” y receptor. Debido a una toxina segregada por los vampiros, a fin de evitar que la victima intente escapar.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Eiloc: presentacion de Camthalion: 3ª Parte
De modo, que con pensamientos de venta y beneficios en mente abandono el campamento con un cacho de pan duro y mohoso y un libro rojo (en otras circunstancias habría cogido una hogaza entera y en buen estado, pero algo en el fondo de su corazón le instaba a dejar aquel libro en su lecho de despojos de la ensalada de anoche). Esta vez no corrió por las calles, ni siquiera ando rápido, estaba ocupado pensando en cuanto podría valer el libro. Porque seamos sinceros, uno no puede ser analfabeto y pretender ser un experto tasador de libros.
Basándonos en el precio del cuero de base podría pedir un precio relativamente moderado prácticamente alto; pongamos unas tres monedas de oro. Si nos fijamos en la cantidad considerable de papel podríamos aumentar el precio hasta llegar a unas cincuenta monedas de cobre extra. Aún así ese precio solo daría para comer bien un mes escaso. Y eso teniendo en cuenta que no intenten rebajarlo.
Ya por la noche pensó que debería pedir más. ¿Qué tal si les saco una moneda de plata en lugar de cincuenta de cobre? Si hago eso puede que pueda dormir dos semanas en una posada. No, eso no me compensaría, debería usar ese dinero en comprarme ropa decente y encontrar un trabajo pero ¿qué puedo hacer yo? Alguien que su ultimo (y único) recuerdo antes de despertarse en las calles es el de unas manos delicadas empujándolo a hasta llegar al extrarradio.
Probablemente me dejen trabajar como monaguillo… aunque mejor pensado eso de no pecar para alguien que vive de los hurtos y las basuras…. No lo veo. ¿Y si fichase de campesino? Imposible, no me creo capaz de pagar impuestos a algún vago, que es más necio que yo.
Visto así parece que mi única salida es pagar para meterme a aprendiz de algún artesano. O ser un vulgar estafador de poca monta que venda crece pelos, filtros de amor, o “haga” milagros. Pero aunque uno haya vivido en la calle, tiene una moral. No puedo timar a los que han sufrido lo mismo que yo, y han recibido el abrazo del frio desde la noche hasta el alba.
Por otro lado podría simplemente comprar comida e ir a vivir junto a los paganos, y los proscritos en los bosques. Si tengo suerte me encontrare con algún guardabosques que me enseñara el oficio… pero bien pensando es la más peligrosas de estas ideas. En los bosques se refugian todos los desechos de la sociedad, bandidos, proscritos, herejes y paganos… Mejor pensado haría mejor en ponerme un cartel en la espalda que ponga:
“Tengo dinero, róbame.”
“Tengo dinero, róbame.”
Fue en medio de estos pensamientos de futuro, cuando Camthaliön se choco contra una figura vestida de negro. Esta le dio un empellón que lo desequilibro y lo lanzo a un charco de barro.
<<Perfecto, ahora tengo un pan mohoso lleno de barro y un libro que. ¡Se ha salvado! –pensó Camthaliön>>
En efecto, el libro se había salvado, pero eso no significaba que fuese suyo. La figura vestido de negro se había apropiado del libro (según el chaval).
- ¡Eh, tú devuélveme mi libro! –grito, levantándose lo más dignamente que pudo-
Como toda respuesta la figura vestida de negro siguió caminando con el libro rojo bajo el brazo, no sin antes arrojar una bolsa de monedas a los pies del chico.
- ¡Que me lo des! – reitero Camthaliön-
El silencio, fue la única respuesta obtenida, esto no tranquilizo al chaval, lo irrito más aun (¡Ese tío se estaba riendo de él!). Y tras coger la bolsa de monedas se lanzo a la carrera. Cuando la figura giro rápidamente la cabeza y vio que el chico perseguía su sombra, no solo no echo a correr si no que se paró en seco, dándole la espalda. Levanto la mano, y no hizo nada mas salvo devolver su brazo a la posición inicial.
El chico, más irritado aún por la vaga respuesta de la persona que tenía delante. Acelero, más hasta, que llego al punto de estar a un palmo del ladrón de su libro. Y al dar un paso, sin explicación aparente se cayó y volvió a comer algo de barro.
Cuando escupió el barro, expulsándolo así de su boca. Vio que tenía una mano completamente blanca tendida frente a él. Parecía como si quisiera ayudarlo. Pero el chico, lleno de rabia le dedico una sonrisa bobalicona y un escupitajo como respuesta. Y se levanto solo sin borrar la estúpida e irritante sonrisa de su cara.
-¿Quieres darme mi libro? –dijo, conteniéndose para no gritar-
Fue, en ese momento. Cuando la figura permitió que el viento empujara la tela que cubría su cabeza. Para así revelar un bello rostro, coronado por cabellos negro, como el tizón, que en contraste con su pálido rostro, le daban el aspecto de un muerto… bueno un muerto, demasiado vivo. Los ojos parecían auténticos pozos en los que las estrellas se reflejaban, iluminando el rostro, de un cariz preternatural.
-¿Tu libro?-respondió una voz femenina y melodiosa- Este libro, no es tuyo, te lo acabo de comprar. –y antes de que le diera tiempo a recomponerse añadió- ¿No es eso lo que querías?
El chico, que no estaba acostumbrado a que le leyeran el pensamiento 1. No se le ocurrió otra cosa que ponerse a gritar a pleno pulmón:
-¡¡BRUJA!! – breve pausa para recuperar aire después de su monumental aullido- ¡Es una bruja!
-Idiota –masculló la mujer-
Dicho esto, la mujer no hizo gran cosa. Salvo, volver a protegerse bajo la capa y la capucha, y proseguir su camino, después de cerrar los ojos un momento y descolgar el farolillo que iluminaba la calle. No tardo en estrellarlo contra el pavimento, al tiempo que dijo:
“Oh ojos negros. Ayudadme a ver, solo una mirada, para que me pueda, yo esconder”.
Al instante, los transeúnte de la oscurecida calle. Sintieron como un ropaje pasaba rápidamente cerca de sus pieles, pero sin siquiera rozarlas.
domingo, 21 de agosto de 2011
Eiloc: Presentacion de Camthalion 2ª Parte
Fue una mañana. Cuando después de pasar la acostumbrada noche en la que prácticamente molió todos sus desprotegidos huesos en el frio empedrado, encontró al que le enseño su primer oficio.
Siguiendo la compleja maraña de rituales y leyes no escritas; necesarias para sobrevivir a la vida en los barrios bajos. Bajo hasta el centro ciudad para evitar así el encontrarse con gente más fuerte que él (razón principal para dejarlo postrado en cama). Pero, aun asi nos os confundáis. No es que fuera bien trato en el centro, sus andares y ropas escandalizaban a los nobles (que en lugar de acercarse y ayudarle, dándole una comida digna, lo miraban con recelos y palpabanse sus ricas y delicadas vestimentas) mientras que su raquitismo y aspecto famélico hacían que los vendedores recontasen sus productos como si les fuese la vida en ello.
Prácticamente los únicos que no lo miraban con desprecio eran los escasos artistas callejeros. Nómadas la mayor parte de ellos, estaban acostumbrados a ver desgracias. Y, aun en escasas ocasiones; repartían alguna manzana medio podrida o los restos de la cena de ese día entre algún agraciado vagabundo que pasara por allí. Este comportamiento era curioso y harto extraño. Debido a que muchas veces ellos mismos no tenían que llevarse a la boca, y si lo tenían no solía sobrepasar el mendrugo de pan acompañado de un vaso de tinto y puede que un filete reseco en los días de fiesta.
Puede que ellos como juglares y no trovadores1 que eran entendiesen mejor las necesidades de los pobladores de las calles; o puede que simplemente decidieran ser simpáticos.
Poco importa eso cuando llevas más de una semana sin comer. Al acercarse el chiquillo al campamento de los juglares, los pelillos de su nuca se erizaron como respuesta a la alegría y algarabía cercanas. Loco, de la emoción por conseguir algo que llevarse a la boca no pudo contenerse y echo a correr calle abajo hasta toparse de con la paciente fogata que quedaba de la noche anterior.
El chaval busco a los artistas, y al no encontrarlos pensó que aun estarían actuando dos calles más abajo. Y pensando en ocasiones anteriores decidió adentrarse en la cocina para coger un pedazo de pan con sutileza e irse como si no hubiera pasado nada.
La cocina en sí, probablemente no fuera digna de aquel titulo. Era una tienda anexa a la tienda donde se guardaban los instrumentos necesarios para las actuaciones. Si gustásemos de entrar en ella, veríamos una proporción ingente de hierbas medicinales colgadas en ramilletes de lo alto de la tienda. En caso de bajar la mirada daríamos de lleno con los escasos platos de barro existentes, que en ese momento estaban a medio fregar. Si giramos la cabeza inevitablemente veríamos autenticas montañas de vegetales. Las montañas verdes estaban dispuestas de tal manera que pareciera enfrentadas con un grupo de hogazas morenas y tostadas al calor del horno.
Fue a ese lugar adonde se dirigió el futuro Archimago, no sin antes reparar en un libro que estaba descansado en una mesa en el centro de la cocina. El libro en cuestión no era muy llamativo, de unas tapaderas de cuero rojo, con caracteres dorados tatuados en el lomo, y de un grosor de unos cinco centímetros. El Camthaliön de aquel entonces no sabía leer, pero pensó que no hacia mal a nadie vendiendo ese libro. A fin de cuentas los juglares no lo echarían en falta, dado que estaba sepultado bajo unas hojas de lechuga y algunas cascaras de cebolla.
1: Mientras que el trovador suele trabajar como cantautor en cortes, o similares, gracias a su (usual) educación de clase “alta” (muy entrecomillada esta última palabra). El juglar suele interpretar las canciones de los primeros con algunos apaños de su propia cosecha (debido en parte a su usual origen más humilde), amenizando las tardes de los transeúntes y recibiendo limosnas.
Siguiendo la compleja maraña de rituales y leyes no escritas; necesarias para sobrevivir a la vida en los barrios bajos. Bajo hasta el centro ciudad para evitar así el encontrarse con gente más fuerte que él (razón principal para dejarlo postrado en cama). Pero, aun asi nos os confundáis. No es que fuera bien trato en el centro, sus andares y ropas escandalizaban a los nobles (que en lugar de acercarse y ayudarle, dándole una comida digna, lo miraban con recelos y palpabanse sus ricas y delicadas vestimentas) mientras que su raquitismo y aspecto famélico hacían que los vendedores recontasen sus productos como si les fuese la vida en ello.
Prácticamente los únicos que no lo miraban con desprecio eran los escasos artistas callejeros. Nómadas la mayor parte de ellos, estaban acostumbrados a ver desgracias. Y, aun en escasas ocasiones; repartían alguna manzana medio podrida o los restos de la cena de ese día entre algún agraciado vagabundo que pasara por allí. Este comportamiento era curioso y harto extraño. Debido a que muchas veces ellos mismos no tenían que llevarse a la boca, y si lo tenían no solía sobrepasar el mendrugo de pan acompañado de un vaso de tinto y puede que un filete reseco en los días de fiesta.
Puede que ellos como juglares y no trovadores1 que eran entendiesen mejor las necesidades de los pobladores de las calles; o puede que simplemente decidieran ser simpáticos.
Poco importa eso cuando llevas más de una semana sin comer. Al acercarse el chiquillo al campamento de los juglares, los pelillos de su nuca se erizaron como respuesta a la alegría y algarabía cercanas. Loco, de la emoción por conseguir algo que llevarse a la boca no pudo contenerse y echo a correr calle abajo hasta toparse de con la paciente fogata que quedaba de la noche anterior.
El chaval busco a los artistas, y al no encontrarlos pensó que aun estarían actuando dos calles más abajo. Y pensando en ocasiones anteriores decidió adentrarse en la cocina para coger un pedazo de pan con sutileza e irse como si no hubiera pasado nada.
La cocina en sí, probablemente no fuera digna de aquel titulo. Era una tienda anexa a la tienda donde se guardaban los instrumentos necesarios para las actuaciones. Si gustásemos de entrar en ella, veríamos una proporción ingente de hierbas medicinales colgadas en ramilletes de lo alto de la tienda. En caso de bajar la mirada daríamos de lleno con los escasos platos de barro existentes, que en ese momento estaban a medio fregar. Si giramos la cabeza inevitablemente veríamos autenticas montañas de vegetales. Las montañas verdes estaban dispuestas de tal manera que pareciera enfrentadas con un grupo de hogazas morenas y tostadas al calor del horno.
Fue a ese lugar adonde se dirigió el futuro Archimago, no sin antes reparar en un libro que estaba descansado en una mesa en el centro de la cocina. El libro en cuestión no era muy llamativo, de unas tapaderas de cuero rojo, con caracteres dorados tatuados en el lomo, y de un grosor de unos cinco centímetros. El Camthaliön de aquel entonces no sabía leer, pero pensó que no hacia mal a nadie vendiendo ese libro. A fin de cuentas los juglares no lo echarían en falta, dado que estaba sepultado bajo unas hojas de lechuga y algunas cascaras de cebolla.
1: Mientras que el trovador suele trabajar como cantautor en cortes, o similares, gracias a su (usual) educación de clase “alta” (muy entrecomillada esta última palabra). El juglar suele interpretar las canciones de los primeros con algunos apaños de su propia cosecha (debido en parte a su usual origen más humilde), amenizando las tardes de los transeúntes y recibiendo limosnas.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Eiloc: presentacion de Camthalion 1ª Parte
<< Nunca me han gustado las fiestas. Puede que sea eso lo que me ha llevado, tras años de estudio y sacrificio. A obtener la túnica dorada que me señala como Archimago. >>
<< La razón de esta aversión, debe provenir, sin duda alguna de mi infancia. Cuando no había tiempos para sortilegios o hechizos. Ni dinero para una educación básica. Cuando podría considerarme afortunado su ese día no tenía nada para comer; y no me daban una paliza que me dejaría postrado en la cama cerca de dos semanas mal contadas. >>
Y es que el Archimago de la prestigiosa escuela de Tamuyr; no disfrutó siempre de los beneficios de la magia y la jet-set. Prueba de ello es su anterior nombre: “Perro”
Por aquel entonces, el vestía con unos harapos profundamente raídos. Producto natural y resultante de dos años de vida en las calles comiendo de la basura, y mendigando alguna moneda para recibir un puñetazo. Su cara distaba mucho de ser el semblante distendido y amable de estos días. Embadurnada del hollín de las chimeneas que limpiaba. La faz del chiquillo era la cara de alguien a quien la desventura, la muerte y la incompresion, recamaban desde tiempos inmemorables.
Sus manos eran raquíticas y huesudas; tan demacradas como el resto del cuerpo. Estas estaban plagadas de arañazos y cortes. Provocados en su mayoría por el “buceo” (recolecta de comida en los contenedores).
Las piernas eran la otra parte de su joven cuerpo que peor era tratada. Magulladas, y en mayor parte del tiempo sangrantes. Podría decirse que hacían juego con las manos. La única diferencia con las partes superiores era la localización y gravedad de las heridas. Además de que las piernas estaban ligeramente protegidas por unos vaqueros.
Los encontró el verano pasado 1 colgados de una viga, en un granero abandonado. Después de cerca de una fatigosa media hora intentando trepar por un pilar de madera. Decidió lanzar una piedra y ver qué pasaba. ¡Et voila! El guijarro dio en la hebilla, rebotando (¿pero qué?) y metiéndose en uno de los seis bolsillos del pantalón. Desequilibrándolos y posándolos en el suelo con escasa delicadeza.
En el preciso instante en el que los pantalones besaron el suelo. El chico, (el que el único nombre que había conocido hasta ese instante era Bastardo) cogió una antigua nota, envejecida, en la que ponía Fiwë Fenfalas.
No se atrevió a adoptar el nombre. Debía pertenecer a alguien importante (pensó él), en su ignorancia llego incluso a pensar que poseía los antiguos pantalones de un noble. Cosa que en los suburbios en los que dormía, era algo útil y/o peligroso. Lo que le llevo al segundo golpe de suerte 2 de aquel año. Aprender una profesión.
1: El que según había sido el mejor verano de toda su existencia
2: Que no fue necesariamente bueno, ni necesariamente malo.
<< La razón de esta aversión, debe provenir, sin duda alguna de mi infancia. Cuando no había tiempos para sortilegios o hechizos. Ni dinero para una educación básica. Cuando podría considerarme afortunado su ese día no tenía nada para comer; y no me daban una paliza que me dejaría postrado en la cama cerca de dos semanas mal contadas. >>
Y es que el Archimago de la prestigiosa escuela de Tamuyr; no disfrutó siempre de los beneficios de la magia y la jet-set. Prueba de ello es su anterior nombre: “Perro”
Por aquel entonces, el vestía con unos harapos profundamente raídos. Producto natural y resultante de dos años de vida en las calles comiendo de la basura, y mendigando alguna moneda para recibir un puñetazo. Su cara distaba mucho de ser el semblante distendido y amable de estos días. Embadurnada del hollín de las chimeneas que limpiaba. La faz del chiquillo era la cara de alguien a quien la desventura, la muerte y la incompresion, recamaban desde tiempos inmemorables.
Sus manos eran raquíticas y huesudas; tan demacradas como el resto del cuerpo. Estas estaban plagadas de arañazos y cortes. Provocados en su mayoría por el “buceo” (recolecta de comida en los contenedores).
Las piernas eran la otra parte de su joven cuerpo que peor era tratada. Magulladas, y en mayor parte del tiempo sangrantes. Podría decirse que hacían juego con las manos. La única diferencia con las partes superiores era la localización y gravedad de las heridas. Además de que las piernas estaban ligeramente protegidas por unos vaqueros.
Los encontró el verano pasado 1 colgados de una viga, en un granero abandonado. Después de cerca de una fatigosa media hora intentando trepar por un pilar de madera. Decidió lanzar una piedra y ver qué pasaba. ¡Et voila! El guijarro dio en la hebilla, rebotando (¿pero qué?) y metiéndose en uno de los seis bolsillos del pantalón. Desequilibrándolos y posándolos en el suelo con escasa delicadeza.
En el preciso instante en el que los pantalones besaron el suelo. El chico, (el que el único nombre que había conocido hasta ese instante era Bastardo) cogió una antigua nota, envejecida, en la que ponía Fiwë Fenfalas.
No se atrevió a adoptar el nombre. Debía pertenecer a alguien importante (pensó él), en su ignorancia llego incluso a pensar que poseía los antiguos pantalones de un noble. Cosa que en los suburbios en los que dormía, era algo útil y/o peligroso. Lo que le llevo al segundo golpe de suerte 2 de aquel año. Aprender una profesión.
1: El que según había sido el mejor verano de toda su existencia
2: Que no fue necesariamente bueno, ni necesariamente malo.
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