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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Historias de la ciudad: cap 3) Belbeth 1ª Parte

Las llaves sonaron a través de la puerta del piso. Ella, pese a estar acostumbrada a oír ese sonido, no pudo evitar que su pie derecho diera un instintivo paso hacia atrás, que sus ojos se empañaran y tuvo que tragar saliva para intentar deshacer el nudo creado en su garganta.
Como cada noche él llegaba a casa, creyéndose un luchador, con los pantalones medio caídos y la camisa a cuadros empapada de grasa de salpicaduras de aceite frito. Su boca olía a ginebra y su cuerpo olía mal.
La pobre mujer no pudo hacer otra cosa que no fuera arrinconarse, temblando en una esquina de la habitación. De forma que acabo pegada al marco de la puerta de entrada y la pared, provocando que la puerta no pudiera abrirse completamente, al igual que hace tiempo que nada le iba completamente bien.
De repente, la puerta le golpeó, la cara provocando que la superficie de la manera se tiñera de un rojo oscuro y la cara de la víctima de rojo y granate.
-          ¡María, zorra cruel! –gritó el hombre- ¡Sal de una vez que te vea, puta!
-          V… vo… voy mi amor –respondió una vocecilla trémula detrás de la puerta al tiempo que se apresuraba por colocarse delante de su interlocutor-.
Una vez que la lastimosa fémina estuvo delante del borracho. Este último levanto la mano y la cogió de los pelos. La atrajo hacia él, como si fuera el centro mismo del universo, como si quisiera hacerle sufrir por no poder rellenar su falta de autoestima.
Este no hizo otra cosa si no levantarle la mano y pegarle otra bofetada de tantas. El cuerpo de María estaba lleno de diferentes hematomas, golpes y contusiones y de distintos colores desde el morado hasta el amarillo.
Después le aparto del rostro con sus manos sucias un mechón de pelo que se había apelmazado por el sudor y la sangre que broto con el golpe de la puerta. Le estiro del propio mechón hasta arrancárselo y dijo:
-          ¡Te tengo dicho que me tengas la cena caliente cuando venga! –grito al mismo tiempo que pisaba los cabellos arrancados- Trabajo como un esclavo todo el día y después de venir de los amigos, quiero la cena caliente en mi casa.
A continuación de tomar la cena calentada en el microondas y con María a su lado. Cogió un cenicero de la mesita de madera negra del comedor y lo tiro al suelo con tan mala intención, que fue directo al pie de su mujer-esclava.
Definitivamente ese patán se creía un luchador, eso sí era un luchador borracho y despreciable, sin honor. Un desertor de la humanidad.
Más tarde, cuando la pobre muchacha se pudo vendar el pie en el cuarto de baño. El agresor la asió del brazo y le intento susurrar al oído:
-          Vamos a la cama –recalquemos el intentó por que con su asqueroso olor a tabaco y alcohol, unido a las botellas que se había tomado casi grito lo que Maria no había gritado cuando le golpeó el cenicero-.
Una vez dicho esto estiro de la desgraciada en dirección al dormitorio, mientras esta gimoteaba y ya en la puerta del dormitorio decía:
-          Una, vez más mi amor no –en este punto se le quebró la voz y una lagrima surco su rostro-. Por favor…. Los niños duermen, una vez más n….
-          ¡Cállate zorra! -gritó su verdugo pegándole una bofetada- ¡¡ Eres mía, sabes, y harás lo que yo te diga!!

martes, 1 de noviembre de 2011

Historias de la Ciudad: Cap 2): matt: ultima parte del cap.

Al día siguiente, cuando Matt; cartera en hombros terminó de bajar los escalones de su piso con un mohín de tedio y asco. No tardo más de unos segundos en cambiar su cara de rutina y monotonía a una más dinámica y alegre.
A fin de cuentas la ocasión lo merecía, bien pensado Larissa no era tan mala, y era poco probable que fuera una psicópata 1. ¿No había sido ella alguien que le ayudo a levantarse? ¿No había sido ella alguien quien no lo golpeo por primera vez en el instituto?
Visto así, se podría considerarla como alguien cercana a la amistad. Mejor dicho, se podría considerar a Larissa como su mejor amiga... Perspectiva que aunque no le agradaba excesivamente al chaval, le animo a abrir la puerta del portal, deseoso de encontrarse con su nueva amiga.
El chasco que se tuvo que llevar al no ver a nadie en su puerta tuvo que ser monumental. La cara de desilusión fue épica. Paso en un instante de estar imaginándose un noviazgo con la muchacha y pasar el resto de su vida juntos 2, a imaginarse pasando el resto de su vida insultándola  o en el cementerio.
El caso es que el ibuprofeno 3 debería estar haciendo efecto. Porque al rato las neuronas del chico se encontraban trabajando afanosamente reconstruyendo sus fantasia. Lo que resulto en un empanamiento tal que a su vez desencadeno en que la vecina octogenaria del cuarto regase a Matt con la tierra de sus geranios y lo humedeciera con la regadera de turno.
De esta guisa se lo encontró Larissa dos minutos después. Empapado y lleno de barro hasta las cejas 4. Como es natural no puedo evitar cachondearse de él:
-¿De dónde sales, monstruo del lago? –dijo Larissa con una imaginación digna de un borracho-.
-Ja,ja .dijo agriamente Matt- Pues que sepas que si hubieras venido antes no estaría calado y embarrado con mis treinta y ocho y medio de fiebre.
-¿Treinta y ocho y medio? –Preguntó preocupada- Menos que me he retrasado en casa.
Y hurgando en la mochila para luego decir:
-Toma te sentara bien. Me la iba a reservar para la clase de matemáticas, pero si quieres puedes tomar algo.
-¿Qué es?- pregunto el chico-.
-Corteza de sauce, mejor dicho, infusión de  corteza de sauce. Te sentara bien.
-¿Lo qué? ¿Tú me quieres envenenar? –dijo dando rienda suelta a su paranoia-
-Bah si no quieres me lo guardo –respondió Larissa recogiendo el termo-
¿Y cómo no? El camino al instituto volvió a transcurrir con los incidentes habituales. Aunque en esencia el día había resultado beneficioso para ambos. Matt no había recibido más de dos palizas y Larissa se sentía orgullosa de su infusión de sauce.
Así que con esto os podéis hacer más o menos una idea de la rutina de estos dos. Así que si queréis algo más de información sobre ellos podéis imaginárosla.
1: Recalquemos el poco probable. Que se filtro en los pensamientos del chaval, creo importante decir que por esa razón introdujo un cuchillo de la cocina en su mochila… de todos modos no iría a gran sitio con eso. Había cogido uno de untar mantequilla sin darse cuenta.
2: Probablemente producto de su calenturienta imaginación, ya de por si fuerte, y ahora disparada por el catarro que pilló esa noche por haber dormido destapado.
3: Más bien el chorrito de alcohol que su padre deslizo en su zumo de naranja pensando que era su coctel matutino.
4: Literalmente. No me alegro de que no llevara gafas. Podrían haberse roto.

sábado, 22 de octubre de 2011

Historias de la ciudad Cap 2: Matt 4ª Parte

El camino a casa transcurrió sin ningún accidente que no fuera memorable.
La primera metedura de pata por parte Matt, fue cuando pusieron un pie en la puerta que delimitaba el instituto con la acera. No se dio cuenta de que había pisado el cordón de la bota militar izquierda de Larissa, lo que provoco la caída de la chica. Y Matt, que seguía aferrado a la idea de que tenía una asesina en serie a su lado intento echar a correr pensando que había dejado noqueado a un peligro social.
Personalmente me inclino a creer que fue la milésima de segundo que dedicó el chico a sus paranoias. El tiempo que usó Larissa para agarrarlo por el tobillo de la pierna derecha y (creo que sin darse cuenta) colocarlo prácticamente de forma paralela a la acera retorciéndolo.
-****** 1 – grito Matt como si le estuvieran matando-.
-Perdón, perdón, perdona –dijo Larissa acercándose ipso facto a Matt-.
-¡¿Qué te perdone?! –Chilló Matt intentando arrastrarse por el suelo, lo que hizo aún más ridícula y patética su situación- ¡Después de la hostia que me he pegado, serás zorra!
-¡Eh que yo no te insultado, cacho cabrón! –Respondió Larissa para seguir gritando- ¡Además que seas un marginado que no sabe como andar no es culpa mía!
Después de lo que podríamos llamar intercambiar opiniones de una forma más o menos pacifica 2. La muchacha gótica decidió dejar a un lado las discusiones y se acerco al chaval para permitirle apoyarse en su hombro derecho 3.
El siguiente incidente fue cuando los amigos se encontraban andando por la mitad de un paso de cebra (bueno, cojeando). Una de las tiras de cuero de la chaqueta de Larissa, se enrosco al brazo de Mattt, como si de una serpiente se tratara. Y para colmo coincidió ese momento con un coche que decidió saltarse el semáforo.
Resultado nueva caída y rotura de una carísima cazadora de cuero negra, que ahora era poco más que cuero sin consistencia, amén de otro intercambio de opiniones sobre el gremio de sus parientes y la inteligencia de su interlocutor.
Cuando llegaron a la puerta de la casa de Matt, Larissa dijo con voz firme y dirigente:
-Mañana aquí a las siete y media para ir al instituto
-Per… -intento decir Matt, antes de darse cuenta de que se había quedado embobado viendo como se apartaba Larissa-.
1: Esta serie de amables asteriscos sustituyen una lluvia de insultos demasiados rudos hasta para este lugar.
2: Vamos… lo que llaman los políticos resoluciones diplomáticas… solo que estas no tenían bombas… se apañaban bien las palabras.
3: Lo cual creo que para ser un individuo humano es bastante loable. Después de haberte comido el suelo (me extraña que no le quedaran las marcas de las baldosas como si fueran un tatuaje), y de que te insulten, vas y ayudas a levantarse y caminar al culpable de ello.
4: Cabe destacar que con la chupa de cuero raída daba miedo, no, pavor. Y Mattt se sentía claramente inferior, al tener el tobillo torcido y numerosas magulladuras por todo el cuerpo.

domingo, 2 de octubre de 2011

Historias de la ciudad Cap 2: Matt 3ª Parte

Fue en uno de estos días plagados de tristeza y melancolía, cuando la luz del sol volvió a asomarse por su ventana del hospital. Cubierta (literalmente) de gotas de lluvia que quedaban suspendidas en una telaraña que hace unas semanas tejió laboriosamente una araña ahora muerta. La telaraña tenía tantas gotas que Matt temía por la casa de la extraña compañera de alfeizar que tuvo tiempo atrás. El paisaje era sin duda deprimente, y si le añadimos que ese día había un corte de luz en el hospital y la electricidad de los generadores se reservó a las urgencias. Obtendríamos un panorama digno del más trágico de los poemas.
Afortunadamente para Matt, el mal tiempo no hizo desistir a Larissa en su afán por cumplir su promesa.
Matt conoció a Larissa en una de sus contadas escapadas del hospital al instituto 1. Fue exactamente hace veinte días dieciocho horas y treinta segundos…. o eso es lo que le gustaría poder decir a Matt, que no era capaz de acordarse del día que conoció a su única amiga.
En uno de los rituales empujones de los viernes que lo dejo tumbado en el centro de las escaleras, Matt, vio una silueta enfundada en una cazadora de cuero negro entreabierta, que dejaba ver una camiseta de manga larga negra como la pez. La cual contaba con el dibujo en blanco de un árbol muerto que se ramificaba y bifurcaba desde su nacimiento en el ombligo hasta su muerte en el final de las mangas.
Instintivamente el chico se encogió cuando la silueta decidió agacharse y tender una mano hacia él. Lo cual para pesar de Matt no amedrento a la muchacha a proseguir con su acercamiento a esa figura que se retorcía como una araña muerta; patas arriba y enroscado sobre sí mismo.
Y justo cuando Matt se encontraba a punto de decidirse por la tentadora opción de rodar escaleras abajo. La chica lo agarro del cuello de la camisa y lo incorporo diciendo:
-          Deberías andar con más cuidado por el instituto –una breve pausa para apoyarlo contra la barandilla sin que se cayera- me refiero a tus compañías no tu remilgada forma de andar.
El chico la miro sin saber bien que decir y dijo:
-          S…. su… suprongo… -y al ver que se le había trabado la lengua añadió-. Quiero decir… supongo
-          ¿Qué pasa eres mudo, o qué? –pregunto la muchacha en tono irreverente aunque amigable-
-          Si –dijo Matt, hasta que se dio cuenta de lo que había dicho- ¿Si? Esto no
-          En fin, tenemos mucho de qué hablar Matt.
A partir de este punto fue cuando Matt empezó a pensar, que en realidad estaba hablando con una asesina en serie que podía leer los pensamientos de la gente. ¿Cómo leches había adivinado su nombre? 2
De todos modos y muy a su pesar la chica se empeño en acompañarlo a casa.
1: Huelga decir que después de cinco meses ininterrumpidos en el hospital, sus compañeros de clase lo acogieron calurosamente…. Especialmente los matones más sádicos que lo calentaron a base de bien.
2: Para los curiosos: En realidad lo sabía porque la muchacha había oído gritarlo a los abusones de turno, pero como la paranoica mente de este chico es tan delicioso no le diremos nada ¿vale?

martes, 30 de agosto de 2011

historias de la ciudad: Matt 2ª cap 1ª parte



Mi cama está deshecha: sábanas en el suelo
y frazadas dispuestas a levantar el vuelo.
La muerte dice ahora que me va a hacer la cama.
Le suplico que no, que la deje deshecha.
Ella insiste y replica que esta noche es la fecha.
Se acomoda y agrega que esta noche me ama.
[…] 1
Una figura oscura se cernía como un lobo sobre su presa, sobre el papel. Iluminada únicamente por una vela posada sobre el suelo, a una distancia prudencial de la persona que estaba afanada escribiendo, tumbado boca abajo. Esperando las instrucciones que le llevarían a escribir y hacer lo que debía, las instrucciones de lo que él llamaba: El cuarteto de las sombras.
<< Ya nada tiene sentido. La muerte me llama. Bien pensado es como tomar un largo sueño ¿no? No deja de ser algo inevitable, así que ¿por que no lo podría adelantar?>>
<< No seré el primero en hacerlo,  Kurt, Marylin, Jim Morrison hasta la mismísima Cleopatra, se han suicidado. Visto así, al menos muerto tendré más amigos que vivo. Además, tomar Valium no es doloroso ¿verdad? … Eso es lo que decían los tíos de Internet>>
<< A fin de cuentas, la luz de mi vida se ha apagado y el único refugio que me queda es la oscuridad.  Abandonarme al sueño, eterno, porque soñar es una necesidad del ser humano. ¿No soy acaso alguien que vive en un laberinto de sombras, buscando la salida de su soledad?>>
<< La oscuridad es quien debe acompañarme en mi camino de soledad hasta llegar a encontrarme con mi destino implícito. La oscuridad es mi camino, y las tinieblas del laberinto mi trono, mientras que la sabia y antigua muerte es mi consejera>>
<<Por eso, espero que vosotros, los lectores a los que va dirigida esta carta, no os alarméis, porque vuestro, hijo, hermano o amigo, muera. Habrá terminado con su sufrimiento, rozado con sus labios la bella muerte y trascendido a los idiotas que pueblan este mundo>>
<<Así que no quiero llantos, cuando veáis que las dos botellas de vodka de papá, han desaparecido. Ni cuando veáis que tres de las cinco cajas de Valium de mamá han salido fuera del estante de las medicinas para dormir>>
<<Solo quiero, risas, las risas que sé que mi muerte os producirá. ¡Imaginarlo! Os quitareis de en medio un gran inútil de encima, un grave caso de idiotez aguda. Además dejareis de pagar la comida y la manutención de “ese ser oscuro que se encierra en su habitación viendo películas antiguas y leyendo a Anne Rice”>>
    Esperando encontrar a la hermana del sueño pronto:
                                                                                   Matt
Cuando, el chico, de unos quince años. Termino de escribir esta estúpida carta 2. La colocó cuidadosamente sobre un tapete, blanco, en el salón de estar asegurándose que sus padres la vieran al día siguiente cuando desayunaran.
Acto seguido, cogió una chaqueta de cuero negro 3, se ajusto unas muñequeras y pulseras “de pinchos”, arremangó la camiseta negra de manga larga con rayas rojas al final de estas. Se calzo unas botas negras, que más bien parecían ortopédicas. Y no olvido coger una bolsa de plástico (que probablemente saco del supermercado de barrio más cercano), en la que guardaba celosamente sus cajitas de medicamento para el “sueño eterno” junto a dos botellas de vodka para asegurarse esa eternidad.
A partir de ese punto, lenta, pausada y tranquilamente comenzó a avanzar por la casa hasta llegar a la puerta de madera que flanqueaba con el pasillo comunal del bloque de pisos. Ahora, tendría que darse prisa, o su (brillante si le preguntas a él, estúpido si me consultas a mi) plan, acabaría frustrado. Debía afinar su oído y sutileza, para encajar la llave y quitar el pestillo, que lo separaba de su deseada amante.
Estuvo a puntito de permitirse el lujo de tantear entre el plato que usaba su familia para colocar las piezas de metal que, como si fueran esclavos abrirían las puertas de la casa. Como consiguiente, decidió, esperar unos minutos insoportables a que su vista se acostumbrara a la oscuridad, y pudiera coger la llave necesaria para abrir la puerta.
Después de hacer sus ojos a la oscuridad. Conteniendo la respiración, cogió unas llaves con un llavero en forma de bola de billar. Entonces, suavemente, sin dejar que su miedo o ansia le dominasen, tiró de ellas. Pero ¡horror! Alguien había colocado las llaves de su madre encima. Al ver y sentir esa pequeña oportunidad de que su “meticuloso” plan se fuera al garete. Sin poder contener los nervios estiro de la bola de billar, para permitir a las llaves de su madre, caer al solo, tintineando y armando el (según él) mayor de los estrépitos.
En ese instante el terror lo domino. No fue capaz de evitar soltar un poco sonoro:
-Mierda.
Y pensando que todo estaba perdido, después de varios intentos en la penumbra. Quitó es pestillo de la puerta. Y salió corriendo a la desbandada al falso amparo de la noche.
1 Óscar Hahn
2 Ni que fuera su testamento, ahora mismo se encontraba patéticamente llorando sobre ella, y emborronando la caligrafía que con tanto esmero había trazado.
3 Nunca pensé que me gustaría la ropa de un suicida/gótico/emo en potencia. Felicidades idiota, estas un poco más cerca de caerme bien.

jueves, 28 de julio de 2011

Historias de la ciudad: Dorian 1) (segunda parte y ultima de la primera aparicion de Dorian)

Esta historia ya está empezada, te recomiendo que la leas primero. Simplemente clicka en historias de la ciudad, y busca Dorian 1)


Mientras, yo me vanagloriaba en mis habilidades cinegéticas, los dos agentes del orden (o mejor dichos de desorden; porque admitámoslo; eran un grave de caso de buenos-para-nada) bajaron del coche.
La pareja estaba formada, por una mujer de unos veinte y muchos o treinta y poquísimos y un hombre (aunque chaval sería más exacto; pero claro para mi; todos sois unos chavales).
La mujer tenía, el pelo largo negro recogido en la gorra. Dejando solo uno o dos hilos oscuros recorriéndole su espalda. Mientras que el chaval, lucía un pelo, rubio en un peinado que se asemeja al de Tom Felton, en su papel de Draco Malfoy en Harry Potter.
Ambos llevaban el uniforme que les habrían entregado años (en el caso de la mujer) y meses (en el caso de nuestro Draco). De seguro que habían sido usados anteriormente, por dos razones:
1) El cuerpo de policía no gana lo suficiente para las coronas de flores de sus agentes, y uniformes nuevos. Así, que en lugar de la respuesta más sensata que sería no comprar más estúpidas rosas en círculo. Se decidieron por la que a más ex agentes agradaría: Las coronas.
2) La evidencia de que el sudor atrapado en las fibras, irritaba las pieles de los dos era (valga la redundancia) evidente.
Después de mantener una charla más insulsa a cada palabra 1 decidieron colocar carteles de prohibido el paso, y tomar unas fotos, coger una muestra de ese precioso pelo.
Al cabo de un rato nuestro Tom. Cansado, aburrido, y con ganas de volverse a casa. Inclinado sobre la pila de ropa, y con su camarada detrás. Con una voz, cansada y taciturna le pregunto a la mujer:
-Oye, Daphnet. ¿Y si nos volvemos ya? Aquí no hay nada, y estamos fuera, de servicio, el coche debería de haber estado en la cochera, de la policía hace 15 minutos.
-Chist.
- ¡¿Pero por qué me mandas callar?! No ves que voy medio muerto, que no me puedo tener en pie, estoy de resaca, y aquí no hay nada, salvo un cadáver, llama a quien corresponda y dejémoslo estar.
- Chist – volvió a decir la policía, pero esta vez poniendo la mano en su hombro derecho.
- ¡¡No me mandes a callar!! – dijo girándose, provocando un movimiento, de mar de olas entre las ropas, tanto suyas como de mi amante. Lo que ayudado por el viento, hizo que los girones de vestido que aún quedaban sobre mi querida otaku se desprendieran de su cuerpo.
Súbitamente la mano ejerció fuerza sobre su hombro, clavándole las uñas.
-¿Pero qué haces?
Como toda respuesta las uñas se desplazaron, arañando la piel del hombre hasta llegar a la bolsa, de agua, acido clorhídrico, sales y enzimas 2 que todos, tenemos en el cuerpo, para después darle un puñetazo en el estomago.
Y una vez dado comenzó una parábola con su pierna que lo tumbo (en efecto, le hizo un barrido). Pero, no todo acabo, en ese momento.
No contenta con haberlo dejado postrado en suelo, y escupiendo sangre. Lo levanto del cuello, y una vez que lo incorporo; le traspaso, la piel y el estomago 3, de un puñetazo. Obviamente dado con una fuerza sobrenatural.
No contenta con haberlo dejado postrado en suelo, y escupiendo sangre. Lo levanto del cuello, y una vez que lo incorporo; le traspaso, la piel y el estomago 3, de un puñetazo. Obviamente dado con una fuerza sobrenatural.
Pese, a mi asco, por la carnaza, de un burguer de mala muerte que había salido segundos antes de las tripas de la victima de mi amante. Eso, no fue escusa suficiente para ella, y para aliviar su dolor, ella si que lo dejo seco. Para finalmente, volver a ponerse el Cheongsam,y el moño.4


1 Aunque creo que a nuestro lector, culto, e ilustrado no le interesara el nivel mental de dos desechos de las películas de las tardes de los fines de semana policiacas. Pero me he llevado sustos peores, así que la reproduciré:
-Parece que tenemos un muerto –ella (¿de que te sorprendes? Si no quieres ver muertos no vayas por los barrios bajos de la ciudad)
-Si, una nueva víctima- él (y digo yo, si tu compañera ya lo sabe ¿Por qué razón que sobrepasa mi coeficiente lo repites?)- con algunos signos de violencia (¿algunos? Si casi le arranque la piel de la espalda de un arañazo).
- Buenos procedamos con el protocolo – ella (¿pero qué protocolo? ¿Respirar?).
2 Lo que en circunstancias normales llamarías jugos gástricos
3 Francamente, después de ver lo que aquel sujeto había cenado se me quitaron las ganas de dejarlo seco.
4 Ahora procederé, a explicar la jugada, que aun para muchos de mi especie, sigue siendo un misterio:
En si la teoría, es fácil, hay tres opciones:
1) Soborna al compañero (o compañera del policía en cuestión) para que se esconda bajo la ropa a media investigación, mientras tu ultimo capricho mata al enemigo. (poco realista)
2) Mata al compañero tu y escóndelo (fácil, pero se suelen dar cuenta)
3) Un truco, de hipnotismo, vampírico:
Basta con ralentizar a los sujetos, (o usar tu sangre, para aumentar tu velocidad) dar el cambiazo, y noquear al que seguirá vivo/a.
Y a partir de ese punto seguir viendo el espectáculo (fácil, bonito y eficaz; solo necesitas compenetración con tu compañer@ de cacerías)

jueves, 21 de julio de 2011

Historias de la ciudad: Dorian 1)

Empiezo publicando este trozo de historieta, no se si sera aborto, o seguira adelante.
Espero comentarios ( a partir de este punto empieza la historia)

El rugido de una sirena rasgó, el tupido velo que la noche había dejado con su paso silencioso y mortífero; espolvoreando incertidumbre entre la oscuridad nocturna manchada de rojo.
 El sonido ignoró el silencio de los durmientes, provocando que varios niños pequeños se despertaran y movieran sus piernecitas al mismo tiempo que lloraban y gritaban llamando a su mamá.
Poco importaba esto a las dos personas que iban dentro del vehículo que cabalgaba la estridente cantante de media-noche. Conforme los elegantes rascacielos, fueron cediendo terreno a los edificios históricos y estos a zonas residenciales de clase media; llegaron a los barrios bajos de la ciudad.
Donde al doblar una esquina, las luces de los faros dieron de lleno. En un campamento de yonkis, que huyeron desprotegidos al ficticio amparo de la luna llena, dejando gran parte de sus pertenecías en el lugar, pero los muertos en vida, no olvidaron sus dosis.
Entre ellos se encontraba “Rat”, que es quien me suele pasar la droga para mis clientes (por llamarlos así, pero un término más preciso, seria… umh; donantes). El pobre chaval no tendría más de 19 años, pero se metió a las drogas a los 15. Pese a que no consumía, era alguien que sabia cuidar al cliente, empezaba dándote unas dosis gratis, y cuando eras suyo, era cuando empezaba a cobrar. Lo había acogido varias veces en mi casa, a cambio de coca, pero como simpatizaba con el movimiento ocupa, acababa fuera antes de la segunda noche.
Pero, volvamos a lo que nos ocupa; nuestro coche patrulla.
Hacía poco que el juego de todas las noches había comenzado, pero ya se había cobrado una de las numerosas víctimas que le seguirían, como ovejas en el matadero. Las piezas se movían graciosamente, como en el ajedrez; orquestadas por fuerzas invisibles a la gente ajenas a la Sociedad, pero que aún así sospechaban algo.
Después de todo el mayor triunfo del diablo, es hacer creer al hombre que no existe.
Y yo, ya había movido pieza, le tocaba el turno a la policía.
Por lo que a mi gran persona respecta, estaba escondido cerca del cuerpo (para ser exactos me había subido a un edificio colindante del típico callejón sin salida donde yacía mi “amante”), y es que la oscuridad de la noche se presta, a que lo más inusual suceda, y mi pobre querida no lo pudo haber hecho peor.
Su pelo, que antaño había estado lleno de vida, era castaño de un tono claro; como la miel, y pese a que ahora se mostraba flácido y tímido hace poco estaba moldeado con una forma sencillamente fantástica. Su rostro, era níveo con ausencia de manchas de color, lunares, pecas, u otros atentados contra su simetría. En él se encontraban unos labios sin pintalabios, de un rojo, tan bello, que no sé como a las rosas se les ocurre la desfachatez de abrir sus pétalos en sus cercanías.
Hasta sus ojos eran preciosamente, simétricos. De un azul profundo, con diferentes líneas negras que recorrían su iris, dando la impresión de que lo tenía dividido como las flores de los nenúfares.
Si seguimos bajando nos encontraríamos con su cuello. El cual estaba despejado de pelo alguno por el recogido en forma de moño que se había hecho. Y adornado con una gargantilla de tela, de un verde que combinaba especialmente bien con las hojas que se habían quedado pegadas a su vestido cuando pasamos, charlando por un parque.
Su gusto para la ropa era impecable, llevaba un precioso vestido lila con estampados, florales. Para ser precisos un “Cheongsam”; que es un vestido tradicional chino. El cual tiene un cuello alto, con unos botones al lado. La pieza de ropa se había acomodado a su cuerpo de tal forma, que parecía una segunda piel, dejando entrever una sugerente figura con curvas atractivas y senos más sugerentes aún.
Pero probablemente lo más atractivo era su perfume; imperceptible para muchos pero, con toques que embriagaban al cerebro. Provocando que miles de agradables sensaciones florecieran en el gusto y el olfato.
El perfume en cuestión evocaba a la canela, y las rosas, recién cortadas, de un día de finales de primavera, en el que el rocío seguía humedeciendo las bellas flores. Instantáneamente provocaba que la mente pensara en aquellas bellezas de oriente, envueltas en nubes de incienso y ríos de sake; las Geishas.
Y es que a pesar de que ella no tenía ningún rasgo oriental, era una apasionada de la cultura nipona. Una persona apasionada que había topado con alguien que le impidió seguir con sus clases de japonés.


Historias de la Ciudad

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