Uff parece que tengo esto más abandonado que nunca
Desde Agosto sin dar señales de vida, paradójicamente ahora también escribo más que nunca.
¿será por los exámenes?
¿o puede que sea por que ahora escribo en un cuaderno para no acercarme insanamente al ordenador?
¿qué me decís de la posibilidad de que el culpable de tamaño crimen sea simplemente que ni yo me meto por este blog?
Aunque también puede que nada de este este ocurriendo y todo sea un sueño.
Sueños.
De eso mismo os quería hablar, esas imágenes que vierte nuestro inconsciente en nuestra mente cuando dormimos. Se infiltran entre nuestros nervios con el objetivo de desdibujar lo que llamamos realidad para dibujar ellos mismos otro mundo alternativo. Un paisaje nuevo con toda su fauna y flora propias. Un castillo del más puro cristal que refleje los rayos del sol o un universo que refleje nuestra vida cotidiana como un espejo.
Este monologo improvisado se debe en parte a que lo único que encuentro por el ordenador son sueños que he ido escribiendo, y en parte a que los escribí pensando en su futura publicación por estos lares del ciberespacio.
Así que de momento seguiré publicando sueños, pero esta vez creo, espero que mucho mejor escritos que el anterior.
Disfrutarlos si queréis, compartirlos con vuestros amigos (o enemigos si no os ha gustado) pero sobre todo no os olvidéis de que un blog realmente vive a través de los comentarios y suscripciones.
domingo, 9 de diciembre de 2012
lunes, 20 de agosto de 2012
Marea roja - Un sueño del caminante
Disculpad mi falta de actividad últimamente, es que pese a estar de vacaciones sigo sin tener un minuto. De modo que al noche y el sueño es de lo poco que me queda. Curioso ¿no?
Especialmente curioso después del sueño que tuve anoche y os he transcrito por aqui, disfrutarlo, leerlo (si podéis y como siempre me interesa vuestra opinión
Especialmente curioso después del sueño que tuve anoche y os he transcrito por aqui, disfrutarlo, leerlo (si podéis y como siempre me interesa vuestra opinión
Estoy flotando en una piscina inmensa llena de un líquido
rojo. Parecido a lo que podría ser agua con arcilla, similar a la sangre pero
sin sus olores ni su tacto.
Me encuentro haciendo el muerto, tumbado bocarriba mirando
al cielo. Un cielo rojo y anaranjado sacado de la más vivida ensoñación. Mis
manos están estiradas al igual que mis pies, de tal forma que da la impresión
que estoy crucificado.
La única diferencia con la crucifixión es que yo tengo
libertad de movimiento para poder impulsarme con mis brazos como de hecho hago.
Me impulso suavemente, sin apenas esfuerzo dejando que el líquido rojizo fluya
entre mis manos y acaricie mi cuerpo desnudo.
Cuerpo que no es el que suelo ver, de un color rojo
profundamente oscuro es salpicado por el fluido que lo rodea y se vuelve más
oscuro en cada impulso; en cada salpicón y humedecimiento de la piel.
No sé cuánto tiempo transcurre hasta que simplemente me canso
de impulsarme, siempre mirando hacia arriba. De forma que vuelvo a hacer el
muerto, disfrutando de la sensación de relax que produce en mi.
Al rato de disfrute y distensión muscular y mental. Algo
aferra mi mano derecha. Dándole un fuerte tirón hacia abajo.
Tampoco sé cómo, pero llego a la conclusión de que esa mano
negra no es otra cosa que la locura. Locura que me sumerge en el agua, al
principio sin introducir mi cabeza.
Hasta que encuentro placentera también esta postura pese a
lo violenta y tensa que hay en ella. Y de repente, el estirón de la mano
aumenta de intensidad. De forma que sumergida queda de igual forma que el resto
de mi cuerpo mi cabeza.
Pese a todo sigo encontrando relajante y gozosa esta
situación, permitiendo que esa mano negra me empuje hacia abajo sin que yo
muestre ninguna resistencia. Aunque por mucho que tire no llega a hundirme
completamente, es como si me quisiese flotando a un centímetro de la
superficie, igual que un juguete de plástico que se encuentra a la deriva
pasivamente o como una bolsa del mismo material.
De repente mi mente vuelve a reaccionar, y me percató de la
autentica situación. Del peligro que corro, así que rápidamente intento salir
de mi sesión de buceo involuntaria con mi brazo izquierdo por ser el único que
puedo mover. El cual se había vuelto de un blanco brillante en contraste con el
derecho que ahora era una luz negra.
Sigo sin ser capaz de asimilar como logré emerger a la
superficie. La cosa es que cuando lo hice jadeante y echando el agua rojiza por
la boca mi primer impulso es nadar hacia la orilla. Impulso que más tarde es
corroborado por el despertar de mis sentidos. Quienes me gritan que ese olor,
sabor y tacto es el de la sangre.
Otra falta de pensamiento lógico se encuentra a como llegue
a subir al bordillo de la piscina y lo que vi una vez me encarame y me senté en
él. Mi cuerpo empapado de sangre e incluso pegajoso no tenía fuerzas para salir
corriendo, ni si quiera para girar la cabeza y apartar la vista de lo que ella
captaba. Incluso me costó darme cuenta de que mis brazos volvían a tener el
mismo color que el resto del cuerpo.
Ante mi se encontraban dos copias exactas de mi mismo, desprovistas
de pelo alguno. Una completamente negra salvo sus ojos y sus afilados dientes
(mejor dicho fauces) del más brillante de los blancos. Mientras que la otra era
su antítesis, completamente blanca y con ojos y fauces de un negro casi
luminoso.
Ambas se encontraban peleando y nadando en la piscina. Hasta
que se abrazaron mutuamente en el centro exacto de ella. Y se mantienen en el
aire durante unos cinco segundos. Durante los cuales la figura negra aprovecha
para morder el hombro derecho de su enemiga.
Cuando vuelven a surgir en medio de chapoteos violentos y
furiosos en agua de la piscina de
sangre. Pude ver como ambas figuras se estaban devorando mutuamente. Dejando
ver su musculatura palpitante por medio de zonas sin piel, que había sido
arrancada de su correspondiente lugar.
Apenas unos breves instantes duro esta imagen, por que
volvieron a sumergirse mientras hundían sus bocas en el cuerpo de sus enemigos
desgarrando carne. Pasaron unos minutos, no sé si muchos o pocos, hasta que me
percate de que ambos estaban muertos y no respirarían más.
Un parpadeo después y lo único que se, es que yo había
vuelto a hacer el muerto en la piscina. Esta vez, mientras trozos de carne,
torax y huesos salían a la superficie a mi paso.
Mientras mi única certeza es que yo estaba vivo y respirando, además de disfrutando
Mientras mi única certeza es que yo estaba vivo y respirando, además de disfrutando
martes, 17 de julio de 2012
Madness: Cap 4)
Con la ropa alborotada y mientras se intentaba colocar la
corbata apareció su jefe en su cubículo, tirándo en un descuido la foto del
hijo de Gabriel. Le dijo:
-García, tenemos… tenemos que hablar de lo sucedido. Puede
tomarse el día libre hoy; venga conmigo a la cafetería.
Normalmente Gabriel habría aceptado un día libre sin dudarlo.
Pero en su estado esperó unos segundos para responder; segundos que no fueron
contados por ser interminables para su superior y brevísimos para él.
-Do … Don Paaaco –hizo un gallo en las “a”´s prolongadas-
nada .. nada me gustaría más pero –se repaso los labios con la lengua- hoy
tengo mucho trabajo y no se s…
- Le he dicho que se venga conmigo –reiteró su jefe
levantando un poco la voz y volviendo a ser quien era por un momento-.
-Lo ..lo que usted quiera señor mío.
De modo que Don Paco y Gabriel abandonaron la cuarta planta
y se dirigieron solos a la cafetería en el ascensor. Lugar donde obviamente García
bajo la cabeza y el cerdo trajeado sudoroso que tenía cerca se limito a guardar
silencio y rebuscar en su bolsillo del pantalón.
Cuando llegaron a la segunda planta (cafetería y comedor) el
jefe jefazo saco del bolsillo las llaves de la cafetería y la abrió para ellos
dos. Dio un pequeño empujón a la puerta y esta se abrió estremecida dejando
entre ver una pequeña cafetería a oscuras.
El hombre con mayor cargo no tardo ni cinco segundos en
encender las luces de la estancia para iluminar diez mesas rectangulares
metálicas con sus respectivas doce sillas por cabeza 1. Agrupadas en dos líneas
de cinco mesas sobre las baldosas.
La cafetería era uno de los lugares más apreciados por los
trabajadores. Solía ser acogedora, con olor a cafeína y cierto barullo
agradable… solía.
A esa hora de la mañana, era sombría, fría y gris. Como un
día ventoso que respirase ira y soledad entre las paredes desnudas. Lo que
obviamente no ayudo a que Gabriel se calmase y a qué su jefe se le pasara el
enfado.
Cuando el segundo prácticamente arrancó dos sillas de la
mesa más alejada a la puerta y volvió sobre sus pasos dos veces, la primera
para cerrar la puerta y la segunda para sentarse. A continuación le ordeno a su
subordinado que sirviera dos cafés bien cargados. En cuento lo hizo, García no
tardó en decir:
-Se.. se … se .. se, se, se .. señor .. –una breve pausa
para coger aire- tengo un trato que ofrecerle.
- Sorpréndeme gusano chupatintas- bufó su jefe sin ocultar
su amor hacia él-.
-Me imagino … que usted –breve pausa para aflojarse la
corbata sudorosa- sabe mi situación económica.
-Sabrá –le corrigió su jefe, para luego seguir-. Pues no, ni
me se tus miserias ni me importan realmente, pero me imagino que me las vas a
contar –añadió con la misma mueca de quien chupa un limón-.
-Pues .. –se armo de valor en este punto, tanto que se
levanto de la mesa 2- ¿sabes 3? No sé si te importa. ¡ Pero a quien si le
importa que hagas con otras mujeres es a tú esposa ¡–dijo García levantando la
voz-
-Chiist ¿Quieres que nos despidan a los dos? –Dijo mientras
acercaba su cara de jefe jefazo a la del oficinista- Siéntate tranquilamente y
hablaremos.
Después de un par de miradas tensas demasiado tensas para
describirlas en este relato. Paco consiguió que el señor García se sentra
frente a él en la cafetería.
Ambos removieron el café con la cucharilla y lo bebieron.
Don Paco con monotonía y lentitud. Y García el oficinista lo hizo lentamente y
con una sonrisa en la boca como si disfrutará de esa sensación de poder.
Cuando dejó la taza en la mesa de un golpe, dijo:
-Bueno te lo resumiré – se limpio la boca con la manga de su
camisa- necesito dinero para seguir viviendo y criar a mi hijo.
Paco tardó unos segundos en procesar la información. Era la
primera vez que alguien se atrevía a pedirle un aumento en todo su tiempo en la
empresa. Y menos aún se lo habían pedido en esas circunstancias en las que le
era imposible negarlo. De modo que intentó dar un rodeo a continuación de cerca
de minuto y medio en tenso silencio :
-Bueno …. Gabriel, usted sabe … como está la empresa
actualmente –breve pausa para ahora ser él el que se aflojará la corbata- Si .. Dispusiéramos de un par de meses ..
tres como mucho .. podríamos disponer de efectivo suficiente para …
En ese momento de duda lo interrumpió su empleado, diciendo:
-Me repito –otro breve parón para formar una sonrisa
siniestra- creo que su mujer tardaría menos de tres meses en pedir el divorcio.
Después de ver como por primera vez en su vida Gabriel perdía
los estribos, no se achantaba ni se dejaba intimidar. El jefe jefazo se arranco
la corbata de su cuello y la dejo en la mesa diciendo simplemente:
-Jooder … -paro un momento para inconscientemente echarse la
mano al bolsillo - ¿cuánto necesitas?
- Un aumento, no quiero que me des un dinero y se acabe.
–Esbozó una sonrisa maquiavélica de autoconfianza- Creo que amos a ser amigos
durante mucho tiempo.
La única respuesta de su jefe fue dejar una tarjeta de
visita blanca con letras negras y perfectamente recortada en la mesa. Con tanta
fuerza que más bien pareció que en lugar de un recorte de cartulina impreso
dejaba una pila de libros.
Después de dejar el rectángulo de cartulina blanca estampado
en la mesa. Simplemente se fue dejando a solas a García y su número de
teléfono.
1 Bueno, en lugar de cabeza, por cada cuatro patas
2 Me imagino que por fin habría explotado
3 Hizo un hincapié residual de su levantamiento en ese
“sabes”lunes, 9 de julio de 2012
Madness: Cap 3)
A estas horas (serán sobre las ocho
de la tarde) no es que se encuentre mucha gente presente en contraste con el
mar de piernas, pantalones, faldas y ruedas que esto es por las mañanas. Los
edificios que arrojaban luz desde sus oficinas alojadas en rascacielos altos
como gigantes, aún seguían iluminando las calles con unos pocos cubículos
iluminados.
Al igual que cuando empezamos el relato estos transmitían
tonos anaranjados, que al juntarse con la oscuridad de la noche y la polución
ajetreada tornaban la luz densa y pesada. Solo interrumpida ocasionalmente por
la sombra de uno o dos oficinistas trabajando que era proyectada como si fuera
la señal de aviso a un superhéroe que nunca llega.
En el fondo había dado este paseo para encontrarme con una
persona en especial. A quien, como no, cambiare el nombre y usaremos uno de sus
nombres clave: Rata.
Rata era y creo que sigue siendo un informador, lo más
curioso de él era como sabía camuflarse y lo bien que cuidaba su atrezzo. Lo
conocí en un festival de música hippie hace un par de años donde él fingía
tener un puesto de venta de camisetas (luego descubrí que el puesto en realidad
era de un amigo suyo). Desde ese evento había llovido mucho, las guitarras y la
psicodelia se habían apagado pero él seguía fingiendo a rajatabla con su
vestuario. No importaba punk, gotico, heavy, policía, profesor, médico o
cualquier otro miembro de la fauna urbana era representable o asiduo en sus
papeles.
Ahora distaba mucho del joven greñudo con una camiseta
estilo Tye-Dye con aureolas hippie. Se encontraba apoyado en una pared junto a
la puerta principal de un rascacielos de forma que queda dentro de la propia entrada
en forma de u.
Pegado al lateral se estaba, tenía en su mano derecha un
cigarrillo encendido que en cada calada iluminaba su rostro volviéndolo rojo
durante milésimas de segundo. Poseía un rostro de facciones bastantes normales,
ojos oscuros aunque ahora clareados por lentillas, pelo negro que había sido
repeinado para atrás y engominado, piel blanca y ningún rasgo notable, ni
heridas ni partes desproporcionadas. Todo ello coronado en esta ocasión por
unas gafas de cristales cuadrados que se enganchaban a cada oreja una de sus
patillas.
Si bajamos por el cuello podemos ver una corbata rojo carmesí
elegantemente anudada que hacia contraste con su camisa blanca y su chaqueta
americana negra. En la mano izquierda tenía un maletín de cuero relleno de
folios que el mismo rata se había encargado de fotocopiar y escribir en ellos
para mejorar su disfraz.
Viendo incluso lo logradísima que era la raya de en medio de
sus pantalones también negros podía incluso imaginar, que era capaz hasta de
usar la misma colonia barata de oficinista de cada una de las torres del
distrito financiero. Y lo que es peor, lograr que su cuerpo sudase igual que el
del resto de los mortales hacinados en cubículos para infiltrarse incluso con
el olor.
Para terminar de poner la guinda tenía unos zapatos
italianos lo suficientemente lustrosos como para parecer de alguien con dinero.
Pero que había estado dando un paseo hasta la cafetería de su trabajo para
poder desangrar la máquina de cafés y de paso aprovechar para aliviar la
bragueta en el baño al camino de vuelta.
Ahora su postura era con la espalda levemente inclinada de
forma que el tronco estaba levemente inclinado mientras las piernas estaban
pegadas, casi abrazadas a la pared. Sus ojos que ahora eran verdes estaban
observando unas manchas rojas sobre la acera que estaban secándose.
Esas manchas que miraba Rata eran sangre, de esta mañana
para ser exactos. Un suicidio, todo empezó igual que el resto de las mañanas de
los habitantes de la ciudad. A fin de cuentas os contare la historia de otro
más, uno de tantos. Puede que sea uno de los que vimos esta mañana partiendo al
trabajo bajo luces anaranjadas.
Según los telediarios y el carnet encontrado en su cartera,
se llamaba Gabriel García. El también era una de esas personas que pasaban
desapercibidas en una multitud. Pero a diferencia de las almas discretas, la
suya era bizarra, el típico ser que intenta ser el centro de atención sin
conseguirlo. Como consecuencia solía ensimismarse y volverse más introvertido
aún.
Quitando eso, por los demás era alguien muy normal, tímido,
pero normal. Gabriel era un treintañero con ex mujer e hijo de tres añitos. Tenía
la costumbre de desayunar solo en casa un café, luego esperar a que su hijo
terminara y llevarlo a la guardería.
Como era de esperar en alguien como él esa costumbre no
cambio, lo que sí que cambio fue el saludo a la profesora de su hijo sustituido
hoy por un gruñido cargado de cierto desaire, pero por lo demás era un día
normal.
En cuanto llego al distrito financiero puso un disco de
metal a toda pastilla y bajo las ventanillas para que los transeúntes pudieran
oírle. Escandaloso y reteniendo una sonrisa llego hasta la puerta de su torre
de trabajo, aparco el coche y se dispuso a subir las escaleras del vestíbulo de
la empresa que lo contrató.
La decoración de dicha sala era simple y minimalista con un
cierto aire a chillout malogrado que acababa poniendo a uno de los nervios. En
las cuatro esquinas se encontraban colocadas macetas con palmeras sobre el
suelo de cristal. Las paredes otrora blancas ahora eran grises.
La distribución de los muebles también parecía haber sufrido
la misma fosilización que las paredes. Originariamente la barra pegada paralelamente
a la pared izquierda era brillante y lustrosa, de la mejor madera encontrada.
Ahora estaba plagada de manchas de cafés de la recepcionista y cubierta de
polvo e incluso alguna que otra ceniza o marca de quemadura de cigarro fumado a
escondidas por la recepcionista.
Las cuatro esquinas de la estancia contaban con cámaras de
seguridad móviles. Que vigilaban y acechaban a todo aquel que osara entrar en
su terreno e incluso a todo aquel que pisara su acera.
La seguridad de la torre era tal que incluso contaba con un segurata. Miguel, también un treinteañero pero que estaba pasando a los cuarenta. Con uniforme verde oscuro y un cinturón donde también se encontraba la porra de seguridad que dejaba ver su eminente barriga. Tenía el pelo peinado a conciencia como si hubiera intentado quitarse algún bicho que hubiera anidado en sus cabellos. Igual que él había anidado al lado del ascensor con su taza de café en la mano. Cualquiera que lo viera podría estar seguro de que nada del mundo, ni un incendio que amenazara con devorarlo lo haría moverse ahí.
De todos modos Gabriel prosiguió su camino sin inmutarse. No le importo la maraña de pantalones con raya en medio y faldas que se movían en un mar de frenético nerviosismo por el incipiente retraso. Todos los días pasaba lo mismo, y era raro el trabajador que no se quedaba hasta tarde como castigo de la empresa por la tardanza a mejorar la competividad.
Es curioso como habían cambiado los conceptos, lo que según la agencia de personal iba a ser un trabajo entre absolutamente todos los trabajadores. Daba un giro radical, mientras que un oficinista cualquiera chupaba tinta, un directivo estaba tomando cañas en el bar o durmiendo plácidamente en su casa.
Después de un par de empujones logró entrar en el ascensor mientras Miguel le sonreía porra en mano con una actitud afable. De todos modos García no le devolvió el saludo, estaba demasiado ocupado pensando en sus cuentas bancarias, con la casa bajo riesgo de embargo y la luz cortada esa misma mañana.
Cuando por fin llego a su destino, la planta cuatro. Necesito de ser espabilado por Abby, su compañera de trabajo que se encontraba a dos cubículos de distancia del suyo. Ella también era una de esas faldas que se agitaban nerviosas ante la posibilidad de horas extras. De modo que se limito a sonreírle, esperar que sacara algo de conversación y ante la negativa darle una palmadita en el hombro y salir corriendo precipitadamente en dirección a su puesto de trabajo.
La seguridad de la torre era tal que incluso contaba con un segurata. Miguel, también un treinteañero pero que estaba pasando a los cuarenta. Con uniforme verde oscuro y un cinturón donde también se encontraba la porra de seguridad que dejaba ver su eminente barriga. Tenía el pelo peinado a conciencia como si hubiera intentado quitarse algún bicho que hubiera anidado en sus cabellos. Igual que él había anidado al lado del ascensor con su taza de café en la mano. Cualquiera que lo viera podría estar seguro de que nada del mundo, ni un incendio que amenazara con devorarlo lo haría moverse ahí.
De todos modos Gabriel prosiguió su camino sin inmutarse. No le importo la maraña de pantalones con raya en medio y faldas que se movían en un mar de frenético nerviosismo por el incipiente retraso. Todos los días pasaba lo mismo, y era raro el trabajador que no se quedaba hasta tarde como castigo de la empresa por la tardanza a mejorar la competividad.
Es curioso como habían cambiado los conceptos, lo que según la agencia de personal iba a ser un trabajo entre absolutamente todos los trabajadores. Daba un giro radical, mientras que un oficinista cualquiera chupaba tinta, un directivo estaba tomando cañas en el bar o durmiendo plácidamente en su casa.
Después de un par de empujones logró entrar en el ascensor mientras Miguel le sonreía porra en mano con una actitud afable. De todos modos García no le devolvió el saludo, estaba demasiado ocupado pensando en sus cuentas bancarias, con la casa bajo riesgo de embargo y la luz cortada esa misma mañana.
Cuando por fin llego a su destino, la planta cuatro. Necesito de ser espabilado por Abby, su compañera de trabajo que se encontraba a dos cubículos de distancia del suyo. Ella también era una de esas faldas que se agitaban nerviosas ante la posibilidad de horas extras. De modo que se limito a sonreírle, esperar que sacara algo de conversación y ante la negativa darle una palmadita en el hombro y salir corriendo precipitadamente en dirección a su puesto de trabajo.
Normalmente Gabriel habría corrido raudamente hacía su
puesto de trabajo .. pero claro eso pasaba los días normales. Hoy no lo iba a
ser. Hoy no se iba a dejar aplastar, hoy hablaría con su jefe y le pediría un
aumento.
De modo que decidido paso en línea recta por entre los
puestos de trabajo atrayendo todas las miradas de sus compañeros por el camino.
Hasta que decidido llego al pomo de la puerta de personal. Aferro el picaporte
durante unos segundos y sintió una sustancia acuosa que brotaba de sus manos;
sudor. Sudor, que hizo que se le escapara el picaporte en dos ocasiones hasta
que rojo como un tomate abrió la puerta de par después de haber decidido llamar
a la puerta.
Se encontró al jefe de personal sentado detrás de su mesa de
despacho con una de esas tablas que están hechas para ocultar algo más que las
piernas y dejan entrever los pies. El problema es que no solo se entreveían los
pies del manda más, si no también unos tacones rojos extraña y vagamente
conocidos por García junto a los pantalones y calzones del jefe bajados hasta
los tobillos.
Digamos que estaban al lado de una mujer alegre, de las que
enamoran a los hombres en un abrir y cerrar de piernas. Y la mujer se había
agachado para abrocharle la bragueta a Don Encargado de Personal ... aunque se
la estaba abrochando con la boca y sobre todo con la húmeda; la lengua.
Creo que no hace falta decir la cara que adquirió el jefe
jefazo, un insano blanco cadáver que junto a la boca que se abrió de par en par
sin articular palabra y el sudor frío que recorría su frente le daba cierto
aspecto de estar petrificado. Pese a todo la mujer bajo la mesa no se percato
de esto y siguió moviendo la cabeza de arriba abajo hasta que su amante le dio
un leve puntapié.
A lo que ella respondió:
-¿Ah? –como si intentara articular preguntas respondidas por su rostro
-¿Ah? –como si intentara articular preguntas respondidas por su rostro
Después de la línea de dialogo de la mujer que García
identifico como la hermana de su ex mujer. Él decidió intervenir con el mismo
rostro que su jefe diciendo:
-Per.. per … -fue lo único que logro articular.
Hasta que dio un golpe con la puerta y se quedo apoyado en
la pared de al lado intentado asimilar lo que acababa de ver. Su exconcuñada
era la amante de su jefe. Iba a ser una mañana muy larga, de modo que decidió
volver a su puesto de trabajo fingiendo que no había pasado nada.
Después de cinco minutos mirando el fondo de escritorio del
ordenador sin hacer absolutamente nada, se decidió a abrir un programa informático
sin pensar y ponerse a trabajar. Cinco segundos más tarde del segundo click en
el icono del escritorio apareció su jefe.
Madness: Cap 2)
Al día siguiente por
la mañana en otro barrio de la ciudad. A lo lejos, podía verse como el sol
empezaba a asomar sus cabellos dorados entre los edificios.
De modo que aportaba un color anaranjado con tonos rosados, como si de un tímido muchacho enamorado se tratase.
De modo que aportaba un color anaranjado con tonos rosados, como si de un tímido muchacho enamorado se tratase.
Era bello observar como los habitantes de la ciudad aun
dormían. Acurrucados bajo las sabanas de sus camas, los únicos que podían
encontrarse en la calle eran los madrugadores y los trabajadores. Estos
últimos, no tenían tiempo necesario para admirar la salida del sol. Prueba de
ello eran sus apresurados andares y sus bocas, más de una con una tostada a
medio mordisquear dentro. También podíamos ver a un grupo de oficinistas en el
que un rezagado llevaba los cordones desatados.
De todos modos dentro del grupo de trabajadores también
podríamos incluir a los estudiantes. Esos seres jóvenes que van cargados y
cargadas con mochilas a la espalda. La mayoría se dirigían a sus institutos,
colegios y universidades andando en grupos. Hablando por el camino e intentando
enfrentarse a una mañana de estudio y esfuerzo.
La iluminación corría a cargo del ayuntamiento, que había
decido no apagar las farolas. Y las luces anaranjadas proyectadas por estas
unidas con el sol, hacían de las calles un rio cálido y dorado de luz y
colorido.
Toda esta escena, cotidiana y que podemos ver en nuestras
ciudades todas las mañanas, parecía de cuento. Sacada de una película y
combinada con la iluminación daba la impresión de que los técnicos de efectos
especiales habían sido contratados y elegidos por una escritora de novelas de
amor.
Por el medio de la carretera nos encontramos con una moto,
pasando por encima de las líneas discontinuas blancas coloreadas con tonos anaranjados
por la luz del ambiente. La pintura roja de la moto se fundía con el naranja
para crear algo parecido a una especie de brillante esmalte.
Una mujer ataviada con un traje de motorista negro cabalgaba
sobre ella. Se notaba que se dejaba llevar por el ambiente de la ciudad,
despreocupada y recién levantada. Porque a través del casco se adivinaba el
reflejo de una sonrisa a la que no importo salpicar a un grupo de estudiantes
con agua de un charco mientras gritaba que le perdonasen.
Aunque, claro está no todos los muchachos la perdonaron. De
los tres uno siguió sumido en sus pensamientos.
Y es que era una figura cabizbaja, vestida de negro.
Ataviada con una cazadora mitad cuero, mitad plástico; muñequeras también de cuero
abarrotadas de tachuelas y pinchos. Ese día el muchacho que en realidad era la
figura, había elegido una camiseta negra y lisa para llevar. Como pantalones, unos simples vaqueros y
zapatos del mismo color del cuero negro y sus pensamientos.
En contraste con la motorista, el chico ataviado de negro le
gruño y paró unos momentos para acordarse de la familia de la muchacha y luego
seguir farfullando con sus amigos.
Toda la reacción del muchacho en realidad se debía al miedo,
miedo a la simple motocicleta, algo que le inculcaron sus padres con bofetadas
cuando era pequeño. Probablemente sus padres también le inculcaron la falacia
de que los golpes y los insultos son necesarios en la crianza de un niño.
Y es que para estas personas el miedo es necesario. Miedo a
todo. Miedo a las pistolas y el resto de armas, miedo al fuego, miedo a
ahogarse en el agua, miedo a cruzar la calle, miedo a los animales. Miedo a los
humanos, miedo a lo que desconocen, miedo a que lo que conocen se vuelva
desconocido, miedo a la vida, miedo al miedo…
Probablemente os preguntéis ¿Por qué tenemos tanto miedo?
Pues bien, es que a ellos les interesa que tengamos miedo.
Interesa que tememos a los ladrones para comprar alarmas antirrobo, para
comprar armas. Interesa que tengamos miedo al agua para que compremos estúpido
flotadores innecesarios para adultos.
Miedo al profesor para que estudiemos. Miedo a nuestros
padres para que obedezcamos. Miedo a nuestro jefe para que no rechistemos si
nos aumenta la jornada o si decide no pagarnos.
Miedo a dejar de cobrar y no poder pagar nuestras deudas.
Miedo a no poder pagar la hipoteca. Miedo al desahucio. Miedo a vivir en la
calle. Miedo al frio, a la furia de los elementos. Miedo a los mendigos. Miedo
al diferente. Miedo al dolor. Y por último, miedo a la muerte
El miedo no solo es usado para que compremos y consumamos.
También se usa para que estemos callados, no respondamos a lo que sabemos que
esta. En definitiva para que nos aten las manos con un candado y tiren la llave
al mar.
El miedo, el terror y el pánico son todos ellos expresiones
de odio y de egoísmo. El miedo es egoísta, significa intentar salvarse a si
mismo cueste lo que cueste. Aun así cierto miedo en la vida es necesario, de
hecho existe para seguir existiendo.
El problema es que “los otros” han manipulado este
sentimiento de supervivencia. Porque seamos sinceros:
No estamos en la era de las cavernas:
¿de verdad es necesario temer a los animales? Si tenemos pararrayos es innecesario asustarse de las tormentas. Y si somos justos y buena gente es una idiotez temer al resto de la humanidad.
No estamos en la era de las cavernas:
¿de verdad es necesario temer a los animales? Si tenemos pararrayos es innecesario asustarse de las tormentas. Y si somos justos y buena gente es una idiotez temer al resto de la humanidad.
Aunque claro esta línea de acción es obviada, y se obvia por
unos intereses que han generado “los otros”.
Es normal que te preguntes que o quienes son “los otros”
aunque es un concepto abstracto, si pones de tu parte creo que podré explicarte
relativamente bien su significado.
Me imagino que habrás oído hablar de las teorías de la
conspiración, alienígenas, sectores poderosos de la sociedad, gobiernos,
masones y un grande etcétera se unen para bailar al son de mentes
calenturientas. Obviamente se sabe que el 99% de las conspiraciones son simples
alucinaciones, tomaduras de pelo, estafas, desvaríos os similares.
Lo qué nos deja con un mísero y paupérrimo 1% que no puede
ser desmentido o no se quiere que se desmienta. Me imagino que sabrás que lo
que yo defiendo a mí entender esta firmemente incluido dentro de la segunda
categoría.
Como ya te he comentado antes “los otros” es un concepto
genérico y abstracto. Vivimos en una sociedad donde anuncios sedientos de
sangre nos bombardean diariamente. Diciéndonos que tenemos hambre, que nuestra
ropa es horrible, que estamos gordos, nos hablan también de lo peligroso que es
el mundo y lo necesario que es una alarma antirrobos; nos dicen a quien tenemos
que votar, donde vivir y cuando hacerlo.
En realidad visto de este modo no parece tan raro que nos
manipulen pero el problema no solo se queda en nuestros hábitos de consumo.
Porque absolutamente todo tiene fecha de caducidad, nuestra comida esta
envasada al vacio, con colorantes y aditivos legales de dudosa fiabilidad.
Y estas fechas de caducidad se esconden y propagan a todos
los productos desde el siglo XX. Todo empezó con las bombillas y una asociación
de fabricantes llamada Phoebus, obviamente creado por “los otros”. Que decidió
limitar la duración de sus bombillas a mil horas. Así el consumo actual, el
“comprar, tirar, comprar” se prolonga hasta la saciedad. Esta práctica luego se
extendió a otros productos como las medias de nylon, e incluso se planteo como
obligatoria en los Estados unidos. Actualmente todo, desde tu ropa hasta tu
impresora tiene fecha de caducidad.
La ropa con la que te vistes, si es de fibras vegetales lo
más normal es que oculte maltrato a los trabajadores que cultivan las plantas y
al propio medioambiente. Si es de plástico esconde un bonito mundo enfermo y
contaminado por el petróleo, mientras que si es de piel detrás de ella está la
muerte de animales por su pelaje.
A esta pincelada de acciones de “los otros” se le acumulan
otras.
Como el estado de las cárceles. Cárceles donde presos son
recluidos en muchos casos, hacinados y apretados como si fueran seres no vivos.
Respirando un aire viciado por el sudor. Sudando por el constante contacto de
sus cuerpos. Mal alimentados y débiles, con mala higiene con rostros
blanquecinos y demacrados que dejan adivinar la falta de luz solar.
En las residencias de ancianos se encuentran sabios a los
que nadie quiere escuchar por sus arrugas. Personas que han tenido que aguantar
guerras y hambre. Gente en mal estado de salud a la que se empastilla para que
se callen. Encerrados en casas y celdas ajenas
por su propia familia para poder olvidarse de ellos. Casas ajenas donde
acumulan polvo y son tratados como muebles, para que luego nos preguntemos.
¿Por qué es tan arisco? ¿Por qué no quiere cuidar a mis niños mientras me voy
de copas?
Si seguimos el hilo nos encontramos con las drogas y el
alcohol. Las personas que lo reniegan son calificados y calificadas como
imbéciles abstemios. Y los que sufren d dependencia son abandonados por la
sociedad cuando más ayuda necesitan. Luego, en el otro extremo estas personas
usan su enfermedad como excusa para chantajear a las familias. Quienes en lugar
de ayudarlos realmente ceden o les insultan y gritan.
Cada mañana miles de trabajadores se dirigen a romper sus
riñones a palos mientras que se transforman en modernos esclavos de un mal
salario. Cada mañana las jornadas laborales aumentan y el tiempo para la vida
en sí misma disminuye.
Cada día miles de bombas cercan países del tercer mundo pero
para no culpar a los políticos y en parte porque no nos pueden dar miedo. Son
obviadas por la prensa
El problema es que todos y nadie son los otros. No son una
institución en si, no son un partido político ni una religión; pero donde hay
poder se infiltran. Nadie esta a salvo de ser de los que les ayudan (a partir
de ahora “durmientes”). Y solo muy poca gente se puede llamar “despierta” (los
que no colaboran con “los otros”). Porque están en todo, ellos saben cuando
usas tu tarjeta de crédito, en qué momento y en qué lugar te hiciste tu email,
leen tus correos, saben dónde vives y donde no, te acompañan en la cesta de la
compra, en el trabajo, en la calle, en la declaración de la renta…
Podría enumerar una lista inacabable del resto de acciones
de “los otros”, pero de todos modos creo que puedes imaginarte que también
están detrás del cambio climático y el resto de “artistas” de este circo.
De todos modos espero que no te importe que me haya tomado
la libertad de dar un paseo por la ciudad mientras enumeraba una pequeña lista
de los actos de “los otros”. Sin darme cuenta hemos acabado en el distrito
financiero de la urbe.
Mil "peldones"
Bueno ya sabréis (o imaginareis) lo disimulo que estoy.
Guitarra, clases de inglés y ONG
¡ Estoy que no paro !
Pero tranquilxs por que sigo escribiendo, mucho menos; muchísimo menos si se me permite. Se podría decir que escribo dosificando los tecleos con cuenta gotas, no tengo tiempo. Esa es la pura verdad
(¿quien diría que ya estoy de vacaciones?)
Pero no os preocupéis que tengo unas decenas de paginas de Word para vosotrxs ^^
Así que empiezo a subiros más capítulos de esa pasta sanguinolenta y asquerosa aderezada con paranoias excitantes que es Madness.
Recordar, agitar antes de usar si queréis que estalle como un refresco de cola
Guitarra, clases de inglés y ONG
¡ Estoy que no paro !
Pero tranquilxs por que sigo escribiendo, mucho menos; muchísimo menos si se me permite. Se podría decir que escribo dosificando los tecleos con cuenta gotas, no tengo tiempo. Esa es la pura verdad
(¿quien diría que ya estoy de vacaciones?)
Pero no os preocupéis que tengo unas decenas de paginas de Word para vosotrxs ^^
Así que empiezo a subiros más capítulos de esa pasta sanguinolenta y asquerosa aderezada con paranoias excitantes que es Madness.
Recordar, agitar antes de usar si queréis que estalle como un refresco de cola
sábado, 7 de abril de 2012
Madness: Cap 1)
Por fin os puedo traer el primer capítulo propiamente dicho de madness, ya os dije que voy a optar por la calidad y la espera más que por la cantidad.
Como siempre espero que os guste y espero criticas
Aún no sé las razones que me llevan a publicar este libro,
pero bueno, es una historia que ha podido pasar en cualquier ciudad. Puede que
incluso en tu ciudad. Obviamente he cambiado los nombres de algunos personajes
y dejado otros intactos para causar confusión entre los “otros” (ya te lo
explicare después).
Como ya te he dicho antes, he cambiado los nombres. Por si
te interesa, nunca doy mi nombre de nacimiento si no es estrictamente
necesario. Y es que los nombres dan poder a la otra persona sobre ti,
mágicamente le da predominio a quien conoce el nombre.
Además quitándonos el rollo espiritual de encima en pleno
siglo XXI es muy fácil hackear y suplantar identidades solo con un nombre y
algo de tecnología. Os sorprendería saber lo indefensos que estamos. Todo desde
el correo, hasta el facebook, pasando por cualquier blog o similar es leído por
los “otros”.
Podría escribirte varias páginas sobre los “otros”, pero
ahora mismo no estoy en una situación favorable. Temo incluso que si hablo en
este momento un poco más sobre ellos, puedas empezar a tomarme como “el pirado
de los otros” o me pongas un mote aún peor como “el otro pirado”.
El tiempo se me echa encima y quiero acabar hoy este
capítulo como mínimo. De modo que
empecemos por el principio de la historia.
Todas las historias tienen un principio, de no ser así no
podrían ser historias per se y serían otra cosa muy distinta. El problema es
que casi nadie (en el fondo se podría quitar el casi) sabe donde empezó algo.
Por lo que me veo obligado a elegir un principio cualquiera para esta historia,
un hecho que en realidad es el final y el principio de otros acontecimientos…
igualmente pasemos a nuestra historia ya.
Me encontraba sentado en un banco que fue blanco cuando
salió de su fábrica. Pero ahora, gracias a la polución y la lluvia, se había
vuelto grisáceo, con lágrimas negras surcando su faz de piedra.
Tanto él, como el resto de personas en la calle y yo
estábamos sumergidos en una nube negra de gases proporcionada por los siervos
de metal y gasolina que llamamos coches. Extrañamente todos los que daban
vueltas por el centro a esas horas, eran negros. No había vehículo que no diera
la impresión de mayor querer ser un coche fúnebre. Todos escupían sus gases
como si de enfermos terminales se trataran, dejando ese asqueroso olor a gas en
la atmosfera que denotan los residuos de la ignición.
En medio de esta nube de oscuridad que ocultaba al mismísimo
astro rey, un rayo de sol intentaba abrirse hueco entre el aire contaminado. Ni
que decir tiene que a consecuencia del oscurecimiento contaminante, a las seis
de la tarde estábamos alumbrados por farolas en lugar del sol.
Yo me encontraba en el banco que antes fue blanco, cuando
eran exactamente las seis y cinco con treinta y tres centilitros de limonada en
una mano y mi portátil en el regazo. Tratando de escribir algo que mereciera la
pena. Aun así parecía que ese día no iba a tener suerte.
A como treinta metros de distancia, en línea recta siguiendo
el ángulo de noventa grados formado por mi portátil y mi pierna derecha. Se
encontraba un tumulto de gente apiñada en frente de un atril, un escenario
formado por un entablado de madera en el que se encontraba una mujer rubia, con
el pelo cortado de forma que parecía un hombre. Vestida con esmoquin gris y
corbata naranja. Con dos pendientes de bolas negras semiocultas entre su pelo
enlacado.
La mujer era Angel Krupp, en poco tiempo había logrado
ascender en las filas del partido de ultraderecha “Unión Naranja” era un claro ejemplo de igualdad si lo
pensamos bien. Las mujeres también pueden ser idiotas.
Como era imposible escribir decidí ir cogiendo fragmentos
sueltos del discurso (lo podía escuchar desde allí gracias a unos “agradables”
altavoces que habían colocado los miembros de la Unión Naranja). Solo escribía
a ratos, y me sorprende que el Word no estallara, de todos modos os pongo algo
para que veáis la tónica del discurso.
Todos los asistentes parecían zombies, uniformados, vestidos con los grises y naranjas de la Unión.
Pendientes como niños sin nada que hacer delante de la televisión. Cuando empecé
a escribir habían acabado de proyectar un par de imágenes del fundador del
partidor:
-
[…] y en estos momentos de la historia, es
necesario un nuevo líder. Alguien que nos guie en la batalla contra los
camaradas chinos y cubanos, contra los desviados y los que nos quitan el
trabajo.
(en este punto el público se emociono y se oyeron vítores)
[…] y esa nueva líder esta aquí y ahora, delante de vosotros compañeros, hablándoos.
(en este punto el público se emociono y se oyeron vítores)
[…] y esa nueva líder esta aquí y ahora, delante de vosotros compañeros, hablándoos.
(Aquí varios miembros del partido que la
apoyaban, se frotaron las manos, se relamieron un labio bigotudo o no
reprimieron una sonrisilla de oreja a oreja)
[…] Yo acuso al gobierno de negligencia
general, al no permitir el uso de armas atómicas. Nuestra gloriosa Armada
Invencible hará huir en desbandada a los sacatripas de nuestros enemigos. ¡¡
Somos el cambio que el país necesita, no solo el país, el mundo entero !!
(si lo de antes eran vítores ahora Krupp
había desatado las más intrínsecas apasiones de su público)
-Otra cuestión…
(breve parón hasta que los asistentes se callaran mientras se repasaba los labios cubiertos de maquillaje)
(breve parón hasta que los asistentes se callaran mientras se repasaba los labios cubiertos de maquillaje)
-… otra cuestión, compañeros, es el
problema negro. (Retrocedió unos pasos y junto las manos delante del abdomen,
entrelazando los dedos, para luego decir):
-Y
que conste que yo me considero amiga de tooodos los negritos, (a partir de este
punto adoptó un tono trágico).
-Cuando
yo tenía catorce años, mi criado negro murió atropellado por el camión de la
lavandería. Y aún recuerdo con dolor como lloro desconsolado durante días y
noches mi corazón de ciudadano.
(En este momento desecho el tono lastimero,
para cambiarlo por uno más agresivo y decir):
-Sin embargo, todos
sabemos que hay otros negro ¡negros malos¡ ¡Y todos sabemos también cual es la
respuesta que se merecen, mientras nos quede en nuestros bidones una sola gota
de maldita gasolina ¡ […]
Después de estas líneas creo que ya os
podéis hacer una idea de lo que es “la Unión Naranja”, un grupo de extrema
derecha que se está haciendo popular en la Ciudad. Solo en la reunión de hoy,
sin contar a los propios miembros, se contaban mil personas presenciales. Luego
faltaría contar el número de personas que los seguía por internet y webcam.
Pese a todo ningún tipo de comunicación escapa a los “otros”.
Siempre que oigo alguno de los lemas de la
Union Naranja, me entra un extraño dolor de estomago, así que te puedes
imaginar fácilmente lo que me pasa a continuación de estar como media hora transcribiendo una de sus cantinelas
habituales.
No podía aguantar más, de modo que guarde
mi portátil en su funda negra. A buen recaudo bajo su cremallera y una pegatina
amarilla y negra contra las centrales nucleares. Me sacudí un poco los
pantalones quitando un polvo imaginario. Y me puse la capucha de mi cazadora de
cuero negra para irme presto a casa.
La ciudad se mostraba extrañamente triste.
Rodeada de un aura melancólica y enfermiza, como si se quejara con su silencio.
No le culpo, debería estar muy enferma por la cantidad de coches que circulan
por sus arterias y calles contaminándolas. La cantidad de residuos que sus
habitantes arrojaban sobre su piel y sus calles.
Otra razón para la depresión y rodear el
propio cuello con una corbata de cuerda es la falta de solidaridad de sus
habitantes, siempre pisoteando a los demás por su camino.
La urbe estaba cansada esa noche, puede que
fuera por eso por lo que no se cuidaba de ocultar sus edificios manchados de
gris y negro de polución. Ni en meter debajo de un coche a los animalillos
muertos bajo la acera.
Incluso las farolas y las luces de los
comercios estaban decaídas y con pocas ganas de iluminar las aceras.
Lógicamente todo esto es obra de los
“otros”, esos seres irritantes que se esconden detrás de cada atrocidad del ser
humano. Dentro de poco te contare algo
más sobre ellos y ellas. Pero paciencia si me expongo demasiado, esa
información no llegara y puede que incluso dejes de leerme por considerarme un
paranoico (cosa que puede que sea cierta).
Era frustrante e incomodo el estado de la
metrópoli, degradada y vejada, contaminada y ensuciada, ennegrecida y ahumada;
abandonada.
Podía incluso oír como se desplegaban las
cámaras de seguridad a mis espaldas. Es curioso como lo que empezó siendo la
mejor arma defensiva de los pequeños comercios se haya convertido en la mayor arma para
acojonar 1 a los manifestantes.
Estas cámaras de desplegaban y despliegan
sigilosamente, casi sin dejar notar sus engranajes. Y se dedican a observar
desde las alturas de los edificios. Grabando todo, desde el beso furtivo de la
pareja hasta a la prostituta haciendo su trabajo en un callejón mal iluminado.
Curiosamente coincidieron estos
pensamientos con mi paseo y decidieron que me acordara de la sucursal del banco
enfrente de la que estaba. Hace una semana un tipo se reventó la cabeza delante
de la puerta del banco.
La cámara grabo el impacto de la bala, todo,
desde el primer instante. Como el video se paso por varias televisiones se pudo
ver el destello plateado de la bala a menos de una uña de la sien. También era
visible el rostro sudoroso y agitado del suicida que la empuñaba, empañado por
el sudor y con el pelo alborotado y mojado por la misma sustancia que recorría
su cara.
Como la grabación era a cachos, esta
primera imagen se eternizo, para justo después ver como el hombre esparcía su mente
(en el sentido más literal) por toda la sala.
Trozos de masa espongiforme se pegaban a
las paredes, abrigos y cuerpos de los diez clientes del banco que estaban allí.
No se salvo nadie de quedar bañado en materia gris, ni la señora con su
carísimo abrigo de visón heredado de su abuela ni el niño pequeño que
acompañaba a su madre.
Todos tenían algo del cerebro de aquel
hombre, enredado en el pelo, adherido a la ropa o incluso dentro de la
camiseta.
El espectáculo era dantesco, con el antiguo
blanco de las paredes actuando ahora de rojo sangre, las personas en el banco
gritando y chillando mientras que se medio escurrían con la sangre pegajosa. Y
en el centro de la sala. Un hombre, inmigrante de 30 años, desplomado y muerto. Creando una fuente de sangre.
El hombre en cuestión era Hammeb pero ya os
contare la historia en otro momento, al igual que os hablare de “los otros”.
Fue sumergido en estos pensamientos cuando
llegue a mi casa y en un acto mecánico, casi reflejo abrí la puerta con cierta
parsimonia para encontrarme con la misma estampa de siempre. La casa
ligeramente desordenada pero con una extraña alegría que se hacía soberana del
lugar.
Por si te lo preguntabas o por si te los
esperabas. Vivo en una casa bastante normal, por razones “privadas” suelo
cambiar de casa a menudo. Y nunca he pagado hipoteca ni alquiler.
Soy un okupa y por si te interesa mi
nombre, no te lo puedo dar por las razones que he citado arriba. Disfruta de un nickname si lo deseas :
010001.
1: Hablando mal y pronto
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